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Primera víctima, el bacalao de

Piratas modernos buscan su botín en los mares de la Antártica

por 26 julio, 2003

Grandes embarcaciones que evaden las regulaciones internacionales sobre cuotas y métodos de pesca en alta mar, se encuentran operando en los fríos y ricos mares que rodean el continente helado.

Los piratas y corsarios de los mares no desaparecieron, tan sólo cambiaron de botín, ya no buscan el oro americano que transportaban los galeones españoles de antaño, sino los peces cuya pesca está prohibida o limitada, y por los que puedan obtener una mayor ganancia.



La presa favorita de los bucaneros del siglo 21, es la merluza negra o bacalao de profundidad (Dissostichus eleginoides) también llamado "oro blanco". Un pez, con el aspecto de una merluza gigante de color negro y que puede alcanzar más de dos metros de longitud.



Este gran predador de las ricas y heladas aguas polares, puede vivir mas de 50 años si nos es pescado antes. Como madura sexualmente pasados los 10 años de edad, es especialmente vulnerable a las capturas masivas e indiscriminadas al no alcanzar a reproducirse normalmente. Vive en aguas profundas (entre 300 y 3.500 metros) y puede ser encontrado en las plataformas continentales de la mayoría de las islas sub-antárticas.



En Chile, es uno de los recursos marinos más apetecidos tanto por los pescadores industriales como por los artesanales, el año 2000 se registró el desembarques de 891 toneladas de bacalao de profundidad capturados por la flota industrial en los puertos chilenos. Se calcula que los artesanales habrán capturado al menos un 80% de esta cifra, totalizando unas 1.600 toneladas, que puede haber dejado ganancias por casi un millón de dólares.



Un estudio del Instituto de Fomento Pesquero de Chile indica que esta especie se encuentra en toda la costa chilena y sugiere que su área más probable de desove en Chile se localiza en el extremo sur del continente, lo que hace aun más peligroso para la especie su captura indiscriminada en los mares australes.



Las poblaciones de bacalao de profundidad han sido llevadas al borde del colapso en los ocho años que los barcos piratas llevan pescándolo, por ejemplo los stocks de esta especie en las islas Prince Edward y Marion fueron devastados, hasta alcanzar casi su extinción comercial.



El oceanólogo alemán, Dr. Marcos Sommer afirma que: "la pesca del bacalao de profundidad o merluza negra supera en casi diez veces a la pesca autorizada (18.000 toneladas es la cuota pesquera anual establecida, esta siendo superada en 130.000 toneladas), con un valor de su precio a bordo que oscila entre los 6 y los 10 dólares el kilo, teniendo en cuenta que una jornada puede superar ampliamente las 200 toneladas de capturas, incluso llegar a las 300, el gran negocio de esta pesca ilícita es evidente, reportando cada "expedición" de un barco cientos de miles de dólares. En 1997, el total de las capturas ilegales de esta especie ascendió a cerca de 100.000 toneladas, con un valor de 500 millones de dólares estadounidense".



El bacalao de profundidad es muy apreciado en Estados Unidos, Europa y Japón, donde un ejemplar pueden costar hasta 1.000 dólares. Su exquisita carne blanca es de las más apropiadas para preparar el "sashimi" o "sushi" japonés.

La captura y comercio de este pez está regulado por la Convención para la Conservación de los Recursos Vivos Marinos Antárticos (CCRVMA). Su representante en Chile es el Servicio Nacional de Pesca (Sernapesca), que se encarga de otorgar y verificar cuotas de pesca. El biólogo Antonio Palma, funcionario de Sernapesca, nos contó que para verificar las cuotas de capturas de bacalao de profundidad de acuerdo a las normas de la CCRVMA, los barcos deben llevar inspectores independientes nombrados por ellos a bordo, además de un localizador GPS, que revela el lugar donde se encuentra operando la nave.



Si todo se realiza de acuerdo a los reglamentos Sernapesca otorga los certificados que permiten su comercialización legal.



Sin embargo, al parecer no todo opera de acuerdo a los libros, y la acción de Sernapesca no alcanza hasta las vastas regiones antárticas, que con sus duras condiciones ambientales hacen muy difícil su control, por lo que los esfuerzos de protección internacionales han sido sobrepasados por la pesca ilegal.



