Bush desechó pacto con ex ministro de Defensa de Sadam - El Mostrador

Viernes, 24 de noviembre de 2017 Actualizado a las 13:46

La guerra que perdió la

Bush desechó pacto con ex ministro de Defensa de Sadam

por 12 agosto, 2003

El domingo pasado, el periódico New York Times publicó un artículo que da cuenta detallada del trabajo desplegado por la inteligencia estadounidense en Irak, desde enero de 2003, para hacer innecesaria la invasión o, si se producía, boicotear toda resistencia organizada. De hecho, el diario revela que el organismo de inteligencia logró sellar un acuerdo con parte de la cúpula de las FFAA iraquíes antes del inicio de las operaciones militares, el cual posteriormente no fue respetado.

Según el reportaje de Douglas Jehl y Dexter Filkins, el pacto garantizaba, en caso de invasión, el rápido avance de las tropas aliadas hasta Bagdad, el que sería facilitado por el trabajo de sabotaje de cuadros del ejército iraquí entre sus propias filas. Asimismo, el acuerdo explicaría por qué los principales puentes que cruzan los ríos Tigris y Eufrates no fueron destruidos por los defensores iraquíes y que sólo 6 pozos petroleros fueron incendiados en su repliegue sobre la capital.



Si bien la información del New York Times no ha pasado inadvertida, tampoco ha tenido la repercusión que debería tener una investigación periodística que recopilar más de una decena de testimonios congruentes e impactantes.



Entre las dudas que intentan dilucidar Jehl y Filkins está el porqué no constituyeron blancos de primera prioridad de los bombardeos aliados la sede del Ministerio de Defensa ni la televisión iraquí. La respuesta a que llegan los reporteros -a través de entrevistas a diversos testigos privilegiados de los hechos- está en el paso del ministro de Defensa de Husein, Hashem Hahmed al-Tai, al bando aliado antes de iniciar la invasión.



El Ministro necesitaba que la televisión funcionara para enviar mensajes cifrados al frente de batalla, los que habrían facilitado el avances de las tropas estadounidenses.



Las razones que tuvo la administración Bush para no respetar el pacto con el ministro de Defensa iraquí y el por qué se precipitó la declaración del fin de la guerra y la creciente resistencia a la ocupación actual se deberían, en parte, según Jehl y Filkins, a las profundas divergencias que mantuvieron y aún mantienen la CIA, los asesores presidenciales y la estructura de inteligencia montada por Donald Rumsfeld en el Pentágono, lo que viene a confirmar lo sostenido en estas mismas páginas, el 22 de febrero pasado, sobre "la agudización de la brecha interna en el equipo de Bush".



Asimismo, El Mostrador.cl, el 24 de abril informó sobre "el retiro escalonado de las tropas iraquíes", que habría negociado el gobierno local con el comando central de los aliados para permitir una retirada "honorable" de las tropas defensoras para evitar una masacre mayor. También informamos, en esa oportunidad, que un contingente no despreciable de ex combatientes comenzaba a "sumergirse" en la clandestinidad para iniciar una lucha de resistencia al estilo palestino.



Sin embargo, el informe aparecido el domingo en EEUU entrega información nueva sobre las alternativas concretas que no fueron recogidas por los asesores directos de Bush, perdiéndose una oportunidad para evitar la guerra y lograr la caída del régimen a través de la infiltración de las FFAA iraquíes. Pero EEUU optó por desplegar todo su poderío bélico y hacer el debut de su nueva doctrina de seguridad, la cual está basada en la acción preventiva. En ese escenario, todas las operaciones de "persuasión" del enemigo quedaron canceladas, especialmente cuando se tuvo la certeza de que la ONU no respaldaría una resolución que autorizara el recurso de la guerra.



A días del primer bombardeo sobre Bagdad, la presión internacional hizo dudar nuevamente a Bush de la conveniencia de atacar sin el respaldo de la comunidad internacional. A mediados de marzo estaba claro que esa posibilidad también sería abortadas ante la necesidad "imperiosa" de la Casa Blanca de establecer, por medio de la guerra, una plataforma de control en el Medio Oriente. Por esos días, también, se barajó un distanciamiento gradual de EEUU de la monarquía saudita y la posibilidad de aprovechar el despliegue de tropas en la zona para atacar a Siria.



Al reconstruir el itinerario y los distintos factores involucrados en la guerra contra Irak, queda claro no era fácil autorizar y confiar en una negociación con disidentes del régimen de Sadam para implementar un golpe de Estado de última hora contra el dictador, o un plan coherente de no resistencia a la invasión.



Sin embargo, como denuncia el New York Times, el trabajo de infiltración se hizo y estuvo centrado en el Ministro de Defensa Hashem Hahmed al-Tai, un aliado potencial que habría colaborado en un "aterrizaje suave" de las fuerzas invasoras y que contaba con los recursos humanos y materiales para una ulterior fase de reconstrucción del país.



