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O cómo USA intenta justificar

El juicio a Saddam Hussein: donde el presente no cuenta

por 4 julio, 2004

Todo el foco se centrará en que Saddam fue el anatema de la democracia. Alrededor del juicio se montarán señales. Una señal para los que aún mantienen vías autocráticas de gobierno. Otra para las monarquías del medio oriente que de acuerdo a los think tanks sobre los cuáles se apoya la presente administración, hay que derrocar.

Con Saddam el pasado cuenta, y en este juicio, hasta los hitos más remotos de su advenimiento en política serán analizados. En el fondo se convertirá en un juicio ideológico llevado a su máximo aprovechamiento para alejar el foco de lo que continúa siendo la anormalidad principal: un gobierno instalado como en los mejores tiempos de las dictaduras en Latinoamérica, en un país que continúa siendo ocupado, situación que no ha sido fiscalizada.



Según el cuerpo Independent Body Count, aún no se sabe si las víctimas fatales en Irak, son 16.000 o 20.000 desde que comenzó la invasión el 17 de marzo de 2003. Tampoco se sabe que ha pasado con 60 mil millones de dólares de los EEUU por ingresos del petróleo, según Electronic Irak.



El Programa Mundial de Alimentos desistió de distribuir su cuota de suministros por que no existen la redes. Decidió en cambio entregar la ayuda en dinero para que las personas accedan a lo que se ofrece en los mercados.



Una fuente interna nos informa que hay de todo en Irak, lo que no hay es dinero y seguridad. Fuentes del gobierno señalan que una inyección de más liquidez a través de la ayuda internacional a la gente provocará mayor inflación. Sin embargo esto no sucede con el agua potable donde apenas funciona un 25 por ciento de las redes que había en el tiempo de Hussein. Muchos se preguntan si el juicio tiene utilidad práctica que no sea la política. Otros irakíes que no se exiliaron y aguantaron a Saddam señalan que el juicio es una prioridad para Bush en su campaña electoral para esconder el fracaso de su gestión en Irak, y también la vendetta de los que están en el poder.



El pasado no cuenta



El pasado no cuenta con los que inventaron el expediente falso, con la connivencia de la ONU, respaldados por una danza de millones de dólares en inspecciones de armas y en conferencias de último minuto. Por último y en principio, el pasado no cuenta para los administradores que son los responsables políticos - tanto como Saddam en su pasado- por los casi 20.000 muertos que lleva el episodio desde la invasión. Para este grupo de políticos que llevó a la invasión a Irak, el pasado no cuenta y es más que probable que no cuente nunca.



Todo el foco se centrará en que Saddam fue el anatema de lo democrático. Alrededor del juicio se montarán señales. Una señal para los que aún mantienen vías autocráticas de gobierno. Otra para las monarquías del medio oriente que de acuerdo a los think tanks sobre los cuáles se apoya la presente administración, hay que derrocar. El juicio también será un mensaje en una batalla obsesiva que esta administración de los EEUU tiene con el pasado comunista en algunas partes del mundo. Saddam era un tirano, a la par con Lenin y Stalin, como le gusta repetir a Rumsfeld y Wolfowitz (un ex -trostkysta). Curiosamente, Saddam era un artefacto bien de derecha , y hasta entrenado en el esquema de la contención de la expansión comunista en el mundo.



El Baas, vigente



Habrá Saddam para todos los gustos y el gobierno irakí lo usará para anticipar lo que no podrán conquistar facilmente: su legitimidad y la "desaddamización" del país. El hombre en juicio sigue siendo genio y figura, preso y todo, nos informa Samir Alí dese Baghadad. Samir nos confirma que en Irak se está produciendo una restitución de la legitimidad del partido Baas en varios frentes como el militar, en la administración pública, y los manejos de los liderazgos locales. " Se está dando una separación de lo que es la figura de Saddam y lo que es el partido Baas, que es la única estructura política organizada en Irak nos recalca Samir. El Mostrador, en crónicas del año pasado ya había informado de que la formación de una plataforma política en Irak para negociar y resolver escollos más confrontacionales, pasaba por un regreso del Baas en devenir político.



