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La prensa vive su batalla part

Irak y la ocupación militar: ¿otra Irlanda del Norte?

por 30 marzo, 2003

No será un Stalingrado como dicen algunos medios, pero el escenario de Irak con tropas norteamericanas instaladas puede ser "otra Irlanda del Norte", según una periodista británica. Si la instalación de tropas es muy larga y se instaura una administración sin los iraquíes, este escenario no parece tan lejano.
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Los iraquíes han resistido lo suficiente como para que algún órgano mundial con convocatoria exija el alto al fuego. A medida que el pueblo iraquí consolida una resistencia a la invasión territorial que sufre, y mientras la ONU reaparece con un paquete de ayuda humanitaria alrededor del programa de Alimentos por Petróleo (Food for Oil), los países árabes, gradualmente, despiertan de un sueño o del estado shock respecto al curso de los acontecimientos.



Los planes privatizadores en la región, en un proyecto agresivo que será administrado por la Oficina de Asistencia del Departamento de Estado de los EEUU (USAID), y que incluye el desmantelamiento de algunas autarquías y monarquías, ha sido la voz de alerta. No es el cañón que derrumbó el mercado de Bagdad ayer y que mató a 50 civiles y dejó 200 heridos. Lo que ha activado las gestiones del mundo árabe fue un cañón más silencioso y que se dispara desde oficinas de proyectos cuyas propuestas bordean los 200 millones de dólares.



Es el caso de una empresa norteamericana que postula a una licitación en la zona para privatizar lo que le pongan por delante. Es el Plan Maestro de Bush y su equipo, que formará parte el eje central de la reconstrucción del Irak. Esto ha hecho reaccionar a los líderes árabes, entre ellos, el más activo, ha sido el Rey de Jordania, quien aseguró a través de su Ministro de Relaciones Exteriores que el objetivo de una iniciativa árabe es detener el conflicto y la guerra para asegurar la integridad del territorio árabe.



La Ministra española Ana Palacio, declaró en Amman hoy a la prensa que "hay tres coincidencias entre la iniciativa del Rey y la política española: la reconstrucción de Irak sobre bases humanitarias, la integridad territorial y la soberanía". Las declaraciones no han dejado de sorprender porque ninguna coincide con la política actual de la Casa Blanca.



Los países árabes que cuentan, entre ellos por supuesto Jordania, nunca estuvieron unidos, ni fueron firmes para evitar la guerra. Por el contrario, muchos estados se sumaron al coro anti Saddam y sucumbieron a la presión incesante de EEUU y el Reino Unido. No así Jordania, que a pesar de las presiones ha tenido una actitud equilibrada dentro de sus vulnerabilidades y las posibilidades. El Rey Abdullah se ha opuesto firmemente a la guerra, y ahora es el líder árabe que más ha sacado la voz para pedir que la guerra de detenga.



Fue el único realista, y el que nunca esperó nada de las últimas negociaciones, al sostener, abiertamente, en una declaración que tuvo ecos mundiales que: "sólo un milagro detendrá el camino a la guerra".



Problemas de gestión: problemas de origen



No es díficil ser pragmático y tener certeza que la guerra era inevitable si se seguían los acontecimientos desde el origen. Esta guerra la deciden Bush y Blair a comienzos del 2002, y a propósito de esta reunión, el Secretario General de la ONU responde al ser preguntado por la prensa sobre qué piensa acerca de una guerra en contra del Irak: " I do not think it is wise to talk about war at this moment" ("Pienso que no es adecuado hablar de una guerra por el momento").



La resistencia de los iraquíes ha ido más allá del tema de si el régimen de Saddam es aceptado o no. La guerra se ha transversalizado a través de los territorios árabes y el eco llegó hasta el Pentágono. "Cualquier asesor de Bush que tenga dos dedos de frente tiene que entender que les fallaron las informaciones y los análisis respecto a lo que es Irak y cómo funciona por dentro", nos dice un diplomático con años en la zona.



