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Lo que hay tras la crisis del

La prensa de EEUU: la primera víctima del stalinismo a la capitalista

por 7 junio, 2003

La nueva normativa de prensa en los EEUU -que beneficia la concentración del poder en los grandes consorcios de medios- es en la práctica un estalinismo a la capitalista. Para aquellos que a menudo señalan que la Guerra Fría ha quedado bien atrás, una vuelta de tuerca en sus análisis sería más que conveniente.
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La renuncia de los dos más altos ejecutivos del periódico causó consternación, pero no fue ninguna sorpresa en medio de las crecientes sospechas de que todo el episodio Irak fue un gran "fraude", y que las fuertes medidas adoptadas en el New York Times están, claramente, orientadas a limitar la libertad de expresión.



En un nuevo coletazo post guerra en Irak, ahora le tocó al, para muchos, mejor periódico del mundo: el más confiable, equilibrado, noticioso y analítico. En suma, el periódico más completo recibe un golpe que muy pocos podría absorber: la renuncia de sus dos ejecutivos mayores, Howard Raines y Gerald Boyd, director y director adjunto, respectivamente.



La caída de Raines y Boyd fue consecuencia del fraude que habría cometido -hace más de un año- el periodista Jayson Blair, a quien se acusa de transgredir la ética periodística al inventar fuentes, plagiar a otros medios y contratar "medios pollo". El caso parecía cerrado con una investigación sumaria, que continúa realizándose, y el despido de Blair, pero no fue suficiente ya que el episodio se inscribe en tema de mayor peso y trascendencia: la postura crítica que ha mantenido el Times frente a los escándalos que han sacudido a la administración Bush, como los fraudes de la empresa Enron, el 2002, y el fiasco de las armas químicas y la pobre perfomance en la reconstrucción de Irak.



Tópicos en los cuales el New York Times ha descollado por la cobertura y profundidad de sus pesquisas periodísticas que han apuntado a la falta de probidad de la administración Bush. En el caso Enron fue patente. El Times fue el medio más incisivo en sus denuncias. En el caso iraquí, el New York fue implacable en exigir que La Casa Blanca demostrar que Sadam Husein poseía el arsenal que justificaba la guerra.



Una vez iniciadas las hostilidades en el Irak, ocurrió una "anécdota" que vale la pena relatar. Un reportero de un país con limitada libertad de prensa, fue amonestado por su editor por informar que: "si no se descubren las armas químicas, la invasión perdería legitimidad". El reportero se defendió argumentando que: "¡Pero si lo dice hasta el NY Times!". Su editor le replicó: "Ese es el punto".



"Es el efecto boomerang por la cobertura sobre la guerra, el tema palestino-israelí y la posición generalmente anti-Bush asumida por la editorial y alguno de sus columnistas en los últimos 12 meses. Lo de Jayson Blair es un pretexto. Las garras de los halcones y el lobby israelí, no pudieron ser absorbidas por Arthur Sulzberger, el dueño", sostiene un analista consultado por El Mostrador.cl, en Nueva York.



Las presiones para que la prensa "homogeneizara" la información y el análisis de la invasión se hicieron sentir con fuerza sobre la BBC, El País y Le Monde durante la guerra. El asunto de las credenciales para entrar a Irak -antes, durante y después de la guerra- continúa siendo un tema que no se analiza en los medios. Existe una lista de reporteros que si pueden entrar. Los que no están en ella, simplemente, no entran.



Más allá de las probables faltas éticas del reportero Blair, -por ejemplo la práctica de usar fuentes no identificadas, una forma establecida de trabajar para proteger la fuente y la libertad de información en temas delicados- el hecho es que su caso se había sellado con su renuncia, además del establecimiento de una comisión investigadora por parte de los directores ahora "renunciados". La salida obligada de Raines y Boyd recuerda peligrosamente los procedimientos usados por la Stasi y la KGB, en la RDA y la URSS, respectivamente.



