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Opinión

El bochorno de ser de la U

por 14 marzo 2016

El bochorno de ser de la U
Es que el 8 a 1 de la U a O´Higgins fue solo un espejismo. La U no ve una y carece de ideas, jugadores motivados y alguien que ponga algo de ideas o de orden en el juego. Es casi, casi como el gobierno de la Nueva Mayoría. Y no es exageración.

Indignada y a la salida del Estadio me lo decía la señora Teresa. “Nunca he sentido más rabia y un bochorno como el actual”.

Ella se confiesa 60 años hincha activa de la Universidad de Chile, fichada a principio de la década de los 60 del siglo pasado, cuando entró a la universidad a estudiar Servicio Social. En esa época, me dijo, junto con pagar una leve matrícula, más simbólica que otra cosa, uno se inscribía en el Centro de Alumnos y ahí se hacia tambien, si quería, socio del Club Deportivo. “Como mi familia era chuncha, no dudé un segundo y firmé mi ficha. Y, sabes hermana?, ni cuando descendimos a segunda división pasamos bochornos tan grandes como los de hoy. Aquello fue culpa de los pinochetistas anclados en el Club, principalmente ese tal Ambrosio Rodriguez, que hacían de todo para darle gusto a los milicos colo colinos capitaneados por Pinochet. Pero lo de ahora, ni siquiera es culpa de ser sociedad anónima y farrearse una marca de alma y corazón. Es simplemente porque fuera de tener un par de tipos buenos para la pelota, no tenemos nada más. Ni una sola idea dirigencial novedosa ni menos una peregrina en el cuerpo técnico”. Y se alejó mascullando su rabia e impotencia.

Y tiene razón mi amiga Teresa. Es que el 8 a 1 de la U a O´Higgins fue solo un espejismo. La U no ve una y carece de ideas, jugadores motivados y alguien que ponga algo de ideas o de orden en el juego. Es casi, casi como el gobierno de la Nueva Mayoría. Y no es exageración.

Hay ciertas cosas que el mercado no hace. Una de ellas es que un equipo juegue bien al futbol, a menos que los gerentes sean profesionales y no hinchas, y tengan noción de como deben administrar el negocio. Pero que además quieran jugar profesionalmente en serio para la marca y no para darse gustos personales.

Lo que tenemos hoy como generalidad en el futbol chileno -y la U es el ejemplo clásico- es una dirigencia entre fresca e incompetente, que a veces que tiene plata propia y no sabe bien como malgastarla y cuando le falta le pide al pueblo o al Estado que los auxilie. Una dirigencia que en sus borracheras místicas, y otras no tanto, arrastra los intangibles de un club: la hinchada, su adhesión, el nombre, la historia y por qué no, también los morlacos de muchos otros socios o anónimos contribuyentes como Teresa que se han sacrificado para que el club exista.

Por cierto, no es solo patrimonio de Chile o de la U de Chile. También lo ha hecho el Santo Padre (que felizmente parece haberse moderado) con eso de ponerle la camiseta de San Lorenzo a la Iglesia Católica. El negocio de la religión (Dios me perdone) es otro, igual que el de los calcetines Heller o Falabella, cosa que debieran entender los dirigentes de la U.

De Becaccece mejor no hablar. Se la jugó para ser entrenador de club grande pero tiene demasiadas espinillas. O le falta caldo. Lo que pasa en la cancha es falta de ideas del técnico, mucho de inexperiencia y un poco de ninguneo y autonomía de los propios jugadores. Un equipo desmotivado siempre jugará mal aunque tenga puros cracks. Que por cierto tampoco los hay, a excepción de Canales.

En Chile no existe la alta competición en el fútbol. Sus campeonatos siempre fueron de trotones y si en alguna oportunidad adquirieron más dinámica por influjo de Bielsa, esa temporada ya pasó y volvimos a los trotecitos. Si Sampaoli era un asesino del físico de los jugadores de otros entrenadores (nunca sacó un jugador que se recuerde) Beccacece resultó la nada misma del trote. Pobrecito. Y tanto que le costó. ¡De futbol? Mejor ni hablar.

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