Las fallas de origen en la planificación y en la gestión se observan a diario por los propios medios que insisten en mostrar al público que se avanza hacia Bagdad y la caída del régimen de acuerdo al cronograma, cuestión que a todas luces no está sucediendo. Pruebas al canto: un número importante de soldados norteamericanos ha expresado, escuetamente, a diferentes medios que todo ha estado mal planificado y que las orientaciones más básicas de enfrentar, tácticamente, el combate terrestre no fueron entregadas. "Nada de lo que ha sucedido en terreno fue previsto", señaló desde Alemania un soldado herido.



"Tommy Franks, comienza a mostrar serios vacíos de conocimiento del terreno", se atrevió a señalar un analista de guerra entrevistado por la BBC. Esto confirma lo señalado por El Mostrador.cl antes de comenzar la guerra: las deficiencias en la información ha tenido un costo muy alto en la planificación de esta guerra. No obstante el equipamiento y las posibilidades de fuego.



"Las tropas americanas parecen un elefante en una tienda de loza china", dice uno de los varios analistas instalado en Amman para seguir el curso de la guerra.



Uno de ellos dijo en un diario jordano que: "Tommy Franks es un incompetente", agregando que "no lo sacan porque le prometieron el rol de Gobernador en la fase post Saddam". También se ha ironizado llamando a Franks el futuro gobernador romano de la Mesopotamia Federalizada.



Mientras el prestigio de Franks decae, sube el del General Myers, Jefe del Estado Mayor de EEUU. En las entrevistas de estos días aparece como más equilibrado y, al menos, le ha dado algo de crédito a las manifestaciones de auténtico rechazo a la invasión.



El velo diplomático no logró impedir que el público advirtiera que esta guerra fue armada con un alto nivel de inconsistencias de planificación y gestión desde el origen. Una guerra que es producto de la deformación de organismos descalabrados y liderazgos a medias. La función del análisis debe concentrarse en el tema de los procedimientos, los que han sido violados y continúan siéndolo.



Pero también hay espacio para lo insólito. Como lo señalaba un ex paracaidista francés retirado que trabaja por estas tierras como escudo humano: "algo va a pasar, yo sé que algo va a pasar", me indica con el dedo apuntando hacia arriba: "Supongo que es Dios", me dice.



Le digo que si la guerra fue creada por un hijo de Dios que lo invoca permanentemente, la guerra debe ser detenida por algún otro Dios. Porque los iraquíes no pueden ser tan desafortunados para que Dios no los escuche. Saddam ya cometió sus crímenes, sin embargo los crímenes ahora los cometen Bush, Blair, y la coalición de los países voluntarios.



La aparición de comandos suicidas iraquíes -como el que actuó ayer en Nayef y mató a cuatro soldados- como parte del sistema de resistencia puede ser este nuevo elemento "divino" que empiece a jugar un papel en este conflicto.



Guerra contra la otra prensa



Estar en un cómodo hotel -que no es mi caso porque me moví a Rwashad en la frontera- y prender la televisión para ver cómo se mata a los iraquíes que defienden su tierra, debe ser una de las situaciones más degradantes que un corresponsal, que desea estar en el frente, pueda sentir.



Así se encuentran muchos de los 600 cuerpos de prensa que en un momento estuvieron en Amman después que les negaron la entrada en Kuwait, Siria o Turquía, y que tuvieron que salir de Bagdad con la advertencia de que las tropas de ocupación no protegerán a ningún periodista que no esté acreditado por el Comando Central de Qatar o alguna oficina del Pentágono, o sea las embajadas de los EEUU de la zona.



Aun con todas las advertencias, la prensa empiezó a abandonar Amman hacia otras zonas donde se está más cerca de los acontecimientos. Kuwait es una estación preciada para instalarse, pero allí los aliados impiden aún las visas para que entren periodistas con los flujos de ayuda humanitaria. De hecho, las operaciones humanitarias en marcha, según se reporta, están provocando más caos que respiro a la población iraquí, por el momento.



