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Yo tengo un avión y tú no: las turbinas y hélices del empresariado chileno

por 25 septiembre, 2014

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No saben lo que es un taco en Las Chilcas ni esperar por las maletas en la cinta transportadora. Parten a la hora que quieren y no se topan con ningún conocido o desconocido que quiera proponerles un negocio. Viven el encanto de volar en sus propios aviones y  helicópteros.

En Chile hay 730 aviones civiles privados certificados para volar, según la Dirección General de Aeronáutica Civil (DGAC). De ese exclusivo club hay dos empresarios cuyos modelos se elevan por sobre el resto: Álvaro Saieh (CorpBanca, Copesa y SMU) y Horst Paulmann (Cencosud).

El Gulfstream G550 del banquero tiene dos motores Rolls-Royce, capacidad para 18 pasajeros, baño, ducha, cocina y audífonos inalámbricos. El precio del modelo, que él prestó para la última Fidae, asciende a US$55 millones. Es el mismo del cantante Julio Iglesias, quien se lo arrendó al futbolista Neymar Jr. para que viajara  el año pasado desde Brasil a España a firmar con el equipo FC Barcelona.

Vuela más rápido que un avión comercial: 940 km/h versus 880 km/h. Y más alto –15.500 metros contra 10 mil de un Lan–, por lo cual las turbulencias son menores. Puede hacer un Santiago-Nueva York sin escalas. En la Gran Manzana Saieh pasa parte importante de su tiempo. Allí es dueño del departamento que perteneció a la familia fundadora de Lehman Brothers y luce una de las colecciones más importantes de los grandes maestros de la pintura, avaluada en cerca de US$150 millones. El último despegue registrado por la página de rastreo de vuelos en vivo Flight Aware ocurrió el 26 de julio. No desde Nueva York, sino desde la isla de New Providence, en Las Bahamas, donde permaneció cinco días y voló rumbo a Santiago.

El de Paulmann es un Dassault Falcon 900EX, de fabricación franco-canadiense, que puede hacer un Santiago-Miami sin cargar combustible, y donde caben 19 personas. Tiene tres motores en lugar de los dos de Saieh, mayor altura interior y cuesta US$36 millones. Cuentan que el tapiz de los asientos fue un dolor de cabeza para sus ejecutivos, ya que el empresario chileno-alemán no se decidía.

“El Gulfstream 550 es como un Rolls Royce, todo lo que puedas soñar en un avión. El Dassault no es un mal avión, es muy rico, pero más caro de operar. En el mundo hay muchos más Gulfstream, porque son más fáciles de mantener, lo que al final importa mucho”, dice un conocedor en materia aeronáutica que hace notar que entre uno y otro hay US$19 millones de diferencia.

Saieh lo usa para viajar a Colombia, donde compró los bancos Santander y Helm. También a Nueva York y a Chicago, porque desde 2012 es miembro de la junta directiva de la Universidad de Chicago, de la que egresó como doctor en Economía y a la que hizo un aporte tan generoso que la facultad de economía lleva el nombre de “Saieh Hall of Economics”.

Paulmann se desplaza a Buenos Aires, donde operan Jumbo e Easy y sus malls; Perú (Wong y Metro), Colombia (Metro y Jumbo, ex Carrefour) y Brasil para supervisar la complicada marcha de las cadenas que compró en el nordeste (Hiperideal, Mercantil Rodrigues y G Barbosa), en el centro (Bretas) y Río de Janeiro (Prezunic).

La fascinación que despiertan estos modelos se refleja en las fotos que fanáticos suben a portales detallando matrícula, propietario y aeropuerto en el que capturaron la imagen.

Los aviones de estos empresarios no están registrados bajo sus nombres. Fueron inscritos en Estados Unidos y son administrados por trustee, es decir, un tercero de confianza que sólo sigue las instrucciones del dueño. En el caso de Saieh el trustee está a cargo del Wells Fargo Bank Northwest. Su avión tiene matrícula norteamericana: N676AS. Las dos últimas letras corresponden a las iniciales del empresario, lo que es posible hacer pagando un adicional.

