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28 de enero de 2011

Radiografía de las redes de inversionistas ángeles

Emprendedores en Chile: mucho ruido y pocas nueces

Si antes fue el liderazgo, ahora es el emprendimiento. Un deseo, aspiración o meta que todavía no cuaja: proyectos “reguleques” según los eventuales financistas, inversionistas ángeles –aquellos que hacen su aporte al comienzo - con aversión al riesgo y poca cultura en el tema. Los números lo dicen todo: en siete años hay 1.350 proyectos recibidos y 32 concretados. Inversión total: US$8 millones.

Juan Cúneo, Alvaro Saieh, Manfred Paulmann, Daniel Dacarett (Producto Protegido), Pablo Turner (ex cabeza de Falabella y Viña San Pedro) Pablo Santa Cruz (Lipigas), Pedro Pablo Álamos (Hotel Radisson), Luis Alberto y Paul Spiniak (ex dueños de Té Club), entre varios otros, se matricularon en las redes de inversionistas ángeles. Formadas al alero de universidades o privados, operan como nexo para juntar emprendedores con una idea de negocios y aquéllos dispuestos a ponerse con recursos para convertirlas en una empresa. Rangos no demasiado altos para espaldas grandes si hablamos de cifras entre 50 mil y 500 mil dólares. Y además con el apoyo de Corfo y su programa Innova que entrega dinero para financiar a los ejecutivos que trabajan en las redes.

En abstracto la ecuación perfecta. Llevada a realidad no cuadra. “Hemos analizado 700 emprendimiento en casi siete años y hemos invertido en 20. En Chile los proyectos son reguleques o malos. Los empresarios no ponen plata por si acá resulta. Su mentalidad es muy conservadora. No entienden los negocios de tecnología o biotecnología”, dice Fernando Prieto, uno de los hombres con más experiencia, pues preside la red de inversionistas ángeles más antigua en Chile y que ha concretado el mayor volumen de inversión: US$6.5 millones. Se trata de Southern Angels, nacida bajo el alero de la Universidad Adolfo Ibáñez, que se descolgó el año pasado por un asunto de costos, según Prieto, y ahora quedó en manos de privados.

“Aun cuando tengas un proyecto bien formulado, la gestión es clave. Representa el 50% del potencial de éxito para un inversionista ángel. Ahí fallan los emprendedores”, afirma Christian Willatt, director ejecutivo de Ángeles de Chile. Formada por la Universidad de Chile, tiene entre sus miembros a Álvaro Saieh, Juan Cúneo, Manfred Paulmann y académicos de la universidad.

A pesar de los 30 inversionistas que engrosan sus filas y que están dispuestos a poner hasta US$40 millones, sólo cinco han aportado capital “y el 70% corresponde a académicos de la universidad”. De los grandes, sólo Manfred Paulmann, el hijo del dueño de Cencosud.

De una idea puede nacer un Facebook, Google o Skype. Aunque son excepciones, revelan que en Estados Unidos piensan en grande, cree Willatt, de la red de la U. de Chile. Aunque también queda la duda de si los ángeles chilenos están dispuestos a invertir a riesgos como también lo hacen diversos fondos en Estados Unidos.

En sus tres años de vida Ángeles de Chile ha revisado 300 proyectos y cerrado cinco negocios por US$880 mil. “La realidad es que no todo el mundo está interesado en este nicho. Hay gente con la que hemos conversado, pero al final se echa para atrás. Están en lo suyo. Te dicen: vendí mi empresa, miro mis acciones, tengo una oficina que ve los negocios de la familia. Están acostumbrados a negocios más calados, con menos riesgo”, apunta Willatt. Y el desgaste por analizar un proyecto de US$25 mil o US$10 millones, agrega, es el mismo.

Desde chantas a buenos ejecutores

Dentro de los escasos emprendedores que pasan la prueba –evaluación, plan de negocios, revisión de un comité- existen aprovechadores. Son casos puntuales pero hay. Por ejemplo, uno al que se le aprobó un proyecto en la red de la U. de Chile, se esfumó. “Hay chantas, lamentablemente. Nos han llegado proyectos que han postulado a otros redes y te llama un colega y te advierte ten cuidado”, dice Christian Willatt de la red de la U de Chile. Lo mismo en Southern Angels: “Hubo un caso en que uno de los socios emprendedores estafó al otro y al inversionista”; recuerda Fernando Prieto.