Hay claramente dos tipos de reporteros o corresponsales de guerra. Unos están montados en la operación, ven los ataques desde una posición privilegiada y, consecuentemente, están más inclinados a contar la historia de acuerdo al libreto pre-acordado con el comando central en Qatar. El otro grupo es el que se ha tenido que, forzosamente, quedar fuera del "teatro de la guerra", como se llama, pomposamente, a esta brutalidad mal planificada y ejecutada.



Claramente, existe hostilidad por parte de las autoridades del Comando Central de Qatar y de los que otorgan autorizaciones para entrar en Irak por la parte sur, para aquellos reporteros que se quedaron fuera de los tanques. Existe un verdadero cerco a la noticia, tal como lo señaló El Mostrador.cl en los primeros tiempos de las inspecciones.



En general, los estamentos militares detestan a la prensa que no sea de los EEUU o el Reino Unido y, en este cuadro de crítica mundial a nivel de opinión pública, desconfían de otros que no estén seleccionados por el comando Central. Es lo mismo que pasaba con el Gobierno de Irak durante las inspecciones. Cualquier periodista podía ser un espía o un terrorista.
Por ejemplo, un periodista portugués de la televisión de su país fue golpeado por soldados norteamericanos por estar, presuntamente, espiando.



La frustración de corresponsales que no pueden cubrir la guerra en directo y que se tienen que basar en otros medios, es lo peor que le puede suceder a un profesional, sobre todo a aquellos que, como el portugués, tiene cientos de batallas descritas para los medios de Lisboa, pero ahora está impedido de permanecer en el frente por primera vez en su carrera profesional.



La orden del Comando Central de Qatar fue muy clara: "No se protegerá a ningún periodista que no esté acreditado con este comando y esos son los de la BBC, Sky News, y las cadenas de los EEUU". Los que han permanecido están bajo su propio riesgo, y pueden ser blanco de proyectiles lo mismo que cualquier iraquí. O sea, para las fuerzas de ocupación, las credenciales periodísticas no valen nada.



Un periodista, muy instalado en uno de los campos de batalla, admite una suerte de "incrustación" de reporteros en la BBC que tienen que ser actores vitales en la guerra sicológica para conseguir el objetivo la derrota del régimen de Hussein.



Un bastión de credibilidad y neutralidad, la BBC-TV, y de la cual se esperaba un reportaje más o menos distanciado de los bandos en guerra, sucumbió a las presiones de Downing Street, donde se sienta el Primer Ministro británico. Este, a su vez, habría sido presionado por el Pentágono, que es la unidades administrativa que gobierna de facto a los EEUU en esta guerra contra Irak, situación relatada en el último número de la revista Time.



Se ha dado espacio para que la guerra sicológica se intensifique. Por ambos lados se aumentan o disminuyen los aciertos y las bajas. Los que no están cerca del frente no atinan a qué fuente creerle. Hay sólo dos, y ambas forman parte del consorcio de esta guerra: las cadenas de los EEUU o el Reino Unido. Si en la guerra la desigualdad es abismante, en el plano de la información la diferencia es inconmensurable por decirlo de alguna forma.



"No hay diferencias entre el estalinismo de la ex URSS y lo que está sucediendo ahora", dice una analista de medios en Jordania. "El hecho de que hayan hackeado a Al Jazzeera es una evidencia". La guerra ha hecho pedazos también la ética profesional y los espacios de convivencia entre los propios órganos de prensa y en el circuito del avisaje, las grandes empresas multinacionales.



Los ataques internos son velados y se observa presiones para que los grandes avisadores hagan descalabrar a ciertos medios que critican la acción de las fuerzas de ocupación, se ha hecho evidente, por la falta de financiamiento para mantener equipos y personal en la cobertura de una guerra.



Hasta el momento no habido ningún órgano internacional involucrado con la libertad de expresión que haya reaccionado frente a esta arbitrariedad, que impide el escrutinio del mundo a la luz de las brutalidades que se están cometiendo.



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