Wilmington Trust Company es la que tiene la propiedad del avión de Paulmann, registrado con la  matrícula norteamericana N261CH.

“Como no son chilenos, esos aviones tienen un permiso de internación provisorio. Cada 60 o 90 días deben salir del país, pueden cruzar a Mendoza y volver, porque el avión es estadounidense”, explica una fuente que conoce el teje y maneje de la aeronáutica.

Por más cómodos que sean, los empresarios los usan como oficinas en vuelo, en especial Paulmann, que no descansa y optó por contar con mucho espacio a fin de desplegar los planos de sus proyectos.

La flota de Luksic

Andrónico Luksic no tiene los modelos más lujosos, pero sí los suficientes como para hablar de una flotilla privada. Son tres aviones y un helicóptero inscritos en Chile a nombre de la sociedad Punta Brava.

El más moderno es el Cessna Citation X 750, con capacidad para 12 pasajeros, cocina, baño y reproductor DVD. Al empresario le gustan tanto las películas que cuando subió el Everest para celebrar sus 50 años llevó 200 DVD. Cuesta US$19 millones dependiendo de cómo sea alhajado. Al igual que Paulmann y Saieh, lo guarda en su propio hangar en Merino Benítez.

También posee dos Beechcraft, uno 200 y otro 300. Este último hizo noticia en 2012 porque  no pudo despegar desde Aysén, donde tiene su fundo Las Margaritas, en medio de las protestas regionales. Recién cuando Carabineros despejó la pista de Villa O’Higgins  pudo emprender el vuelo. Se trata de modelos de la década del 70, que siguen fabricándose, bimotores y que pueden aterrizar en el aeródromo de Tobalaba.

Luksic también vuela al campo familiar de Chan Chan, en Panguipulli, donde usa el aeropuerto privado de su vecino León Avayú (Indumotora), uno de los empresarios pioneros en materia aeronáutica que pilotea sus dos aviones y un helicóptero que le compró a Guillermo Luksic, un año antes de que muriera, en cerca de US$8 millones. Generoso, comparte su aeropuerto en Panguipulli con su otro vecino, Wolff von Appen (Empresas Ultramar), quien posee un helicóptero. No es algo extraordinario: basta pavimentar un pedazo largo de tierra plana, no tener árboles y contar con la autorización de la DGAC.

Punta Brava, la sociedad de Luksic, tiene registrado un helicóptero que perteneció al fallecido Guillermo Luksic, quien era piloto civil, reservista de la Fach y alguna vez le compró un avión de guerra dado de baja a la Fuerza Aérea. Es un Eurocopter 135 de color café con matrícula CC-CGL (las últimas dos letras son las iniciales de Guillermo Luksic), que cuesta entre US$3 millones y US$4,2 millones, puede volar hasta 800 kilómetros dependiendo del peso al despegar y sentar a siete pasajeros, incluyendo la tripulación.

La familia Cueto se desplaza en un jet Citation Sovereign matrícula CC-ALZ, inscrito por Transportes San Felipe, que comparte domicilio y representante legal con su sociedad Costa Verde Aeronáutica. Enrique e Ignacio Cueto, además, se desplazan en helicóptero para ir a Cachagua, La Parva y Pucón. El suyo es el mismo modelo de su cuñado Max Marambio, que posee dos Eurocopter 130 que aterriza en el helipuerto en el Marriot, donde tiene oficina.

De muy bajo perfil, el empresario José Aveggio, dueño de Detroit, vuela a Brasil –donde tiene astilleros que le prestan servicios a Petrobras– en su Hawker 850XP, que fabricaba Beechcraft y se descontinuó, con capacidad de hasta 13 pasajeros y alcance de 8.400 kilómetros. Uno usado de 2006 se mueve entre US$4,5 millones y US$5,5 millones.