John Croxall, un biólogo marino del British Antarctic Survey, confirmó en una reunión en Londres sobre el Océano Austral, realizado la semana pasada, que la especie más afectada por la pesca pirata es la merluza negra o bacalao de profundidad (Patagonian toothfish), a un nivel que pone en peligro su supervivencia. Los largos espíneles, utilizados para su captura amenazan además a múltiples especias de aves, como el albatros, que se ahogan al quedar atrapados en sus anzuelos. "Mientras que los barcos legales toman medidas para prevenir las capturas casuales de aves, es seguro que los ilegales no lo hacen" afirmó.



En vista que los controles están siendo ampliamente superados sin que las autoridades puedan hacer algo, diversas organizaciones ecologistas desarrollan intensas campañas contra la piratería pesquera. Greenpeace, de regreso a sus actividades ecologistas luego de su frustrada incursión pacifista en Irak, encabeza una tenaz campaña para impedir que los barcos piratas toquen los puertos europeos.



Sin embargo la campaña se da de cabeza contra los intereses comerciales de España, cuya sobredimensionada flota pesquera gallega ya no encuentra donde echar sus redes, al haberse agotado la mayoría de sus zonas de pesca. Resulta así que los mismos países encargados de controlar la pesca terminan facilitando la vulneración de sus acuerdos.



Esta frustración se puede ver reflejada en el mismo sitio oficial de la CCRVMA donde reconoce que la 'pesca ilegal, no declarada y no reglamentada (INDNR) o simplemente pirata, "no solamente ha perjudicado a las poblaciones de bacalao, en particular en el Océano Índico, sino que ha afectado también en gran medida a las poblaciones de aves marinas hasta el punto en que se ha puesto en duda la sustentabilidad de ambos grupos de especies en el futuro".



El año pasado en la reunión del CITES (Convención Internacional sobre Flora y Fauna Amenazada realizada en Santiago de Chile, Australia apoyada por algunas ONG ecologistas, intentó sin éxito poner al bacalao de profundidad en el Índice II del CITES, lo que habría significado un control mucho más eficiente para esta especie. Chile se opuso a esta medida, protegiendo a su industria pesquera nacional y argumentando que los controles y medidas del CCRVMA debieran bastar para su protección. Como estos al final no han dado resultado, los grupos defensores del bacalao de profundidad se preparan para la próxima reunión del CITES el año 2005, a ver si en esa oportunidad convencen a los delegados. (Australia también lo intentó sin éxito en la reunión del CITES del año 2000 en Kenia).



Sin embargo puede que lleguen tarde, hay científicos que estiman que, de continuar la pesca pirata, esta especie estará comercialmente extinguida en un corto tiempo.



Cómo operan los piratas modernos



Los piratas actuales operan en todo el mundo, moviéndose de pesquería en pesquería capturando todo el pescado que puedan subir a bordo. No les importan los impactos que pueden tener en las poblaciones de peces, mamíferos marinos, tortugas o aves.



Al igual que sus antecesores bucaneros se refugian en lugares donde nos los alcanza la legalidad internacional. Afortunadamente, hoy como antaño estos puertos son pocos. En el Siglo 17, los piratas utilizaban como santuario la Isla Tortuga, en el Caribe, hoy, según ha comprobado Greenpeace, usan Port Louis en la Isla Mauricio, en el Océano Índico, o Walvis Bay en Namibia, en el Atlántico sur, allí desembarcan, procesan y reembarcan sus capturas.



Como según las leyes del mar internacionales, el país que le "da bandera" a una embarcación es responsable de lo que ella hace, las empresas piratas utilizan "banderas de conveniencia" que adquieren por altos precios en países subdesarrollados como Belice, Mauricio, Granada, Panamá u Honduras, donde se pregunta poco o nada sobre sus reales actividades.



Ocultan, además, las identidades de sus verdaderos dueños con nombres pantallas y pescan en lugares remotos para evadir los reglamentos internacionales. Para ocultarse a los testigos ocasionales sus naves a veces cubren o alteran sus nombres y matrículas para no ser identificados. Lo irónico es que no es difícil desenmascarar toda esta cobertura y es así como diversas organizaciones defensoras del mar han obtenido los nombres de los verdaderos dueños de estas embarcaciones ilegales, averiguando que pertenecen a países desarrollados, los mismos que elaboran y pretenden respetar las leyes internacionales.

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