Confesiones de un prisionero I - El Mostrador

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Desde la cárcel de Chin-Chin e

Cultura - El Mostrador

Confesiones de un prisionero I

por 10 mayo, 2003

En el Centro de Cumplimiento Penitenciario de Puerto Montt (CCP), mas conocido como Cárcel de Chin-Chin, la profesora Alicia Madrid dirige un taller literario en el que un grupo de aproximadamente 25 internos, intentan liberar sus mentes del encierro y abrir sus expectativas por medio del lápiz y el papel. Uno de los reos, Alfredo Pinto, comparte con El Mostrador.cl sus vivencias y su actual visión de la vida

El grupo de presos que integran el taller literario van desde los muy humildes y que tan sólo escriben escasa pero esforzadamente y leen aun peor, hasta los que hablan algo de inglés y tienen una mayor facilidad de redacción. Los más jóvenes son a la vez más cultos, e interesados en leer, llevando quizás el encierro con más inconsciencia y optimismo. Su pulcritud para asistir a clases, su energía varonil, buen humor y la cierta docilidad con que asisten a clases y toman nota de lo que se les explica.



Alfredo Pinto, de 33 años, se destaca por su participación en clase, y por su buen humor, aunque declara que su principal defecto es la brusquedad. Nació en Santiago, pero su niñez transcurrió en Puerto Montt, en un ambiente bohemio, ya que su padre traía artistas en giras y presentaciones en la zona sur. A los 13 años sufrió la separación de sus padres, y cuatro años más tarde se enroló en la Fuerza Aérea. Posteriormente trabajó a bordo del Evangelistas y del Terra Australis. La época que recuerda como la más feliz de su vida fue ésta, como navegante en los canales del Sur.



En calidad de procesado en el Centro de Cumplimiento Penitenciario de Puerto Montt, Pinto no posee acceso a la biblioteca ni a desempeñar ningún trabajo remunerado. La frase que más utiliza es "anyway", como expresión de conformidad ante cualquier situación, y su comida favorita son las pastas, cocinadas a la italiana o en su forma oriental. Como atributo más resaltable de su apariencia física, destaca sus brazos, puesto que lo ayudan a realizar gran parte de las labores de su diario vivir, incluyendo escribir.



El aspecto positivo que rescata de la experiencia vivida en el CCP es el de haber adquirido conciencia de sus actos, sabiendo que los hechos que lo trajeron a este lugar son de su propia responsabilidad y considerando que cada cosa que ha visto y oído en este lugar han sido un verdadero castigo. El aspecto negativo es observar el camino de degradación que recorren algunos internos, los que al momento de su partida son casi irreconocibles en comparación a su ingreso.



Alfredo espera poder mantenerse al margen de tal proceso por su propio bien y el de los demás. Y mientras espera su condena pasa la semana haciendo escritos para los demás internos, aprovenchando a su habilidad para la oratoria y la escritura; dibujando; asistiendo a misa y concurriendo al taller literario de los lunes, donde comparte con sus otros 23 compañeros. Es su oportunidad para conocer a quienes no pertenecen a su patio.



Un relato tras las rejas



"Bueno, aquí en CANA, es un día especial pues es día de visita. Todo el mundo está preocupado de su persona, se bañan muy temprano y se preparan a recibir a eso de las 10:15 o 10:30 a su visita. Los no visitados por lo general duermen hasta última hora o dedican el día al lavado de su ropa.



Yo, en lo personal sigo la marea y me ducho muy temprano como todos los días, pero no me afeito pues reservo mi máquina, la última que me queda, para el lunes, ese día tiene para mí mayor actividad. Bueno, prosigo....



El buen ánimo está en el aire y hasta el personaje más "brígido" hoy está sin ganas de buscar pleito. Como a eso de las 9:05 de la mañana llegan los funcionarios, y es hora de bajar al patio, en ese momento desfilan todo tipo de artesanías ya sea para la mamá, polola, papá, o amigo...Anyway!. Ya en el patio, casi nadie toma desayuno pues hay visita y en una de esas viene algo rico para comer, por lo que se reservan el derecho de alimento para una mejor ocasión.



10:00. Comenzó la visita, hecho curioso pues por lo general comienza más tarde. El ambiente es más feliz aun, y comienza. Uno tras otro son llamados a visita, la hora avanza lenta, o por lo menos los primeros 30 minutos, es algo así como cuando te sientas en el lobby de una oficina dental, todo está silente y en paz. Se ve en un rincón a los olvidados de siempre con su tacho plástico, esperando la hora del rancho. El día está lindo y caluroso, creo que no será necesario abrigarse tanto. De pronto suena en los parlantes: "José Luis Zambrano pasar a visita, y todos ríen pues es un tipo al que no visitan nunca, y hasta él mismo, con cierta incertidumbre dice: "¡Bah! ¿A quién maté ahora?". Ha pasado una hora y sólo restan 45 minutos para que finalice la visita.



En mi mente...
Comienzo a pensar que en los primeros días preso, sonaba en todas las visitas, todos mis amigos, y hasta una polola que tenía, venían en forma sagrada. Luego las visitas comenzaron a ser sólo los domingos (por economía ¿no?) hasta que un domingo no vino más nadie, y de eso han pasado tres meses. Esto es así, luego será dos veces al año, y más tarde...nadie. Pienso en mi padre, que viviendo en la ciudad y sabiendo mi drama, no viene. Mi pena ya es generalizada, no puedo llorar pues sería mostrar debilidad, estúpido, pero todo aquí es así, estúpido.



Creo muy dentro de mí que esa es la esencia de estar hacinado y confinado al encierro: una pena que no se muestra se lleva en el corazón y nos acompaña a cada lugar en donde vamos. Luego recuerdo a Mireya, mi esposa, que a pesar de haberla perdido sigue siendo mi esposa. ¿Mis amigos?, bueno esos ya no existen y debo enfrentar esto solo.



El día está lleno de sol, pero de un sol pálido. Hay música, pero no la oigo, mi pecho está oprimido y busco soledad pero aquí es imposible, busco un punto fijo en los muros, pero aquí no hay puntos fijos. En momentos como éste tu mente viaja a través de todo. Miras y no ves; escuchas, pero no oyes.



Raro ¿no?. En estos momentos siento como que el tiempo se hubiese detenido y estuviéramos en gravedad cero: todo flota en el ambiente. Finalmente un estruendoso y ensordecedor ruido indica que toda ha terminado. Visita y visitados deben volver a lo suyo.



Y aquí en el patio vuelve todo a la normalidad, salen todos de sus carretas y la mente está fija en un solo objetivo: conseguir algo de comer y fumar, y tal vez, ¿por qué no?, algo de beber. Se mira a los visitados y sus "manillas" (bolsas), y comienza la semana, AGAIN".



Firmado: Alfredo Pinto Godoy

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