Gonzalo Vial, el dueño de Agrosuper, se matriculó con un Citation CJ2, con capacidad para ocho pasajeros y un valor cercano a los US$6 millones. Aunque sus plantas de cerdos están en la Sexta Región, donde él vive, el avión sirvió para viajar a Freirina hasta el cierre de la planta. Y ahora lo usa para  visitar la salmonera Los Fiordos, que funciona en Puerto Montt y es parte del holding.

Carlos Heller, del grupo Bethia (Falabella, Mega, Azul Azul, Lan, Sotraser, Ancali), partió con dos helicópteros y un avión, pero ahora sólo tiene uno y uno. A través de Aeroandina, posee un Citation XLS 560 y un helicóptero EC 155 B1. Con cualquiera puede volar a su fundo Santa Teresa, en Los Ángeles, donde tiene una de las más modernas lecherías del país.

Fanático de la U y principal accionista, Heller puso a disposición, hace dos años, su antiguo avión para que seis seleccionados nacionales que estaban en Caracas disputando las eliminatorias para Brasil 2014 volvieran a tiempo para jugar por el equipo azul.

El helicóptero lo compró este año en la Fidae. El modelo con seis asientos de lujo le costó US$13 millones y, según declaró a El Mercurio, “me permite reuniones en un mismo día, en dos lugares distantes, evitándome los tacos”.

Citation es la denominación de Cessna para sus jets. Son ideales para volar dentro de Chile y algunos modelos tienen autonomía para llegar a Brasil, como los de Heller y Luksic.

De los jets la escala desciende a los mono o bimotores, que están por debajo del millón de dólares. La lista es larga: Eduardo Elberg (Banco Internacional, ex dueño de Santa Isabel) y su Cessna 172; el abogado José Antonio Urrutia y su Piper Navajo Panther que no pasa de moda; Marcelo Magofke, el gerente general de la Clínica Alemana y consejero de la UDD, y su Piper PA18; el estudio Carey y Cía. que pone a disposición de sus clientes un Piper PA-31; Javier de Vicente (Plásticos de Vicente, hermano del ex ministro de Economía, Félix de Vicente) y su Piper PA 18; Bernardo Valdés Echenique, hijo del embajador Juan Gabriel Valdés y ex jefe de gabinete de la ministra de Cultura, Claudia Barattini, figura en la DGAC con un Cessna 206.

Los Piper son antiguos, con ala arriba, muy usados por los que les gusta volar y se hicieron famosos por aparecer en la serie de TV de la década del 60 “La Isla de Gilligan”.

Eugenio Ponce Lerou, hermano de Julio y director de varias de las cascadas, tiene dos aparatos: un hidroavión ideal para amarizar en lagos, un Progressive SeaRey, y un ultraliviano de dos asientos CZAW SportCruiser.

Desde que fue ministro de Hacienda de Augusto Pinochet, Hernán Büchi se convirtió en un amante del vuelo. Partió practicando ala delta, actualmente es piloto civil, dueño de dos aviones Cessna (T210 y T303) y un helicóptero Bell 206, cuya propiedad comparte con Manuel José Philipps Garretón. Son modelos antiguos pero muy usados en el mundo, de repuestos económicos e ideales para los que se inician en el vuelo, dicen los entendidos.

Los heliempresarios

Curiosamente, hay menos helicópteros que aviones en Chile. En el registro de la DGAC aparecen 81. Aterrizan prácticamente en cualquier parte, sus ocupantes se olvidan de los tacos y llegan a la playa en 20 minutos. En Cachagua los fines de semanas largos es posible ver tres o cuatro aparatos estacionados en el helipuerto. Santiago se modernizó y hay 57 edificios, incluyendo hospitales, aptos para recibir helicópteros. En el centro están las torres de Sonda –cuyo dueño Andrés Navarro se hizo famoso como el piloto del ex Presidente Piñera–. Metlife, el GAM y la Cancillería. Subiendo de la Plaza Italia, la Telefónica, Titanium (Heller). Quiñenco (Luksic) y en los edificios Huidobro y Corpgroup en Nueva Las Condes.