La salida del administrador Paul Bremmer, en este sentido, ha sido esencial para poder usar los elementos propios de la política irakí. Bremmer había sido partidario de la erradicación de cualquier vestigio de baasismo en Irak para estabilizarlo.



Camino a la perdición



El juicio a Saddam es la primera oportunidad que se le presenta al gobierno de nacionales establecido por la ocupación, para legitimarse frente a la opinión pública irakí e internacional.



El juicio -que en el fondo será todo un proceso de alta carga mediática- le permitirá disminuir al gobierno el peso de la crítica
sobre los procedimientos usados para acceder a ese poder. También será un intento más de la política del "borrón y cuenta nueva" que se instala con celeridad en todo lo que se hace en Irak.



La armas químicas que no se encontraron y que aún no se han podido implantar, aparentemente no entran en la matriz del análisis. Tampoco el verdadero "cuento del tío" de que el régimen derrocado, tenía vínculos con los atentados del 11 de septiembre de 2001. A ese paso, la película de Michael Moore, Farenheit 9/11, después de una primera mirada, podría perfectamente formar parte del dossier del Departamento de Información del Gobierno Irakí o la Casa Blanca: lo pasado no cuenta, lo que importa es la democratización del medio oriente.



Como es de conocimiento público, este gobierno irakí, ha sido reconocido por los gobiernos de la región y por las Naciones Unidas. En la práctica no es un gobierno elegido por los irakíes sino que un gobierno del consenso a que se llegó en el Consejo de Seguridad de la ONU.



Pero también es de conocimiento público que este Gobierno está formado en buena parte por exiliados irakíes financiados por el Irak Liberation Act de octubre de 1998 pasado por el Congreso estadounidense a instancias de Bill Clinton para derrocar a Saddam. Gran parte de estos fondos fueron utilizados en actividades de sabotaje, espionaje, e infiltración. Algunos reporteros destacados como Martin Kettle de The Guardian, y Seymour Hersh de The New Yorker, sostienen que gran parte del resultado de lo que sucede en Irak hoy, es reponsabilidad de los que utilizaron esos fondos para derrocar a Saddam.



El monto exacto de esos fondos no se hizo público, y la cifra se amoldaba de acuerdo al progreso en el plan de derrocar a Saddam. Cuando los fondos se acabaron y los intentos de derrocar a Saddam por medio de diferentes vías se agotaron, se produce la decisión de invadir Irak a toda costa. La primera opción de legalizar el derrocamiento de Saddam fue la que conocemos, vía Naciones Unidas. El resto ya es conocido.



El juicio a Saddam será un viaje a su pasado, que sin lugar a dudas promoverá diversos enfoques acerca de cómo difundir la democracia en el mundo. Sin embargo el otro viaje, el viaje reciente del Gobierno republicano de los EEUU para invadir Irak y derrocarlo, con un pasajero en connivencia, la llamada curiosamente "comunidad internacional", no forma parte de ninguna investigación, pero forma parte del presente. El juicio a Saddam contribuirá a formar esa nebulosa de este presente y reciente pasado.



En el mundo actual, los gobiernos, las autoridades no son legitimados ni por las primeras mayorías que pudieron haber obtenido, ni por los niveles altos de aceptación en las encuestas de opinión. Se autolegitiman borrando una parte del dossier, fiscalizando los que les conviene.



Nunca antes un juicio podría haber estado más distorsionado por el contexto, que este que se inicia sobre los crímenes de Saddam. Nunca antes un solo personaje -preso y acusado- sería clave para legitimar un gobierno impuesto por un racimo interminable de ilegalidades.



Saddam en su hora más histórica, siempre el personaje que está allí en las horas clave de su país. El juicio se convertirá posiblemente en un arma de doble filo, porque lo que está en juego no es enjuiciar a Saddam por siempre, lo que está en juego es todo el plan de estabilizar a Irak. ¿Pero en cuanto tiempo? ¿ Dos, tres años, quizá?



Con este juicio a Hussein, entramos a la fase en donde el residuo cultural de la "hiper pos-modernidad", donde todo vale, ahora es aplicado en política y en seguridad global. Más que una curiosidad, es una realidad que se convierte en el estilo a seguir en el futuro.

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