"La verdad es que Arthur Sulzberger ya no podía soportar la presión, aunque lo desmienta y asegure que no habrá cambios editoriales. Se ha establecido una verdadera campaña del terror: es el estalinismo a la norteamericana", agrega nuestra fuente que denuncia el intento de la administración republicana de crear un "sistema de control de la prensa".



El motivo es otro



Como diría el legendario periodista singalés Tarzie Vittachi, columnista del Newsweek en la década de los 80: "it is always about something else" (el motivo siempre es otro).



"Periodistas como Maureen Dowd, Paul Krugman, Nicholas Kristof, habían adquirido el estatus de "contestatarios" al régimen de Bush, y estaban tratando a su administración, como quien critica a los regímenes totalitarios o a las repúblicas bananeras. No aparecen en CNN, pero los leen personas que difunden opinión, que no están alineados con la doctrina de seguridad de Bush, que no es compartida por una gran mayoría de norteamericanos", nos comenta un periodista estadounidense que aún espera una credencial para ingresar a Irak..



La falta de pruebas que legitimen la invasión y posterior ocupación de Irak se ha convertido en un escándalo de proporciones globales, obligando a Bush a insistir que "pronto" aparecerán, pero el cambio de mando en el New York Times deja en evidencia hacia dónde realmente van dirigidos los dardos.



El Times era el único medio que mantenía una marcada consistencia de opinión editorial, que escapaba al circuito de los monopolios como el de American on Line (AOL) que extienden su influencia más allá de EEUU. Todos los medios que están bajo la égida de esta cadena, han sido "beneficiados" por una nueva normativa, creada en los EEUU hace poco, que permite la centralización de la propiedad de los medios y por lo tanto de las líneas editoriales.



La normativa perjudica abiertamente, la subsistencia de medios más pequeños, independientes o regionales que están fuera el circuito de los grandes mercados de la publicidad. Se cierra un circulo en donde sobrevivirán los más fuertes. "El darwinismo aplicado a los medios, donde la publicidad manda. Una economía autoabastecida para entregar un punto de vista", según el analista de medios consultado por El Mostrador.cl.



"Es el comienzo de una redada en los medios para que estén en una sola sintonía con la Casa Blanca. Newsweek, otro medio que permanece fuera del circuito de AOL y de las presiones, también verá pronto un ataque a su línea editorial que critica los métodos de la administración Bush. Esto coincide con una marcada pérdida de popularidad del presidente republicano y el efecto que está produciendo en EEUU las acusaciones a que está siendo sometido el primer ministro inglés, Tony Blair", agrega nuestra fuente.



Neo macartismo



El método utilizado en la investigación ha sido el acoso típico de la época del macartismo. Porque el pedir nombres de fuentes en casos de alta sensibilidad, restringe la posibilidad de información, aún cuando se vive un clima de virtual terror, por la nueva doctrina de seguridad nacional que se está aplicando al pie de la letra.



Hay más de 2000 reporteros, según una fuente en el Golfo Pérsico, esperando credenciales para entrar a Irak. Muchas de ellas han sido rechazadas desde antes de la invasión y es poco probable que sean concedidas. Actualmente, entrar a Irak es más difícil que en los tiempos de Sadam Husein.



Otras 500 credenciales de reporteros de todo el mundo, han sido rechazadas por el comando central que administra Irak, aduciendo que "los medios que representan no cuentan con las condiciones de respaldo correspondiente a lo delicado de sus funciones".



Es decir, si la fuente no está en la lista de nombres acreditados por los comandos centrales, la información que emerge del Irak no tiene credibilidad. Si un reportero no entrega el nombre de su fuente de su información, puede ser sometido a una acusación de fraude.



Los reporteros del New York Times, apostados en Irak, estaban entregando una cruda e "incómoda" visión del caos administrativo y político que se vive en el país. Lo que resultaba intolerable para las autoridades de la Casa Blanca y el Pentágono. Sin embargo, por un orgullo legendario, el periódico jamás reconocerá que fue presionado por los halcones de Bush.



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