El helicóptero más caro es el de Jorge Errázuriz, el fundador de Celfin, que vendió a la brasileña BTG Pactual. Es un Augusta 109 GrandNew, registrado a nombre de la sociedad Naviera Mistral y cuyo valor alcanza los US$8 millones. Muy parecido al de “Lobo del aire” en el diseño, es el mismo modelo que usa Carabineros, que mantiene dos  reservados para los vuelos de la Presidenta Bachelet.

Un entendido afirma que ese modelo es más nuevo, pero que el que tiene el dueño de El Mercurio, Agustín Edwards, es como el tope de línea. Fue uno de los primeros que tuvo helicópteros en Chile y tiene un helipuerto en el diario. El suyo es un Eurocopter 145, de origen francés, con capacidad para ocho pasajeros y dos pilotos, “elegante, precioso, práctico y eficiente”, precisa la fuente. En el mercado se lo encuentra por US$5,5 millones.

Hernán Boher, dueño de Reifschneider, tiene un Rockwell 114 que pilotea él, a diferencia de Edwards y Errázuriz, que contratan profesionales. Hernán Briones (Cemento Bío Bío, Indura), propietario de un avión y helicóptero, es otro antiguo en estas lides. No por nada la casa familiar del campo Guanaqueros cuenta con helipuerto.

Los heliempresarios de data más reciente en Chile se han inclinado por el Robinson 44, un modelo que Piñera, dueño de uno a medias con Andrés Navarro, comparaba con un Nissan V 16 por lo económico. Es de los helicópteros con su motor a pistón y velocidad de 300 o 400 km/h.

El representante de Robinson en Chile, Sergio Nuño, sostiene que el perfil del comprador es el de “un empresario exitoso, que ha hecho las cosas bien, muy cauto y cuidadoso al hacer sus inversiones”.

Otros dueños del popular modelo son el ex canciller Alfredo Moreno y el ex ministro Félix de Vicente, quienes a través de Servicios y Arriendos Rotortec, creada en 2006,  tienen dos Robinson 44. Cuando de Vicente llegó a trabajar como director de ProChile volvió famoso a su aparato. Preguntó cómo podía hacer para ocupar el helipuerto de la Cancillería, en el ex Hotel Carrera, donde están las oficinas de ProChile, a lo que le respondieron que no era posible, porque es de uso exclusivo de la Presidencia de la República, ya que es el único helipuerto estatal.

José Cox, íntimo amigo de Piñera y que también es piloto, tiene su Robinson 44 a medias con Manuel Antonio Tocornal, gerente general de Empresas Penta. El abogado Gonzalo Molina (Barros & Errázuriz) comparte la propiedad del suyo con Ignacio Guerrero, también amigo de Piñera. No así el empresario del agro Juan Sutil, que lo tiene sólo para él.

José Manuel Urenda, quien hizo noticia por las demandas de dos hermanas para rendir cuenta de la herencia de Beltrán, su padre, adquirió el primer Robinson R-66 que llegó a Chile, pagando cerca de US$1 millón.

Unos pocos cuentan con helipuerto en su casa de la playa, como Eduardo Matte, el dueño de Haras de Pirque, en Zapallar. Aterriza mirando el mar. Cristóbal Kauffmann (Mercedes Benz y Aerocardal, que arrienda aeronaves a ejecutivos) hace lo propio en su casa de Cachagua.

David del Curto, el creador de la primera exportadora de fruta chilena, fue también el primero en tener un helicóptero en Chile. Con él recorría los campos y en él encontró la muerte en 1983.

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