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Xilografías y Linóleos:

Cultura - El Mostrador

Retrospectiva recorre el impulso indígena en el grabado de Santos Chávez

por 16 julio, 2004

Hasta noviembre el Museo de Arte Precolombino mantendrá una retrospectiva de la obra de Santos Chávez, en un intento por dar cuenta que la cultura indígena de nuestro país se encuentra en movimiento y revalorar la obra del artista.

Al final de su vida, Santos Chávez se volcó hacia el retrato del misterio de la naturaleza girando paulatinamente hacia la abstracción. Nunca dejó en todo caso de capturar la fuerza de los paisajes del sur de Chile, los que grabó en planchas de madera conectándose con su origen mapuche y entregando aires frescos al trabajo artístico indígena de nuestro país.



No por nada, hoy el Museo de Arte Precolombino monta una exposición retrospectiva de la obra de Santos Chávez, Xilografías y Linóleos. En una dirección aparentemente opuesta, la entidad dedicada a la conservación de la artesanía de los pueblos originarios, mantendrá hasta noviembre la obra de un chileno que sólo murió hace tres años.



"Hasta hace muy poco se privilegiaba que la pureza de la cultura siempre había que rescatarla en términos de su antigüedad en el pasado", explica Francisco Gallardo, curador de la exposición y funcionario del museo, para agregar que la trayectoria biográfica de Santos Chávez da cuenta justamente del proceso que vive en nuestro tiempo la cultura mapuche.



"Santos Chávez viene de una zona mapuche, emigra a la ciudad como muchos otros campesinos, indígenas y prácticamente se reinventa. Necesariamente tiene que reinventarse a partir de medios artísticos y de pensamientos que probablemente no son propios de su zona, pero que finalmente se convierten en una mezcla entre lo que él trae, que es su cultura campesina, y la cultura moderna de la ciudad", explica Gallardo.



Efectivamente, la vida y la obra de Santos Chávez pueden leerse como un provechoso choque entre la cultura mapuche y la occidental. Nacido en 1934 en la zona de Tirúa, Región de la Araucanía, quedó huérfano a los doce años, aunque antes ya había comenzado a trabajar en pastoreo de animales y labranza de la tierra. Hasta adolescencia, su vida la pasó esperando los cambios de naturaleza con el cambio de las estaciones.



Sin embargo, a los 14 años se traslada a Concepción donde se conectará con las artes plásticas, mundo al que entrara por pura admiración, pero por el cual luego viajará por todo el mundo. Las imágenes de su infancia nunca lo dejarán. En México, Estados Unidos o en Alemania, Santos Chávez volcará en su obra los paisajes de la naturaleza en los que se sumió de niño.



Pero no sólo el paisaje, sino que el mundo mapuche, cultura con la que se conecta por la familia de su madre. "Eso se aprecia en su arte, no sólo porque es distintivo en términos de su iconografía, uno ve el sur ahí. También el hecho de que él trabaje en madera: eso es tradicional del mundo mapuche, en el que se hace todo con la madera", explica Francisco Gallardo.



Justamente la técnica elegida por Santos Chávez, el grabado en madera o xilografía, es una huella precisa de sus orígenes. "En realidad el trabajo es el de un artesano. Construir esas matrices significa una destreza técnica, una familiaridad con los instrumentos, con los materiales, una afectividad con ellos", explica Gallardo, enfatizando el lazo directo que establece a través de ellos con el mundo mapuche.



Mundo que no sólo está presente en la materialidad, sino que también y de forma evidente en los motivos de su obra que da cuenta de la relación que mantiene el pueblo mapuche con el paisaje. "El mundo que representa es uno donde el sol, el viento, el agua, todo es una pequeña divinidad. Hay todo un panteón de pequeñas divinidades que animan estos paisajes que representa y eso lo trae de su cultura indígena y campesina", explica Gallardo.



Sus casi 20 años en Europa, en todo caso, tuvieron impacto en Chávez. No es que haya olvidado la naturaleza, pero sí que su impulso derivó desde lo figurativo hacia lo abstracto. "Su preocupación se vuelve mucho más artística que representativa. Empieza a usar más la expresión de la fuerza más secreta de la naturaleza", explica Gallardo,



En los últimos años de su vida, Santos Chávez exploró el gesto y simplificó -en apariencia- sus xilografías. Intentaba plasmar el misterio latente de la naturaleza que siempre lo acompañó. No obstante, el cáncer terminó por liquidarlo en días que declaraba necesitaba tiempo para seguir trabajando. Dos meses antes de su muerte aun intentaba con acuarelas.



Aunque hasta ahora la obra Santos Chávez ha tenido un impacto relativo, en el mundo de las artes visuales de Chile y Latinoamérica su trabajo es altamente valorado. En el Museo de Arte Precolombino, puede verse un recorrido por las xilografías que realizó, las que están acompañadas por las planchas de madera que utilizó para capturar la cultura y el paisaje del sur de Chile, reforzando así la identidad del mundo mapuche.



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