Lunes, 29 de agosto de 2016Actualizado a las 09:53

El “bono” que Santander paga a diez rectores de universidades en Chile

por 29 mayo 2014

Tres veces al año se reúne el directorio de Universia, del que forman parte diez rectores de universidades chilenas. Cada vez que ellos asisten, emiten una boleta por $500 mil pesos, la que es pagada con los dineros del Banco Santander, del que depende Universia. La participación de los rectores es sólo una hebra de la extensa madeja que constituye la relación entre el banco español y las universidades en Chile. La implementación de la Tarjeta Universitaria Inteligente (TUI) es otro de los aspectos que grafica la misma relación.

Utilizar la biblioteca, ingresar a dependencias y salas, entrar y salir de los estacionamientos o adquirir vales de casino, son algunos de los servicios a los que los estudiantes pueden acceder con la TUI. La misma credencial que actúa como una suerte de “Rut” universitario, y que es clave para que los alumnos se identifiquen como tales.

Todas y cada una de las cientos de miles de credenciales que hoy circulan por el país, tienen el mismo logo y firma, la del Banco Santander. A través de un convenio especial, que contempla la entrega de las bases de datos de estudiantes, funcionarios y académicos a la entidad financiera de capitales españoles, 38 instituciones funcionan exclusivamente con la TUI del Santander.

Algunos rectores plantean que ellos pusieron reparos, otros indican que están en proceso de revisión del contrato con el banco, mientras que los estudiantes argumentan que este es otro símbolo más de cómo el mercado ha logrado colarse en el sistema educativo.

Las fichas que el Banco Santander ha apostado en el mundo universitario son amplias. Con una activa presencia a nivel internacional, el banco español también mantiene una fuerte influencia en Chile, ya que además de la TUI entrega becas y generosas donaciones. También está detrás de la mayor red de cooperación universitaria a nivel iberoamericano y mundial: Universia. En Chile 56 universidades y 4 Centros de Formación Técnica forman parte de esta red.

Según fuentes internas, “Universia es parte de la Responsabilidad Social Empresarial de Santander. Entrega apoyo a las universidades socias. Antes instalaban salas de computación con conexión a internet, las 'salas Universia'. El objetivo de Universia es captar a los futuros profesionales, que son los futuros clientes del banco. Además les entregan la TUI, que es la credencial de la universidad pero también funciona como Red Compra, y después vienen las ofertas de cuentas corrientes cuando están a punto de egresar, las cuentas jóvenes”.

Según la memoria del 2013, Universia cuenta con un Consejo de Administración Universitaria, al que pertenecen diez rectores, entre los que se cuentan Ignacio Sánchez, de la PUC; Andrés Benítez, de la Adolfo Ibáñez; Fernando Montes, de la Alberto Hurtado; Sergio Lavanchy, de la U. de Concepción; Orlando Poblete, de Los Andes –hoy el rector es José Antonio Guzmán–; Juan Manuel Zolezzi, de la USACH; Álvaro Rojas, de la Universidad de Talca; Federico Valdés, de la Universidad del Desarrollo; José Rodríguez, de la Santa María; y el rector de la Universidad de Chile, Víctor Pérez.

El rector de la Chile, también es parte del Consejo Asesor Internacional de Universia.

Los miembros del Consejo de administración, según explican desde el banco, reciben una dieta de 500 mil pesos por cada sesión a la que asisten, las que suman unas tres al año.

Consultados sobre estos recursos y los posibles conflictos que podrían traer por provenir de un banco con gran influencia en el mundo universitario, las respuestas de los rectores beneficiados son diversas.

En el caso del líder de la USACH, Juan Manuel Zolezzi, explica que “efectivamente pagan una dieta de 500 mil pesos, menos impuestos. Uno emite una boleta”. Agregando que “si alguien quiere sacar conclusiones puede hacerlo. A mí no me complica, en lo personal tengo la conciencia completamente tranquila en las cosas que hago. No es complicado porque no veo que haya relación con las actividades de la Universidad, creo que Universia hace una buena actividad con el sistema”.

