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Análisis internacional

Los presuntos implicados de Madrid

por 16 marzo, 2004

No es el grupo musical español de textura aterciopelada. Es el compacto publicitario para entregar una versión pública de quiénes son los terroristas que montaron la tragedia en Atocha. Los dardos están cargados otra vez en Al Qaeda, razón de sobra para estar alerta, no solamente con los posibles nuevos atentados, sino con la información que emerge de la investigación.

El triunfo de Rodríguez Zapatero, en las elecciones de España, 72 horas después de los atentados, no podría atribuirse directamente y solamente a los atentados. Esta sería una explicación llena de facilismo. Este tipo de conclusión facilitaría la labor contra el terrorismo que actualmente encabeza la administración en los EEUU, que ha demostrado estar plagada de oportunismo político en connivencia con medios muy importantes.



Por ejemplo, el matunio El País, de la propia España, ya ha lanzado conclusiones prematuras -sí una investigación acabada- de que se trataría del mismo grupo islámico que atentó contra las torres gemelas. El País hace tiempo que perdió su antigua autonomía, al asociarse con el conglomerado del International Herald Tribune (IHT). Se demostró en el doble estándar de una línea editorial ambigua respecto a la invasión a Irak -El País constantemente apoyó la tesis de que Iraq poseía armas de destrucción masiva-. Al mismo tiempo, los artículos en inglés emanados de El País, que aparecían en la edición del IHT, generalmente, favorecían la idea de una invasión.



De que al Queda u otro grupo de terrorismo asociado al islamismo o al nacionalismo árabe afecta a la política de un país occidental, es precisamente lo que los actuales diseñadores de las políticas contra el terrorismo, desean tener en su dossier. Aceptar esta explicación es continuar fomentando el facilismo adoptado por una mayoría de líderes en el mundo, como ha quedado demostrado en sus reacciones frente a lo de Iraq: legitimando finalmente la primera invasión del siglo 21 al márgen del derecho internacional.



Los que investigan los hechos de Atocha deben ser fiscalizados para evitar que se produzca otro episodio distorsionado, como el de las armas químicas. En este sentido, Irak dejó un patrón de conducta en los asuntos de estado que no puede volver a repetirse. Mas bien debería erradicarse y la investigación de lo de Atocha debería ser demostración de un cambio del curso de acción de lo que se ha presenciado hasta el momento.
Una investigación independiente de los países que conforman la alianza que invade Iraq es lo que corresponde.





Los riesgos de una seguridad global a-la-Bush



El acto Gubernamental de la administración Bush para imponer un concepto unilateral de seguridad global en el mundo , obtiene con el atentado de Atocha una especie de "blue print", certificado de aprobación de una estrategia de lucha antiterrorista que ha fracasado. Peter Preston, en The Guardian, sostiene que a pesar de la reunión de algunos Jefes de Estado y Ministros de Justicia en Bruselas, esta semana, para adoptar medidas sobre el terrorismo en Europa, "en la base, Europa y los que lo combaten estan en la oscuridad". Agrega, que no hay estategia clara, y los EEUU con su accionar han complicado más las cosas.



Los hitos clave como el 11 de septiembre del 2001, los episodios en Iraq 2003, y ahora Atocha 2004, y quién sabe si habrá otros -a menos que los demócratas en los EEUU salgan de su aletargamiento y oportunismo politico electoral-, más que datos que desestabilizan la siquis, conforman un puzzle lleno de inconsistencias. Estos hechos se han convertido cada vez más en una caja negra del terror, a la que muy pocos tienen acceso, y allí reside un problema básico.



Lo que aparece en los medios es procupante, porque es justamente lo que la estrategia equivocada necesita: la explicación fácil, lineal. No hay cuestionamiento en los procedimientos, aunque se esté a la distancia de ellos.



Mundo compartimentalizado



"Dejemos que cada uno haga lo suyo, en su espacio profesional. Así funcionan las cosas". Es la opinión de un político nacional, que al ser consultado sobre el tema del terrorismo, prefiere excusar que lo nombren, antes de estar obligado a aparecer con un cliché.



"Nosotros debemos dedicarnos a gobernar bajo ciertas condiciones o características. La consigna es no hacer olitas, en un área que no nos incumbre. Algunos hacen todo lo posible para que Chile tenga dificultades adicionales y entre definitivamente en la zona de las amenazas permanentes, léase apoyo oficial en Haití, tropas privadas en Iraq, tensiones con Bolivia, Venezuela". Quién habla no quiere ser nombrado en un ambiente donde el disentir recibe castigo. "Chile en algunos niveles tiene características de Gulag, y ahora con las inserciones en Haiti y en Irak es peor. Hay que pedir permiso para hablar".


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