Salomé: la danza mágica de un mito - El Mostrador

Martes, 21 de noviembre de 2017 Actualizado a las 13:15

Una película del realizador es

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Salomé: la danza mágica de un mito

por 31 agosto, 2003

Con una puesta en escena atrevida y atractiva, llena de un gran colorido, deslumbrantes y geniales juegos de luces y sombras, y mucha belleza y precisión, Salomé cuenta mediante la danza y la música la tragedia que tuvo lugar hace más de dos mil años en Galilea cuando una muchacha pidió como precio por su baile la cabeza de un hombre.

En algunas oportunidades las imágenes cobran vida por sí solas. En ocasiones, cada cuadro logra ensamblarse armónicamente, uno tras otro para conformar una perfecta conexión y deliciosa composición.



A veces la música parece apoderarse de cada plano, y estos imbuidos en un estado de placidez sensual, se desplazan, impactan y deleitan al espectador, inventando una seductora danza de imágenes que logra dejar en segundo plano lo que se quiere contar como argumento, muchas veces como excusa para dar un impacto preciosista.



El talento del gran director español Carlos Saura radica en lo que logra en su trabajo al deslumbrar estéticamente con decorados simples y bastante usados, pero plasmados de una extraña y grata mezcla entre poderosos sonidos musicales, plásticas coreografías y una interesante atmósfera entre realidad y ficción.



Es indudable que Salomé posee una trama simple y sin muchas aristas. Sin embargo, la calidad de las imágenes hacen que el espectador se preocupe mas del aspecto visual que del narrativo o argumental.



En Salomé, Aída Gómez está ensayando con sus bailarinas. El director va esbozando la coreografía, la música, el decorado. Las ideas van tomando forma. De repente descubrimos una silueta en una silla de ruedas. Es Herodes, Tetrarca de Galilea. Estamos en su fiesta de cumpleaños. Herodes quiere que su hijastra baile para él, a cualquier precio, pero la joven se niega: solo le interesa un predicador llamado "El Bautista".



Cuando Salomé fracasa en su intento de seducir al hombre santo, frustrada, accede por fin al deseo de su padrastro bailando para él un baile hermoso, sensual e impúdico. Victorioso, Herodes se dispone a cumplir su promesa pero la petición de la joven le deja petrificado: Salomé quiere la cabeza de Juan El Bautista.



Carlos Saura nos recrea de gran manera el proceso creativo de la compañía teatral que esta preparando el espectáculo musical de Salomé. Si bien, la cinta comienza como una suerte de documental que relata cómo se van levantando las escenas de la obra, cómo se va domando la luz cálida, el maquillaje carnal, las coreografías flamencas, el vestuario colorido y el decorado minimalista, posteriormente se llega de gran forma al clímax de la obra -con el ensayo general de Salomé- de Saura en donde lo surreal cobra vida y parece mezclarse con la realidad en un maravilloso juego escénico de celos, miedos, encuentros, venganza, ira, desamor y arrepentimiento.



La historia no tiene una especial importancia dramática, pues sólo sirve para entender los acontecimientos que irán sucediéndose en el ballet, convenientemente explicados durante los ensayos.



Pero más que llevar una obra de teatro al celuloide o crear un registro de cómo se monta un espectáculo de tamañas características, el director logra componer -también gracias a un montaje soberbio- un retrato emocional y a la vez carnal se seres enfrentados a situaciones extremas, por supuesto dentro de un marco de genial tensión a nivel argumentativa y coreográfica, pero bello y particularmente sincero en términos artísticos.



Es conocido que Carlos Saura es un autor de fuerte contenido visual. En este caso juega a confundir o deslumbrar al público invitándolo al meollo del proceso de creación. Y lo hace con todo su oficio, dejándole penetrar entre bambalinas, acudiendo a las dudas de los propios autores-actores de la obra. Pero son los bailes los que se siguen con más interés por su belleza y precisión, amplificada gracias a los ajustados y naturales desarrollo de los integrantes del elenco.



Si bien Salomé no brilla por su desarrollo narrativo o interpretativo, sus logros en amplios términos de estética y composición suplen las deficiencias. Llamada a revitalizar el género, el último trabajo de Carlos Saura intenta dar una lección a quienes abusan de sus recursos en el cine y caen en la exageración.



Salomé pisotea al ritmo de la música a quienes critican su formalidad y a la vez simpleza, su sencillez, su magia, su talento.

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