Sergio Lavanchy, de la Universidad de Concepción, señala que acepta el pago porque con eso sufraga gastos de viaje, pasaje y alojamiento en Santiago. En cuanto a la organización, “es una organización súper respetable, que Santander esté detrás no tiene ningún inconveniente por las labores que efectúa”, aseguran desde la casa de estudios.

Según Álvaro Rojas, de la Universidad de Talca, “Universia realiza un buen trabajo promoviendo la investigación y la movilidad estudiantil no sólo en Chile, sino en toda América Latina y España, razón por la cual integro este Consejo en cuyas sesiones participo cada vez que mi agenda me lo permite”.

El rector de la Universidad Alberto Hurtado, Fernando Montes, explica que estos recursos no los percibe él, ya que “al igual que cuando doy charlas y actividades similares, la plata que me llega en calidad de trabajo intelectual va a un fondo especial en beneficio de personas de la universidad”.

En el caso del rector de la PUC, Ignacio Sánchez, “esos recursos se entregan a Pastoral UC o a un centro de investigación”, según señalan desde el plantel. Y recalcan que “lo que ve Universia es distinto de lo que ve el Banco Santander. Son equipos distintos y temas diferentes. En el caso de la UC, también lo ven áreas diferentes. El rector participa en el consejo de Universia y el vicerrector económico y de gestión ve todo lo que implica la relación con el Banco Santander. En el caso de las becas, el banco sólo entrega los recursos y la UC determina las personas que las reciben por sus méritos académicos”.

Eso sí, el rector de la Universidad del Desarrollo, Federico Valdés La Fontaine, señala que los dineros son entregados a los rectores en forma individual. “Todas las remuneraciones de directorio, por ley, son para personas naturales, y se pagan impuestos como persona naturales”. A lo que agrega que la renta “la perciben todos los rectores que asisten”.

O casi todos, según plantea el rector de la Universidad Técnica Federico Santa María, José Rodríguez, quien asegura que “nunca he cobrado mi dieta por mi participación en Universia. No me parece adecuado”.

La misma postura es asumida por el titular de la Universidad de Chile, Víctor Pérez: “Como rector de la Universidad de Chile integro el directorio de Universia en forma ad honorem y por lo mismo sin pago alguno", señala, para luego recalcar que no ha admitido ningún pago por su participación.

Desde la Universidad de Talca y la Adolfo Ibáñez no respondieron a las consultas de El Mostrador, mientras que en la Universidad de Los Andes argumentaron que acaban de cambiar de rector hace poco, por lo que no conocen mayores detalles al respecto.

El rector de una destacada universidad privada, que también opera con la TUI y es parte de Universia, comenta que “yo no soy de los que se anda paseando en los eventos de Universia. A mí no me cuelgan credenciales en el cuello ni me saco fotos”, señala, dando cuenta de lo referenciada que está Universia en el mundo de la educación superior. De hecho, la única instancia donde se ven las caras los rectores de todas las universidades privadas y estatales, es en el encuentro anual que organiza Universia. En el campo deportivo, lo mismo. El único torneo de fútbol universitario que reúne a todas las instituciones es el organizado por la entidad controlada por el Banco Santander.

La tarjeta universitaria inteligente

La presencia del Santander en el sector universitario abre reparos. No importa si son privadas o estatales, las principales universidades del país están incluidas en el convenio del Santander que implementa la Tarjeta Universitaria Inteligente. Entre ellas se cuentan a las universidades de Chile, Católica, de Santiago, Diego Portales, de Los Andes y Adolfo Ibáñez, por nombrar sólo algunas, en total, 38 universidades chilenas. Revisa aquí el listado completo.

La Tarjeta Universitaria Inteligente (TUI), es utilizada actualmente por casi 500 mil alumnos (488.021, según datos del SIES) si tomamos en cuenta el total de matriculados el 2014 en los establecimientos que mantienen contratos con la entidad bancaria.