Max Weinstein, ex propietario de Recalcine y conocido en el mundo de la informática, invirtió en un novedoso sistema de sensores que mide la humedad de la tierra en las plantaciones agrícolas en la red Southern Angels. Lleva cuatro años de socio con el grupo de ingenieros eléctricos de la U. Santa María, gestor de la idea. Su diagnóstico no difiere del resto: “Ideas hay muchas y si no está el dinero se consigue, pero no hay buenos ejecutores. Te dicen voy a hacer esto, empiezan a multiplicar y les da una rentabilidad que nunca existe. Si la idea es buena y no hay un buen ejecutor, no va a funcionar, pero si la idea es más o menos y el emprendedor un buen ejecutor, la va a sacar adelante”. El equipo de trabajo es clave, “no sirve un gran inventor que haga todo: ingeniería, marketing, ventas”.

Prieto, el presidente de Southern Angels, puso capital junto al ex gerente de Coca Cola Company, Erwin Hahn, en un proyecto de tecnología, hacia donde apuntan todas las redes. El emprendedor no es un joven, sino un ex vicerrector de la Universidad de Las Américas, de 59 años, que ideó un programa  que toma pruebas todas las semanas en las áreas en que flaquean los alumnos de las universidades La Frontera, de Talca, UDLA. El recibió US$ 300 mil y, al cabo, de dos años y medio ya tiene utilidades.

¿Cultura de riesgo?

La red Fundación Chile tiene un año de vida y su estadística es igualmente desalentadora: 160 proyectos revisados y cinco concretados por US$625 mil. Buscan emprendimientos que apunten a la exportación, por lo que cuentan con inversionistas extranjeros que sirven de trampolín para ayudar a vender los productos. “Es un proceso difícil, porque les están ofreciendo un nuevo tipo de negocios. Pero hay ventajas: puede darte mayores retornos, trabajas con gente de primer nivel que son los otros inversionistas y le das una vuelta de mano al país”, afirma Nils Galdo, de Chile Global Angels, como se llama la red.

En la red de la UC –Angeles-Dictuc- sus miembros son ingenieros civiles y comerciales, que forman parte de sus fundaciones de egresados. Nuevamente, las cifras son malas: en dos años de operación, 200 proyectos postularon y dos fueron financiados. Aquí se cobra un 4% del capital aportado por el inversionista una vez que la empresa está funcionando.

Usualmente el que pone capital toma entre un 25% a un 40% del proyecto.“Hace una oferta de plata y propiedad, se crea la sociedad y el inversionista generalmente tiene derechos preferentes: si el emprendedor quiere vender el negocio, él tiene la primera opción”, explica el director ejecutivo de la red de la U. de Chile, Christian Willatt.

“Nunca son millonarios; son altos ejecutivos que, por su experiencia, saben cómo aportar en etapas tempranas. El que invierte trata de tener un rol activo, sino pone su plata en la bolsa”, agrega.

La única red no ligada a una universidad, cerró el año pasado. Sus creadores eran jóvenes con contactos: Herman Chadwick hijo, Antonio Turner, Matías Peró, sobrino del principal asesor de Eduardo Elberg, el ex dueño de Santa Isabel. Y con inversionistas de peso como Juan Cúneo, Pablo Turner, ex gerente general de San Pedro; Paul y Luis Alberto Spiniak, ex socios de Té Club, Alejandro Simonetti, empresario inmobiliario.

Cobraban un 1,5% de lo que aportaba el inversionista, pero no fue un buen negocio. “El problema no está en los inversionistas, sino en la calidad de los emprendimientos. Para llevar adelante una idea tienes que tener claro el plan de negocios, cuáles son los riesgos, cuál es tu plan alternativo y ahí veíamos falencias”. De hecho, los dos negocios que funcionaron: la cerveza Mestra y CCTI (un sistema de transporte de carga entre Santiago y los puertos de la Quinta Región), ya estaban operando de antes.

De una idea puede nacer un Facebook, Google o Skype. Aunque son excepciones, revelan que en Estados Unidos piensan en grande, cree Willatt, de la red de la U. de Chile. “Yo estudié un MBA en Canadá y tenía compañeros con uno o dos emprendimientos en el cuerpo. Es otra cultura. En Estados Unidos los aportes de los ángeles se llaman capital inteligente”, dice. Aunque también queda la duda de si los ángeles chilenos están dispuestos a invertir a riesgos altos en proyectos que tienen modelo de negocio y carecen del plan respectivo, como también lo hacen diversos fondos en Estados Unidos.

Para cerrar, el balance arroja 1.350 proyectos recibidos y 32 concretados con una inversión total de $8 millones.

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