Irak: por qué la ONU le tendió una mano a EEUU - El Mostrador

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Drama humanitario obliga a leg

Irak: por qué la ONU le tendió una mano a EEUU

por 31 mayo, 2003

La resolución "mundial" no puede ocultar las visiones discordantes que tienen el mundo pan-árabe y occidente sobre el futuro de Irak. La resolución deja el tema de la ocupación en el aire, en un limbo que genera malestar e incertidumbre. Pese a todo, es un paso adelante: EEUU ya no estará solo en Irak.

Apenas aprobada la nueva resolución de la ONU que levanta las sanciones de 13 años a Irak, Paul Bremer, el representante de Bush en Bagdad, expulsó de la administración pública iraquí a 400.000 empleados, supuestamente por pertenecer o apoyar al partido Baas del derrocado régimen. Dato clave que reflejar la obstinación de las fuerzas de ocupación atrapada por el caos.



La resolución del organismo internacional contempla la designación de un representante especial del Secretario General, con un rol autónomo e independiente. Es de esperar que con la llegada de este personaje, la monovalente administración de EEUU en territorio iraquí diversifique sus "metodologías" y que, en definitiva, permita que se establezca un plan coherente para el futuro de Irak.



El candor humanitario de una unión transatlántica, aún dividida por el capitulo iraquí, permitió el jueves 22 de mayo que el Consejo de Seguridad de la ONU emitiera una resolución casi unánime. Con la excepción de Siria que no se presentó a la votación porque, según el gobierno, el tiempo que se le dio para decidir era "insuficiente para estudiarla con profundidad".



Es probable que, a la larga, los diplomáticos sirios tengan razón. Ellos tiene mayor experiencia en este tipo de lides donde se juega el destino de las naciones, que la actual camada de políticos encumbrados en la diplomacia mundial, a la que no se le conoce ningún resultado positivo concreto.



La resolución -pese a que reinstala la ayuda humanitaria en Irak- no levanta el manto de dudas que tiene cualquiera que haya seguido de cerca el conflicto. La resolución "mundial" deja al descubierto las visiones discordantes del mundo pan-árabe y occidental sobre el futuro de Irak. La resolución deja el tema de la ocupación en el aire, sometida a los vaivenes del tiempo, en un limbo que genera malestar e incertidumbre.



La resolución del Consejo de Seguridad está preñada de contradicciones. Por un lado legitima la ocupación y los procedimientos utilizados para derrocar al régimen de Sadam Husein, y por otro pretende ayudar a ordenar el desastre administrativo creado y avanzar en la reconstrucción de país.



En tanto, en Irak el desastre humanitario avanza lentamente y la situación de caos -que expusimos hace una semana- no ha experimentado mejorías sustanciales. Por el contrario, el remedo de administración impuesta por la alianza victoriosa se hunde cada día más en la desesperación, por lo que esta resolución de la ONU es, en el fondo, un salvavidas para EEUU.



El hecho de que el diario "New York Times" del sábado pasado haya dedicado más de tres páginas al asunto iraquí -cuando, generalmente, este día está reservado para temas de entretención-, refleja la preocupación que existe en los círculos informados de la sociedad estadounidense sobre "lo mal" que andan las cosas en Irak, tras la liberación. También hay conciencia que la resolución de la ONU no apunta, precisamente, a la resolución de los graves problemas.



Estela de desastres



Esta resolución puede ser vista desde mucho ángulos. Pero el brazo de ayuda que le extiende la ONU a las fuerzas de ocupación tiene una lectura principal clara: la necesidad que tiene EEUU de romper el aislamiento internacional y ayudar a reparar el desastre administrativo en Irak.



Cada día que pasa se constata que EEUU no tiene "dedos para el piano" para la pacificación y la rehabilitación de un país. Las iras de las agencias, con años trabajando en el ámbito humanitario, como Oxfam y Save Children Fund, se ha hecho sentir a través de declaraciones, y en las reuniones de las ONG que operan en Irak.



Una fuente nos decía hace poco: "no han sido capaces -la administración de Jay Garner ni la de Paul Bremer- de resolver el problema de las credenciales para entrar a trabajar en Irak. Este tema se originó antes del estallido de la guerra, y aún no se soluciona. Pareciera que EEUU quisiera hacer las cosas con su propia gente, como si estuvieran escondiendo algo".



Históricamente, EEUU no ha tenido una experiencia exitosa en el terreno humanitario tras sus intervenciones militares. Sus recientes paso por Afganistán y Kosovo, y antes por Vietnam y Kampuchea, han dejado una estela de desastres adicionales al desastre principal.



Los reporteros enviados por The New York Times tras las tropas confirman la "destreza" que posen para desmontar regímenes y la incapacidad para organizar el retorno a la normalidad de los países intervenidos. El punto clave -y paradojal- radica en que la normalidad perdida, generalmente estaba sustentada en el apoyo que EEUU brindaba a las dictaduras derrocadas.