La TUI es multifacética, ya que también permite utilizarla en el Transantiago como tarjeta BIP! Incluso se puede optar por acceder a una cuenta vista del Santander que permite realizar depósitos y giros, tener acceso a cajeros automáticos, realizar compras a través de Red Compra y realizar todo tipo de consultas y transacciones por medio del portal financiero del banco.

A cambio, el Santander accede a una valiosa información: los datos de los alumnos, funcionarios y académicos de las universidades con las que mantiene este convenio.

El proyecto, según señalan desde el Santander, partió en España, manteniendo convenios en doce países con más de 260 universidades de América, Asia y Europa. En Chile, donde el sistema se implementó en 1999, se han emitido en total más de un millón de credenciales. El 12% han sido activadas como tarjetas de débito.

Los beneficios de la tarjeta son destacados en algunos de los planteles. El rector de la Universidad Andrés Bello, Pedro Uribe, señala que existen puntos a favor de la iniciativa. “El aporte de la tarjeta es importante, permite ejercer varias funciones, como el acceso a la biblioteca, entre otras”, dice la autoridad, aunque agrega que deberán poner especial cuidado en el resguardo de los datos de sus alumnos. “Evidentemente estoy de acuerdo con que debiera protegerse la confidencialidad de los estudiantes, así lo haremos. En general no damos autorización para que se rompa esa confidencialidad. Si esto se ha hecho, conviene revisar el convenio”, advierte.

También hay quienes subrayan que existen desventajas, como la crítica ideológica que hacen algunos estudiantes a su uso y el desmedro económico que significa para las universidades su implementación.

“Tengo un montón de problemas con la TUI, el principal es el punto ideológico, no mío, sino que de los estudiantes. Los chiquillos vienen de sectores más desfavorecidos, y tienen una postura ideológica crítica y les molesta tener una credencial del Banco Santander. Cuando hacemos entrega masiva del documento, muchos no la retiran, varios terminan reemplazándola por una tarjeta BIP! o un pase escolar, que tiene el mismo chip adentro. Y se pueden enrolar igual”, aseguran desde el Departamento de Asuntos Estudiantiles de una de las 38 instituciones que utilizan la tarjeta.

Desde la Universidad de Valparaíso, el rector Aldo Valle, quien además preside el Consorcio de Universidades Estatales, plantea que el tema se ha discutido y que existen beneficios. “En su momento se discutió, y son convenios de cooperación, y hay contraprestaciones o contribuciones del banco que se entregan en becas o en la tarjeta universitaria inteligente”, dice, aunque reconoce, como casi todos los rectores consultados, que no conoce en detalle la forma en que se implementó el convenio con el Santander.

El rector de la Universidad Diego Portales, Carlos Peña, asegura que su casa de estudios puso reparos cuando el 2011 se firmó el acuerdo. “Tuvimos objeciones respecto de ese contrato. Tomamos tres precauciones: le prohibimos al banco que hiciera contratos atados, le manifestamos también por contrato que nosotros no transferíamos las bases de datos de los estudiantes, ni tampoco le permitimos al banco que hiciera publicidad dentro de la universidad”. El punto referido a la entrega de bases de datos genera especial atención.

Datos van y vienen

Desde el banco aseguran que no tienen “acceso a ninguna base de datos, sólo a la información necesaria para estampar cualquier credencial –nombre, apellido y Rut, y en caso que la universidad lo estime, carrera–, lo mismo que tendría cualquier otra empresa que personaliza credenciales”.

Al revisar contratos con algunas casas de estudio –que, según Santander, “en un 90% son iguales”, salvo algunas variaciones “que dependen de las necesidades tecnológicas que requiere cada universidad en la implementación de la credencial”– esto no queda tan claro.

Por ejemplo, en un contrato firmado hace cuatro años con un plantel, y que aún está vigente, documento al que tuvo acceso El Mostrador, se señala en el anexo de los requerimientos básicos para emitir la tarjeta y bajo el título “base de datos titulares de tarjetas”, que “para emitir las tarjetas y luego proveer de servicios a los titulares, la Universidad debe disponer en medios computacionales la siguiente información de cada uno de sus miembros”. Enumerando a continuación 16 datos personales a informar, entre los que se incluyen: Rut, nombres, apellidos, domicilio, teléfono, nacionalidad, fecha de nacimiento, sexo, profesión o actividad, estado civil, carrera, facultad, campus o año de ingreso.

