Irak, Paul Johnson y Allende: los fantasmas de la década del 60 - El Mostrador

Viernes, 24 de noviembre de 2017 Actualizado a las 10:21

Análisis internacional

Irak, Paul Johnson y Allende: los fantasmas de la década del 60

por 20 junio, 2004

Las revelaciones de torturas encomendadas por la autoridad de la ocupación en Irak y la infomación de la comisión independiente del Senado de los EEUU, indicando que no hubo vínculos entre el régimen de Hussein y los atentados del 11 de septiembre de 2001, configuran parte de un cuadro que no se sospechaba ni en el más pesismista de los analistas antes de la invasión.

Las revelaciones de torturas encomendadas por la autoridad de la ocupación en Irak y la infomación de la comisión independiente del Senado de los EEUU, indicando que no hubo vínculos entre el régimen de Hussein y los atentados del 11 de septiembre de 2001, configuran parte de un cuadro que no se sospechaba ni en el más pesismista de los analistas antes de la invasión.



Con lo de Irak, el proyecto de globalización se enreda cada vez más. El fraude, la ruptura de procedimientos internacionales legales, el predomino de la razón de la comunicabilidad, y la pérdida de control de la normación, son señales de una situación que ya adquiere características de paradigma. Lo que sucede día a día desafían una que otra matriz de análisis, en el área de la actividad que sea. Paz y seguridad, en principio; el arte de la política y la guerra y sus ramas subsidarias entre otras.



Sin embargo hay una que pareciera escapar o diluirse entre tanto remezón bélico y tanta sorpresa, pero que constituye el hilo conductor y esa es la ideológica. Una ideología donde predomina lo oculto, como si contenido del plan o diseño e ocupar Irak estuviera determinado por esa condición.



El estreno de la intervención preventiva en aras de una nueva doctrina de seguridad global que traspase fronteras, entrega dictámenes como los que surgen desde Irak y la zona adyacente desde hace varias décadas. Lo que observamos que aparece como inexplicable, es exactamente lo que el plan determinaba: no interesa que se sepa. Uno a veces acude a ese candor de que las cosas no pueden ser así en la conducta exterior de los EEUU, pero es exactamente lo que uno observa, un predominio del pragamatismo, pero esta vez profundamente oculto.



El médico y antrópologo chileno Claudio Sepúlveda Alvarez que palpó los cimientos de la presente crisis en un viaje con el Secretario de Estado de Bush Sr. James A. Baker, en un sabio libro "Refugiado del Irak milenario" (Mosquito Editores 2003), reflexiona "si el pragmatismo que predomina no sería el arte de actuar antes de saber y si en ello, no estaría en juego la tradición anglosajona de Bacon a Dilthey, aun sin que lo sepamos".



Triunfo de de la doctrina de la amenaza permanente



Más se informa uno a través de las publicaciones europeas del retroceso de la "izquierda" en el parlamento europeo, más se vislumbra una sensación de que al europeo le quedó grabada la amenaza terrorista que intentó implantar los EEUU como elemento central en el quehacer político.



Así como el impacto inmediato del efecto Atocha fue la derrota de Aznar, continentalmente Atocha empieza a tener el efecto estratégico más deseado para los EEUU: Europa entró en clave de lucha antiterrorista como elemento central en el tema de la seguridad. Europa antes tenía un terrorismo localizado y aparentemente previsible, y aun con situaciones no resueltas con la ETA, el Ira, y más allá de las fronteras con el Frente Polisario ( ex sahara español), el esquema clásico de la lucha anti-terrorista se trizó. Con la invasión a Irak y la formación de una alianza con ingleses, españoles, italianos, polacos daneses, principalmente, esa antigua matriz de amenazas terroristas sobre Europa, que se estudia en las academias, de pronto queda suspendido por obra y gracia de un diseño externo, casi exclusivamente estadounidense, y más todavía de un equipo de ideológos que llegó al poder por la insolvencia del sistema.



Un grueso giro hacia los 60



Cuando las tropas estadounidenses finalmente tomaron Baghdad a fines de abril del 2003, y las estatuas de Sadam Hussein rodaban por las calles, una de las declaraciones favoritas de Donald Rumsfeld, el Secretario de Defensa de los EEUU, consistía en relacionar a Sadam con las figuras clásicas del repertorio anti marxista: "Su esfigie se juntará con otras estatuas de tiranos como las de Lenin, Stalin, Ceacescu, Sukarno, Idi Amín ".



Este "whopper" histórico lo vió y lo escuchó la mitad de la humanidad. Y, si no fuera porque esa mitad estuviera preocupada de los bombardeos que continuaban, esta sentencia de capitulación del régimen podría haber pasado inadvertida.



De los monstruos modernos, Rumsfeld omitió a Hitler, y la pléyade de benefactores de cárceles y cementerios en América Latina. Podría haber nombrado a Mao pero con China hay que ser más preciso. No fue un lapsus. Era el mensaje ideológico de la guerra contra Irak, y de lo que vendría después. Si uno piensa con serenidad, mucho de lo que ha ocurrido y que aparece como inconsistente o aberrante, en el fondo, para los planes de hegemonía en la región del asia menor y de homegeinización en la información, es parte de un diseño impuro pero eficaz que se ha cumplido con tenacidad.



Las declaraciones de Paul Johnson, el historiador estadounidense, sobre el Gobierno de Pinochet, entran en esa zona de que los triunfos estadounidenses de una guerra fría que continúa, serán utilizados para darle una justificación a la actual ocupación de Irak.



En el armado ideológico que se forma en torno a los eventos de Irak, la caída de Allende y el golpe de Pinochet juegan un papel importante y quizás central. A la larga, el gran fraude de la inexistencia de armas de destrucción masiva, y la ausencia de vínculos con los aten tados del 11 de septiembre, quedarán al margen del debate principal. El fraude en Irak será reemplazado por una mirada al futuro en base a los errores de Allende, Castro, Stalin y Lenin; todos en el mismo saco.



Coincidencias rigurosamente vigilidas



Las palabras del historiador Paul Johnson sobre Pinochet (Las Últimas Noticias), y las declaraciones del asesor presidencial Ernesto Ottone sobre Allende (La Segunda), coinciden en el tiempo con extraña simetría. Uno quisiera que pudiera ser esto producto de la casualidad, pero en cambio provienen de la "tiranía" de los años sesenta: un debate que quedó abierto respecto a la receta política en pos del bien común.



Aparentemente para los antitotalitarios no hay prescripción, y menos en política, pero uno lee y escucha sus opiniones y allí está el recetario determinista. Esto está bien, esto está mal. El viejo tufillo de estalinismo y macartismo otra vez estableciendo límites y condenas.



No habrá necesidad de continuar fiscalizando el curso de la acción y la posibilidad de otros fraudes. El futuro de la democracia estará en manos de la prueba de la blancura. Las palabras de Paul Johnson tienen eficacia en un sector de personas que lideran opinión y que viven del tráfico del poder, en el sentido de que después de regímenes totalitarios como los de Sadam, es posible esperar distorsiones y montañas de situaciones inexplicables como las que vemos en Irak. Al fin de cuentas el fue como Lenin y Stalin, no como Hitler, Pinochet, ni Stroessner.

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