"Hasta el iraquí más desinformado sabe que los EEUU ayudaron a Sadam en varios de sus empeños por liderar la zona más allá de las fronteras del país. Incluso la invasión a Kuwait fue estimulada por la administración de Bush padre. Esto es un secreto a voces que comenzará a ser conocido por todos en la medida que desaparezcan las trazas del viejo autoritarismo", nos decía un iraquí a poco de estallar la guerra.



Otro objetivo, no menos relevante, que tiene la resolución es alivianar la carga que representan para Irak 13 años de bloqueo y tres guerras en 23 años. No había otra opción que levantar las sanciones. En esta resolución, la ONU cruzó las razones humanitarias con el pragmatismo político. La urgencia por socorrer a una población lacerada por traumas de todo tipo, llevó al organismo a dar un paso decisivo: legitimar la violación de procedimientos y normas del derecho internacional.



El levantamiento de las sanciones confirma una de las tesis del último Premio Príncipe de Asturias, el sociólogo alemán Jurgen Habermas: "Vivimos una época donde se impone la razón de la comunicabilidad, por sobre la razón que establecen las normas".



Pero el mundo árabe -que ha sufrido por siglos la intervención extranjera- observa esta resolución como una capitulación de las Naciones Unidas ante EEUU y el Reino Unido. La prensa en el Medio Oriente -con las excepciones de la kuwaití, qatarí e israelita- considera que la capitulación es total al sumarse Alemania, Francia, Rusia y China, países que se opusieron a la invasión.



Esta lectura es desconocida en los medios occidentales. Solo, tibiamente, diarios como The New York Times y The Guardian, que han mantenido algo de equilibrio en sus análisis, recogen la indignación del mundo árabe con una resolución que levanta el bloqueo, pero que hace vista gorda de las violaciones al derecho internacional.



La resolución fue decidida en occidente y para occidente. Responde a la necesidad de recomponer las alianzas entre EEUU y aquellos países que se opusieron a la guerra y que mantenían negocios en Irak y que, además, poseen el poder de veto en el Consejo de la ONU.



La carnada que finalmente EEUU les hizo morder, legitima los procedimientos de la invasión y ocupación de Irak. La resolución excluye temas tan candentes y vitales para el supuesto orden mundial como el de las armas químicas, que fue esgrimido como la razón principal para atacar, y el concepto de guerra preventiva de que se valió Bush. También queda fuera el tema de la protección a los DDHH en esta fase de normalización.



Sin embargo, esta resolución, pese a todo, es un paso adelante. Como confidenció una alta fuente a El Mostrador.cl: lo bueno es que EEUU ya no está solo en Irak.



El mal menor



Según fuentes cercanas al Consejo de Seguridad, el organismo optó por el "mal menor": se prefirió legitimar la ocupación aliada, con la esperanza de poner límites a EEUU y al Reino Unido para que no siguieran moviéndose como "Pedro por su casa" en la zona ocupada.



Sin embargo, la mayoría duda que la invasión haya logrado abrir "una cabeza de playa" para el establecimiento de un nuevo orden mundial, como se atreven a llamar al episodio académicos y políticos alineados con EEUU. Pero nadie es tan ingenuo, y los mismos que plantean el alineamiento a ultranza con la Casa Blanca, están cada vez más "expectantes" ante las próximas decisiones que puedan tomar las autoridades angloamericanas respecto a Irak.



Una especialista estadounidense en temas árabes dijo a El Mostrador.cl que en Irak: "no solo falló la administración Bush, sino que también la academia. El estilo de operación, las decisiones tomadas y la carencia de planes concretos para Irak y toda la zona del Golfo Pérsico, está haciendo tambalear el trabajo académico sobre al arabismo presente y futuro".



Para la estudiosa, el problema es que no existe un vínculo que permita a las autoridades y organismos que deben tomar las decisiones, utilizar "la masa de información recogida por centenares de institutos académicos especializados en arabismo y Medio Oriente, que existen en EEUU".



"El road map para crear un Estado palestino es otro de los errores de esta administración que ha barrido con el conocimiento acumulado", concluye esta especialista neoyorquina que ha pasado 20 años investigando el nacionalismo árabe.



Opiniones que fueron corroboradas por el periodista John Lee Anderson, quien posee una vasta experiencia reporteando la "expansión norteamericana". Anderson escribió -en The New Yorker, el 5 de mayo pasado- que "la forma en que se está llevando a cabo la ocupación está demostrando que EEUU no tiene idea de lo que es Irak".



Remake del affaire Irán-Contras



La rendición, ante la CIA, del general iraquí encargado de la defensa de Bagdad "a cambio de protección y dinero", como lo informó un periódico francés, demuestra el principal carril que se utiliza EEUU en sus operaciones de inteligencia. ¿Para qué recurrir a los archivos y estudios sobre el nacionalismo árabe, cuando basta los dólares para cumplir con el objetivo final?



De este modo queda claro que la administración Bush continúa recurriendo a la metodología utilizada en el affaire Irán-Contras, pero con nuevos y sofisticados Oliver North, como Condoleezza Rice, Colin Powell, Paul Wolfowitz, Donald Rumsfeld, sin excluir al propio presidente y a su vicepresidente.



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