El mismo documento agrega que “la Universidad se compromete a entregar la información de la estructura, siempre y cuando posea dicha información en su base de datos, en caso contrario deberá completar los campos con información de fantasía válida”.

Desde el banco explican que “efectivamente en los contratos dice eso, porque los campos definidos de producción tecnológica así lo piden, pero las universidades nos entregan nombre, Rut, apellido, carrera si lo estiman, y los datos restantes si quieren los omiten o pueden poner información del plantel”.

Sin embargo, en otro de los contratos revisados, el banco toma resguardos y solicita a la universidad “rellenar con datos reales” los campos que solicitan la información respecto de: Rut, nombres, apellidos, nacionalidad, fecha de nacimiento, sexo, condición (estudiante, académico o administrativo), carrera y año de ingreso, sólo pudiendo llenar con información de fantasía el resto de los campos.

En opinión del director de Proyectos de ONG Derechos Digitales, Francisco Vera, “el contrato involucra la entrega indiscriminada de datos de las Universidades al Banco Santander. Si bien se estipula que la información se podrá utilizar sólo para procesar la tarjeta inteligente, no existe ningún mecanismo ni salvaguarda adicional que garantice el uso apropiado ni destino de esa información”.

Para el abogado “lo anterior es gravísimo, puesto que se le entrega al banco una base de datos con todos los alumnos de la universidad, sin consultarles especialmente. En caso de existir consentimiento de los alumnos, lo más probable es que sea en virtud de una cláusula amplia del contrato con la Universidad, que no se puede discutir ni negociar, y la Universidad no informa después a los alumnos a quién le cede o transfiere los datos”. Agregando que el hecho de “que un banco tenga estos datos es sumamente preocupante, no sólo por los efectos directos que tiene esta información, sino porque esta información se puede procesar de variadas maneras”.

Entre otras, detalla, crea un perfil y hoja de vida de los estudiantes, “apuntando qué carreras y universidades cursaron, información que el banco puede mantener indefinidamente”. Además, explica que en la práctica el banco “puede a su vez vender y transferir esta información a terceros, subsidiarios u otros actores, nacionales e internacionales. Existen en el mundo grandes 'data traders' que acumulan estos datos”.

En tanto, para el vicepresidente del Instituto Chileno de Derecho y Tecnología, Raúl Arrieta, es indispensable conocer dónde y cómo el alumno autoriza a la universidad a hacer la cesión de sus datos al banco, bajo que términos, con que finalidad, por cuánto tiempo, etc.”. Esto, porque “en estricto rigor al crear mi relación con la Universidad, ésta debería decirme que esos datos los entrega al Banco Santander y lo que podrá hacer con ellos. Allí podría haber una ilegalidad, porque el banco termina haciendo uso de información que no tiene trazabilidad legítima”.

En el contrato que regulariza la implementación y uso de la TUI en la Universidad Diego Portales, se establece que el uso de los datos enviados por la casa de estudios al banco sólo podrán ser ingresados a los registros del Santander cuando “los miembros de la comunidad acepten expresamente y contraten las funciones financieras de la Credencial”, a la vez que el banco se obliga a no entregar esa información a otras entidades.

Más allá de lo legal, Arrieta señala que “claramente el banco empieza a tener una cantidad de información de niños chicos, de 17, 18 años y mañana van a saber que este alumno estudia tal carrera, si se atrasó, por qué motivo, en cuánto tiempo se tituló. Obviamente información que es interesante y relevante y se meten en un negocio: empiezan a fidelizar clientes desde muy chicos”.

