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    7 de Mayo de 2012

    Crítica de Cine

    “Shame”: Sexo, culpa y perturbación

    Muchas escenas sexuales contiene esta película del británico Steve McQueen. Pero no de las que se disfrutan, porque su protagonista, un ejecutivo treinteañero adicto al sexo, es uno de los tipos más atormentados e insondables del cine del último tiempo. Un filme inquietante y desolador, que no poco dice de la comunicación, las emociones y las relaciones.

    Un hombre tiene sexo con dos prostitutas a la vez. La escena es larga y el tipo se muestra intenso y compenetrado. Pero su rostro de concentración es también el rostro de un sujeto insaciable, que parece no disfrutar lo que está haciendo.

    Nosotros tampoco disfrutamos lo que vemos.

    Es que Brandon, el protagonista de “Shame”, es un adicto al sexo en la superficie, pero sobre todo un culposo, cuyo pasado lo marcó negativamente, pero no sabemos por qué, y que es incapaz de forjar relaciones con un mínimo de normalidad.

    Un ejecutivo treinteañero, que trabaja para una compañía en Nueva York y vive en un departamento acompañado de pocos muebles y su computador. El computador no sería ninguna novedad si no fuera porque a través de él Brandon (Michael Fassbender) se conecta con el mundo del sexo pagado y la pornografía.

    No estamos ante un pervertido, sino ante un hombre perturbado, probablemente uno de los sujetos más atormentados que recuerde el cine de las recientes décadas. La adicción de Brandon perfectamente podría haber sido otra (el alcohol o incluso el trabajo) y estaríamos ante un sufrimiento si bien no calcado, sí lo suficientemente intenso como para compadecer y no juzgar al protagonista de la última película del británico Steve McQueen.

    Pero que el sexo sea el objeto de su adicción permite al director mostrarnos que el profundo agujero afectivo en que Brandon se encuentra sumido, es aun más rotundo y desolador.

    Quizás Brandon sea uno más de los muchos habitantes de las grandes ciudades que, a pesar de estar rodeados de gente, se sienten solos y no saben comunicarse.

    Sin embargo, más allá de lecturas sociológicas que puedan hacerse, “Shame” conmueve porque McQueen dibuja acertadamente el retrato de un tipo solitario y que vive un insondable calvario. La tonalidad fría que domina la ciudad y los espacios donde circula Brandon, el sexo adictivo pero que no se disfruta y la disfuncional relación con su hermana Sissy (Carey Mulligan), quien llega sin previo aviso a su departamento, completan el cuadro de angustia que lo corroe”.

    El trabajo de Michael Fassbender (“Hunger”, “Bastardos sin gloria”) no hace más que contribuir a la construcción de ese hombre atormentado, pero al mismo tiempo complejo y que, a pesar de su aparente frialdad, deja brotar su emoción al escuchar a su hermana cantar una hermosa y triste versión de “New York, New York”. No pocas son las sensaciones y emociones por las que Brandon pasa y Fassbender (mejor actor en el Festival de Venecia 2011 por esta actuación) logra proyectarlas con naturalidad e intensidad, aun en escenas en las que la transición de una emoción a otra ocurre en pocos segundos o minutos.

    No es una película fácil “Shame”. No porque sea intrincada, sino porque su director no tiene problemas en prolongar algunos planos, emplear los silencios y saturarnos de sexo. Pero finalmente todo ello encaja, pues lo que ha conseguido es que el calvario de Brandon traspase la pantalla y nos metamos en él para sentir su sufrimiento. McQueen ha decidido hacer carne la identificación con la historia y el personaje, a través de un filme tan inquietante como desolador.

    “Shame” es, qué duda cabe, una película que dice mucho más de las emociones, las relaciones y la comunicación que lo que su propio protagonista nos quisiera revelar.

    Película: “Shame”. Año: 2011. Duración: 101 minutos. Dirección: Steve McQueen. Reparto: Michael Fassbender, Carey Mulligan, James Badge Dale y Nicole Beharie. Mayores de 18 años.

     


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