La ONU como último muro del mundo bipolar - El Mostrador

Domingo, 19 de noviembre de 2017 Actualizado a las 21:32

Opinión internacional:

La ONU como último muro del mundo bipolar

por 9 noviembre, 2003

La mentada reforma no debe apuntar sólo a una nueva estructura del Consejo y sus procedimientos, esa "nueva arquitectura" en que coincidieron Kofi Annan y Ricardo Lagos como necesaria para el organismo, sino también a la superación de la dualidad que el ente mantiene en sus propias construcciones conceptuales, pues Naciones Unidas arrastra vestigios claros de la Guerra Fría.

En esta coyuntura de un Irak en estado de caos, la ONU parece tener la oportunidad de recuperar su poder negociador y su vigor de garante de la paz. Sin embargo, los vestigios ideológicos y métodos iniciados tras la Guerra Fría, tienen entrampado al organismo.



Durante su visita a Chile, el Secretario General, Kofi Annan, recibió la "coincidencia" del Presidente Ricardo Lagos en torno a la necesidad de reformular el organismo "a la brevedad". Una nueva arquitectura para la ONU, que implique que el poder político no se concentre exclusivamente en las grandes potencias, es lo que se buscaría.



Las Naciones Unidas dicen estar en período de reforma, pero que en la práctica no la ejercita. Lo ocurrido en Irak este año 2003 demuestra el marco de ambigüedades por el cual atraviesa. Este cuadro ha contribuido a la decadencia, la misma que se destiló en la conversación de Annan el viernes pasado en la CEPAL.



Los atentados sufridos por el personal de la ONU en conflictos como Kosovo, Timor Oriental, Burundi y, recientemente y el peor en su historia, en Irak, confirman un estado de situación que viene desarrollándose desde hace más de una década.



El ataque sufrido por la ONU en Baghdad es de otra naturaleza. Ocurrió cuando los poderes de la ocupación -EEUU y sus aliados- habían llevado la vulnerabilidad del sistema multilateral a límites inconcebibles en el período cuando existía la ex URSS. Con todo, esa extrema fragilidad de la ONU es aparente, y es también su máxima virtud. Nunca antes los EEUU habían estado más dependiente de ella que en estos momentos, en que su situación en Irak se encuentra en un callejón sin salida.



El hecho de que EEUU y el Reino Unido aún no puedan formar una verdadera fuerza multinacional y que deban recurrir a la ONU para conseguirla, explica la dualidad a la que está siendo sometido el organismo como el único que puede velar por los intereses comunes de las naciones. Es probable que, como se demostró en la Península de Corea con la guerra del '49 y en Viet Nam en los '60, mientras más embates deba enfrentar Naciones Unidas, más sale fortalecida.



Sin embargo, la ONU es el último muro del mundo bipolar y arrastra vestigios claros de la Guerra Fría. No se trata sólo de la estructura del Consejo y sus procedimientos, que una mayoría de países quiere reformar por considerarlo de anquilosado en la confrontación bipolar del pasado. El ente más planetario del orbe también ha sido víctima de la dualidad en sus propias construcciones conceptuales.



La ONU no puede funcionar en clave de globalización debido a su hiper-fragmentación. Salvo en su mandato por la paz, no está integrada. Su accionar se dispersa en una configuración que no está modulada para los requerimientos. Muchas de las críticas expresadas por EEUU desde la década de los 80 respecto al rol del organismo parecen ser hoy más válidas, sobre todo en lo que respecta a Irak, donde poco ha podido hacer.



Con todo, la crítica de EEUU lleva un contrasentido. Naciones Unidas no inventó el sistema mundial que hoy impera, ni tampoco generó los cambios en las economías de los países, por mucho que el FMI y el Banco Mundial formen tibiamente parte de ella.



El sistema internacional que rige hoy, se ampara en un diseño de laissez-faire mundial, gobernado esencialmente por los organismos financieros que determinan las políticas económicas de los países. La carta fundamental por la cual podría ordenarse una nueva ONU no podrá depender solamente de lo que decidan las constituciones de los países, sino también deberán entrar a tallar los organismos supranacionales, sobre todo los que han tenido de verdad la sartén por el mango en materia económica.



Tal carta deberá incluir también aquellos organismos comúnmente llamados "alternativos", los que hasta el momento no han participado en el diseño de los instrumentos internacionales por los cuales se rigen las naciones.



La transformación de las reglas



La reforma del sistema de la ONU es quizás una necesidad imperiosa, pero ella no puede estar desprovista de un cambio más global del marco de relaciones internacionales.



Quizás Naciones Unidas es el ente que en mayor medida ha contribuido a mantener algunos equilibrios entre los países, pero es sólo una parte del sistema, que hoy tiene características diferentes a las de décadas pasadas. El peso de los organismos globales que manejan las finanzas en el mundo es más decisivo ahora de lo que era hasta antes de los ochenta, década en que la economía mundial cambió y luego vino la caída del polo de crecimiento no capitalista.



Las reglas del juego se transformaron sin que los países y organismos hayan logrado conformar un marco de funcionamiento que garantice la seguridad y la eficacia de las acciones humanitarias.



El "nuevo orden mundial" -prematuramente augurado por Estados Unidos y refrendado por el sistema de organizaciones internacionales en los comienzos de los noventa, a partir de la "caída de los muros" y la descompresión de la Guerra Fría- es apenas una elucubración de nivel macro, pues se trata más bien de un entramado de conflictos y no de una plataforma de orden moderno.



El órgano global que estaba destinado a acompañar las transformaciones a partir de la "caída de los muros" y a liderar un nuevo marco conceptual de relaciones y una reconstrucción pacifica de las zonas más afectadas, es ahora un instrumento caduco.



La ONU nació para realizar tareas en un mundo que ya no existe y por eso es que no funciona. Cuando aquellos que sostienen que la presente globalización es irreversible y que no hay espacio para las nostalgias, analicen el rol del organismo ayer, hoy y en el futuro y vean la realidad, se quedarán sin "esa Naciones Unidas" y con el recuerdo de lo que sirvió.





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