En opinión del abogado, “es súper normal y legítimo que las instituciones entreguen un mecanismo de identificación, que es una tarjeta para que te identifiques. Pero genera muchas sospechas que te la entregue una institución que naturalmente no está hecha para hacer tarjetas. ¿Por qué el banco se pone a hacer tarjetas? Claramente encontró una veta donde probablemente deben tener estadísticas, que les señalan que, cada cierta cantidad de personas, un porcentaje abre una cuenta vista. A un joven de 18 años lo tiene operando con la cuenta del Santander. Tiendo a pensar que por ahí está el negocio que busca el banco, pero no sé si eso per se tiene externalidades negativas”.

En el contrato firmado por el Banco con la Universidad Diego Portales el 3 de julio del 2011, se deja en claro el carácter opcional de la activación de la TUI como cuenta vista, aunque el Santander toma resguardos para asegurar la promoción de ese servicio. “La habilitación de esta aplicación financiera (cuenta vista) es opcional para los miembros de la comunidad, sin embargo la Universidad se compromete a evaluar alternativas para que el banco ofrezca este beneficio mediante la realización de actividades de difusión”, señala el documento al que tuvo acceso El Mostrador.

Al respecto, el rector de la UDP, Carlos Peña, insiste en que cualquier tipo de contrato que busque celebrar el banco con los estudiantes debe ser consentido por estos, y que los datos entregados son los estrictamente necesarios: “Le exigimos al banco que nuestros estudiantes tienen que consentir cualquier tipo de contrato. Hasta donde entiendo, el banco elabora las tarjetas, y por supuesto el banco necesita el nombre del titular de la tarjeta y del número de alumno. Se trata de una tarjeta que opera en la red interna de la universidad”, plantea el también columnista dominical de El Mercurio.

No obstante, a pesar de los resguardos esgrimidos por Peña, el contrato establece que el banco actualizará sus bases de datos de alumnos, funcionarios y académicos al fin de cada semestre, “el banco enviará de forma semestral a la Universidad, la base de datos de los clientes TUI con los campos: nombre completo, Rut, teléfono de contacto, mail, carrera y año de ingreso en caso de los alumnos, y unidad en que trabaja en caso de los funcionarios y docentes, a fin de que informe aquellos que han dejado de tener la calidad de funcionario o docente, y de los alumnos que han dejado de tener la condición de tal, han egresado, y de actualizar los datos de contacto que la universidad tenga vigente”. Es decir, por estudiar o trabajar en una institución que firmó el convenio con el Santander, este banco sabe tu dirección, teléfono, correo electrónico, Rut, año de ingreso o de salida de tus estudios, así como en qué momento dejaste de estudiar y si terminaste o no una carrera.

Según explica el encargado del departamento de Asuntos Estudiantiles de una de las universidades que opera con la TUI, no se solicita ninguna autorización expresa a los alumnos para entregar sus datos al banco. Detallando que “le compramos las tarjetas al banco, les mandamos listado con estudiantes que se sacaron la foto y ellos imprimen la tarjeta universitaria que tiene un costo que varía según la tarjeta más básica o más sofisticada. Aquí enviamos el nombre, carrera, y otros datos, como el teléfono y la dirección, son llenados con datos de la universidad”.

Además, detalla, “tenemos un software que ellos desarrollaron que nos permite hacer un seguimiento de en qué están las tarjetas. Estamos en línea: se suben los datos de los alumnos y automáticamente lo ven en el banco. Les mandamos un mail para avisarles que lo hicimos”.

Según la misma fuente, “a Santander le interesa más los que activan su cuenta vista. Por eso nos preocupamos mucho de que esto no se desvirtúe, por lo que tras la entrega de los datos que te mencioné no tienen acceso a ninguna información de los estudiantes”. Y agrega que “a veces el costo es excesivo –nosotros pagamos alrededor de 3,7 dólares por cada tarjeta–, por lo que hemos estudiado retirarnos”.

En otra de las universidades consultadas comentan que a ellos les cuesta “3,18 dólares por credencial”, y que es el banco el que elige la empresa que debe confeccionar las TUI.

Desde el DAE de una de estas universidades, explican que “cuando el estudiante quiere activar la tarjeta como cuenta vista tiene que ir al banco directamente, ahí cambia la dirección y pone sus datos. Hemos sido muy cuidadosos de que el vale vista sea sólo para quienes lo quieren. Por eso pedimos que se generen dos listas, entonces se hacen dos colas a la hora de buscar la TUI, una para buscar el carnet de identificación y otra para activarlo como vale vista”.

