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Análisis internacional

Irak: El desesperado nombramiento del ex general Saleh

por 4 mayo, 2004

El recurrir al general Saleh, un año después para pacificar Falujah, representa una derrota más de civiles como Dick Cheney, Donald Runmsfeld, Paul Wolfowitz y Condoleeza Rice, en la planificación estratégica.

Es prácticamente imposible escribir algo positivo sobre lo que sucede en Irak. Es el síndrome del presidente Chávez, parafraseando a Vicente Fox Quesada, el presidente de México, cuando dice que "Chávez siempre habla de cosas malas y uno se aburre de escuchar cosas malas. También hay cosas buenas". Un filósofo francés habla del pensamiento de los quejumbrosos, con un gran dejo de crítica para sumarse al club de los emprendedores, que son los que desean velar por el mundo. Basta darle una mirada a lo de Irak y se constata que Fox y el filósofo francés son como dos gotas de agua, lo mismo el club de los emprendedores.



EEUU decidió invitar a 20 países a formar la alianza libertadora, derrocar a Saddam, dejar la tendalada, y en un punto crítico un año despúes, llama al general mayor de la Guardia Republicana del régimen derrocado para ayudar a pacificar, una ciudad de 200 mil habitantes. A ese paso, para pacificar Irak en zonas ya en conflicto duro y otras potencialmente a serlo, se necesitarían por lo bajo 20 generales Saleh, con el correspondiente número de subordinados, lo que haría en la práctica retomar el camino iniciado por la CIA, antes de la invasión en febrero de 2003, de provocar un golpe blando de sedición militar contra Saddam, y salvar toda la trayectoria observada que ya ha costado la vida a cerca de 15 mil iraquíes civiles, según Independent Body Count, 50 mil millones de dólares, y que mantiene a la mitad de la población, que son niños, al borde del colapso de sus sistemas básicos de protección y supervivencia, varios miles de ellos huérfanos.



El nombramiento del ex general Saleh, de la Guardia Republicana del derrocado gobierno iraquí, para comandar las futuras acciones militares en Falujah, es una operación política de alto riesgo.
Por un parte, la maniobra pretende distensionar uno de los focos más radicalizados de resistencia a la ocupación, y provisto de una marcada adhesión al islamismo integrista pregonizado por el shiismo que representa al 60 por ciento de la población iraquí.



En otro sentido, reabre el camino a una negociación con miembros del antiguo régimen que aparecen como indispendables en la difícil pacificación del país. Esta apertura a miembros del partido Baas y a militares del ejército del régimen de Saddam, más bien es recomenzar un camino iniciado antes de la guerra (ver artículo de El Mostrador.cl, del 12 de agosto de 2003), pero cortado abruptamente por la desconfianza generada en los estrategas de la Casa Blanca, ante una resistencia inesperadamente violenta. Al parecer, el ímpetu y el avasallamiento de una invasión manejada por políticos que quieren ser militares, sin tomar en cuenta en cuenta consideraciones sociopolíticas más profundas, afectó el proceso de negociaciones con un espectro amplio y complejo de opciones.



El nombraminento de Saleh se ve en algunos iraquíes como una provocación, en otros como una búsqueda desesperada de la ocupación para encontrar una salida politica, curiosamente, con militares y militantes del partido Baas, hasta hace poco repudiados y al borde del exterminio, por los estrategas principales de la Casa Blanca.



"El nombramiento de Saleh puede significar mucho para pocos y nada para muchos", siendo estos la mayoría de los iraquíes, así nos habla desde Irak, Abdel Raouf, un profesional en petróleo que ha colaborado con El Mostrador.cl, desde el comienzo del conflicto. "Es un arreglo entre los grupos que se disputan el poder, que ya venía negociándose antes de la invasión. Se demoraron más de 12 meses, y tendrán más lecciones que seguirán costando vidas humanas. Cuando aprendan la lección completa no quedará nada en Irak. La industria del petróleo está a sus niveles más bajos, como en la época de los años 50".



Convencidos de que es resistencia a la ocupación



Como los estrategas no contemplaron semejante resistencia, se concentraron en desmantelar la administración del antiguo régimen, con el falso supuesto de los vínculos entre el partido Baas y Al Queda. Tampoco dieron crédito a las corrientes políticas moderadas del partido Baas.



La variable de un posible posicionamiento del integrismo islámico de los shiitas, fue en la práctica ignorada por un largo período de la ocupación, porque la prioridad número uno fue desmantelar las bases del régimen de Saddam. Ahora por la fuerza de los hechos, que no estaban en la matriz teórica, los estrategas consideran las raíces de la resistencia a la ocupación.



Al usar miembros claves del antiguo régimen, como el general Saleh, la alianza militar que ocupa Irak pretende llegar a un punto mínimo de opción política, que el Consejo Provisional iraquí, dirigido por Paul Bremer y Ahmed Chalabi -los dirigentes de facto de la ocupación- no pudieron conseguir.



La incorporación del general Saleh es un paso radical en la contingencia militar, pero aparece tarde en la formación de alianzas más amplias con sectores seculares del país. Samir Alí, un empresario que se opuso al régimen de Saddam, pero igualmente se opone a la ocupación, nos dice desde Irak "que es un acto desesperado de la ocupación para evitar masacres mayores." No ve en "la nominación de Saleh un acto de fineza política. Es la misma ocupación de siempre que actúa en base a los tumbos, "toman las cosas como vienen, quizás sea para ellos mejor así, porque en Irak la planificación occidental se encuentra con otra lógica". Termina diciendo: "Al centro de Irak se concentra una cultura de más de dos mil años; es más antigua que el cristianismo y el judaísmo; no acabarán nunca por destruirla" .



Vuelta al punto 0: reprimir a los shiitas



La negociación visible se empieza a consolidar con el General Saleh, a cargo de Falujah, pero es indescifrable cómo va a continuar y a qué va a llevar. Es probable que la estrategia de la ocupación sea lograr una alianza con el antiguo poder desmantelado ( ver El Mostrador.cl de 14 de noviembre 2003) para aplastar el crecimiento en espiral del radicalismo shiita, que tiene fuertes vínculos con el régimen en Irán. Hay que recordar que el Ayatollah Khomeini resididó en la zona de mayor resistencia a la ocupación actual de Irak por 15 años, en Najaf, y que dejó sentada una buena germinación de líderes para convertir a Irak en una nación shiita al estilo de Irán, motivo por el cual sufrieron la represión del reégimen derrocado por la invasión.


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