Según los autores del artículo, si esta estrategia se hubiera impuesto se habrían reducido, significativamente, los costos que se están pagando ahora. "En primer lugar la resistencia actual habría sido enfrentada desde otra plataforma, con un país menos destruido y funcionando", sostienen.



Única opción



Sin embargo, para George C. Young, un veterano de operaciones en el Vietcong, la complejidad que presentaba Irak era única. "Es fácil proponer una estrategia de persuasión y contar con la máxima autoridad de las FFAA que, además, está apoyado por un grupo de opositores internos al régimen. Esa variable se barajó antes de la guerra y no hay nada nuevo porque salió en los medios, someramente. Pero cuando se está en un cuadro donde la información tradicionalmente ha sido poco confiable y frágil, hay que tomar la vía segura. Y esa fue la que se adoptó: la guerra", sentencia.



Efectivamente, como informó El Mostrador.cl, el 16 de marzo, la Administración Bush buscó alternativas a la guerra como un golpe de Estado o el exilio de Sadam. El mismo Papa, el secretario general de la ONU, y líderes árabes como el rey de Jordania y presidente de Egipto, plantearon alternativas para evitar la conflagración. Sin embargo, el círculo de halcones que asesora a Bush -conformado por Cheney, Rumsfeld, Wolfowitz ,Rice y Perle- impuso la opción "más segura".



El descabezamiento de Sadam y su régimen era el objetivo y podría haberse llevado a cabo por otros medios, como sostuvo más de un analista que logró mantener la cabeza fría, pero se impusieron aquellos que veían en el despliegue de una operación militar masiva y contundente, un mensaje de enorme trascendencia para los enemigos -o amigos timoratos- de EEUU. Haciendo un símil se podría comparar el valor simbólico que se quiso dar a la invasión de Irak, con la fuerza del mensaje que tuvo para los socialismos reales el ingreso soviético en Budapest, en 1956. O, para ponerlo en términos globales, EEUU quiso notificar al mundo que tiene el poder suficiente para producir una suerte de shock orwelliano.



"No es que la asesora de Seguridad de Bush, Condoleezza Rice, sea rígida, al no tomar en cuenta el desarrollo y las expectativas positivas de la operación con Hashem Ahmed, como sostiene el informe de Jehl y Filkins. Ella también optó por la ruta segura que, además, estaba trazada desde hace mucho tiempo. Invadir Irak y dejar estampado un sello de que esa es la metodología de la nueva doctrina de seguridad para prevenir amenazas a la paz", agrega Young, quien trabaja actualmente para una empresa que opera en el golfo pérsico.



Bajo esta perspectiva, más que una oportunidad perdida, Washington no depositó mayor confianza en operaciones de inteligencia para provocar el cambio de régimen en Irak, desconfianza que se nutre de múltiples fracasos anteriores en los cuatro rincones del mundo, incluida Latinoamérica.



Lo concreto es que el equipo de Bush apenas alcanzó a vislumbrar el potencial del trabajo de inteligencia centrado en hombres como Hashem Ahmed. La información disponible sobre otras realidades iraquíes -como la estructura y alcance del partido Baas, la lealtad de los cuerpos de elite de la defensa iraquí hacia Sadam, y el puzzle que representaba una sociedad con profundas divisiones religiosas y diversos grupos de poder-, comenzó a pesar más en el análisis y terminaron inclinando la balanza hacia la solución bélica.



El corolario de esta operación fallida -una más en el repertorio de una banda cada vez más desafinada- se puede resumir en: una administración que no confió en su propias operaciones de inteligencia y que fue incapaz de respetar los primeros acuerdos alcanzados con quienes estaban dispuestos a traicionar a Sadam.



En tanto, la contraparte, el general Hashem Ahmed mantuvo su palabra: la resistencia a la invasión fue mínima y el ejército iraquí no se expuso inútilmente ante fuerzas enormemente superiores que lo habrían diezmado del todo.



Si la Casa Blanca hubiera dado tiempo para que el plan de hacer caer el régimen mediante el expediente de la presión interna se hubiese concretado, probablemente se habría evitado la invasión y los dolores de cabeza que sigue provocando a los aliados, una resistencia más fuerte y decidida de la pronosticada.



Sin embargo, todo lo anterior no significa nada para quienes están hoy en Irak, tanto las fuerzas de ocupación como la población local saben que la guerra continúa. Diariamente, las tropas aliadas cuelgan en edificios y calles carteles con la imagen de Sadam Husein y el precio que tiene su cabeza. Los mismos que son arrancados, furtivamente, cada noche por quienes siguen fieles al ex dictador o se rebelan contra la presencia de fuerzas extranjeras en su territorio.





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