La necesidad de separar ambos procesos fue reforzada desde el Sernac.

En 2012 la institución, entonces liderada por Juan Antonio Peribonio, recibió una denuncia pública, por lo que en mayo de ese año ofició a 35 universidades requiriendo información sobre los convenios relativos a la apertura de tarjetas de crédito o tarjetas vista para sus alumnos asociadas a entidades bancarias.

Según señalan en Sernac, “en dichos oficios se les consultó acerca de los efectos, limitaciones y voluntariedad de estas tarjetas, entre otros alcances. Además, se consultó si se exigía a los estudiantes abrir o activar dichas tarjetas para sacar libros de la biblioteca u otros servicios y la forma en la que se estaban resguardando los datos personales de los alumnos. En forma paralela, Sernac ofició a Banco Santander, entidad financiera que emitía las tarjetas”.

Entre otras conclusiones, y sobre el tratamiento de los datos personales, desde Sernac señalan que “las universidades informaron que daban cumplimiento a la Ley N° 19.628 sobre Protección de la Vida Privada y recogían el consentimiento al momento en que el alumno se matriculaba”.

Y agregan que “en los últimos dos años Sernac ha recibido muy pocas consultas y reclamos sobre la materia, pero como institución estamos atentos y seguiremos monitoreando el comportamiento de los actores involucrados. En caso de detectar algún incumplimiento, tomaremos las acciones que correspondan para defender los derechos de los consumidores”.

Planificación global

Sobre los costos para las universidades, este es asumido en primera instancia por las casas de estudios, mientras que si el estudiante, funcionario o académico la pierde, debe pagar la reposición de su bolsillo.

Según los contratos revisados por El Mostrador, Vigatec es la empresa en Chile que se encarga de la compra de las tarjetas inteligentes.

“La ejecución del proyecto implica la adquisición, desarrollo y mantención de una serie de elementos tecnológicos, que se detallan a continuación, y que serán adquiridos por la universidad en caso de requerirlos. El banco, por su parte, gestionará con proveedores y empresas de servicios la obtención de las mejores condiciones para la universidad”, reza uno de los contratos.

Vigatec, especializada en soluciones tecnológicas, medios de pago, consulta y codificación industrial, es representante en Chile de Gemalto, de capitales holandeses. Ambas firmas tienen relaciones con el Banco Santander.

En Chile, el banco es uno de los tantos clientes de Vigatec, mientras que, a nivel internacional, Santander acaba de firmar en marzo de este año un acuerdo con Gemalto para mejorar la implementación de las tarjetas TUI. Según se anuncia en la web de la empresa, ahora se incorporarán los aparatos celulares para que los usuarios puedan pagar servicios y acceder a edificios mediante el uso de nueva tecnología. “Esta innovación se basa en el éxito del programa de Tarjeta Universitaria Inteligente de Banco Santander, que ya está siendo usado por más de 7.1 millones de personas en más de 270 universidades en 12 países. La solución completa de Gemalto abarca servicios de personalización, emisión y aprovisionamiento, la tarjeta microSD y el marco multiservicio de billetera necesario para que Banco Santander pueda crear su propia aplicación móvil”, comenta el comunicado de Gemalto sobre el convenio que se firmó en marzo de este año en las oficinas en Amsterdam de la compañía.

Donaciones

El Santander tiene una activa presencia en el mundo universitario a nivel planetario. Además de la TUI, en Chile cuenta con un programa de becas de movilidad internacional, que en 2013 benefició a 300 estudiantes y docentes.

“Cabe señalar que a nivel global, el programa de Becas Santander favoreció a más de 18 mil universitarios pertenecientes a instituciones de educación superior de diversos países del mundo. Es una de las mayores inversiones en programas de becas y movilidad que hace una institución privada en el mundo”, aseguran desde la entidad financiera.

La relación entre el Santander y las casas de estudios no se limita a los contratos firmados entre las partes. Desde hace años, el banco es uno de los principales donantes de las universidades chilenas. En 2013, a través de la Ley de Donaciones –que beneficia al donante con descuentos tributarios–, y según los listados que maneja el Ministerio de Educación (Mineduc), Santander donó más de 1.700 millones de pesos ($1.727.350.049) a 43 planteles de educación superior en Chile, 32 de los cuales tienen la TUI. La suma de los montos entregados a los asociados a la credencial universitaria asciende a $ 1.655.890.749, un 96% del total entregado por el banco ese año.

El banco español es la entidad bancaria que históricamente entrega mayores donaciones a la educación superior. En 2013, de los nueve bancos que dieron aportes, el banco de Emilio Botín fue el número uno, seguido de lejos por el BCI, de la familia Yarur ($391.686.906), CorpBanca, de Álvaro Saieh ($128.684.144), y el también español BBVA ($119.885.000). De los 2.400 millones de pesos que entregó la banca ese año, el 71% fue dado por Santander.

Según un reportaje de Ciper Chile, el Santander –que en 2009 se adjudicó la licitación para ser uno de los tres bancos que administró el Crédito con Aval del Estado (CAE) durante 2010– entregó donaciones a planteles de educación superior por un total de $6.362 millones, instalándose en el segundo lugar de las empresas que más aportes realizaron entre el 2007 y el 2011.

La universidad que obtuvo más recursos durante 2013 por parte del Santander fue la Pontificia Universidad Católica de Chile (PUC), con $ 420.872.411, seguida por la Universidad de Santiago ($ 265.256.800) y la Universidad de Chile ($ 172.282.660). Vea lista completa de donaciones.

Educación de mercado

Para el diputado independiente y ex presidente de la FECH, Gabriel Boric, el pago del banco a los rectores de universidades por participar del directorio de Universia es algo que debe aclararse, “me parece preocupante, creo que esto es algo que se tiene que transparentar. Antes de hacer juicios de valor, sería importante que los rectores involucrados expliquen cuál es el sentido de participar de estos directorios y en qué se utilizan estos fondos”.

“Habría que explicarlo, porque sería algo no deseado que el Banco Santander tuviera influencia en las decisiones que toman las universidades, como asimismo que tuviera acceso a los datos personales de los estudiantes”, dice Boric.

Sobre el envío de las bases de datos al banco, y la relación en general existente entre el Santander y la mayoría de los planteles de educación superior, el diputado de la Comisión de Educación de la Cámara, y ex dirigente estudiantil, Giorgio Jackson, plantea que deberá regularse esta situación.

“Hay algo importantísimo con respecto al funcionamiento de una institución de educación superior, que es que por ninguna razón –menos aún por un convenio con un banco–, debiese estar obligada la institución a entregar información académica, sensible, a los bancos, lo que les sirve a las empresas para segmentar sus nichos de mercado. No podemos permitir la posibilidad para que empresas bancarias, en este caso monopólicas, generen este tipo de prácticas que lo que hacen es entrometerse en algo absolutamente ajeno, a través de aparentar un supuesto beneficio para la comunidad estudiantil. Si hay vacíos legales al respecto, tendremos que legislar para regularlo”, asegura el parlamentario.

El vicepresidente de la FECH, Sebastián Aylwin, argumenta que el negocio del Santander forma parte del entramado construido por el mercado en torno al sistema educativo. “Esto demuestra que el lucro en la educación existe de múltiples formas. Como movimiento estudiantil hemos dicho que no basta con la gratuidad, sino que se tienen que cambiar las bases del sistema. Muchas universidades están preocupadas de hacer negocios con matrículas de sus estudiantes. En este caso, con las tarjetas universitarias”.

Por su parte, desde Santander aseguran que la entidad “desarrolla desde hace más de 17 años un completo Programa de Apoyo a la Educación Superior en todo el mundo, a través de su área global Santander Universidades, orientado a promover la contribución académica, financiera y tecnológica con las universidades, siendo el apoyo a la educación superior una de las señas de identidad del Grupo a nivel internacional”.

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