Germán Marín: ‘Me veo como un tipo de la vieja guardia que ha sobrevivido’ - El Mostrador

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Germán Marín: 'Me veo como un tipo de la vieja guardia que ha sobrevivido'

por 24 diciembre, 2004

El escritor y editor de Random House Mondadori afina detalles de su última novela, la que cierra la trilogía autobiográfica Historia de una absolución familiar. Según anuncia, con ella podrá fin a su carrera literaria. "No tengo nada más que decir", asegura.

Por estos días, aunque sin apuro, el escritor Germán Marín afina detalles y termina de pulir su última novela. Un libro que cierra la trilogía llamada Historia de una absolución familiar, con la que ha hecho un recorrido libre y acompañado de diversas ficciones por su biografía. Cuando lo publique, asegura que terminará su carrera como escritor público: "Después de éste, cierro el negocio".



El editor de Random House Mondadori, alguna vez tildado como escritor "de culto" por Alberto Fuguet, evita dar el título de la novela -que temporalmente lleva el nombre de La Ola Vacía-, pero adelanta que al igual que los dos tomos de la trilogía, Circulo Vicioso ('94) y Las Cien Águilas ('97), es una narración de compleja lectura. Pese a su ocupación laboral, Marín plantea que aun no sabe bajo qué sello será publicada, aunque espera que sea acompañada por una reedición de los anteriores volúmenes.



"Es el término de una trilogía que empecé años atrás con Círculo Vicioso y seguí con Las Cien Águilas. Este tomo es el fin. Se completa ahí la trilogía. Había un momento en que ya tenía que escribirla y terminarla. No es que hoy esté totalmente terminada, me cuesta mucho terminar los libros. En el fondo no los termino, los abandono. Estoy en detalles, equilibrios que trato de buscar, en fin, algo muy fatigoso. En el fondo, yo nunca lo terminaría", cuenta Marín.



Lector por trabajo y vocación, Germán Marín ve una mejoría en el estado de las letras chilenas. Además de advertir la aparición de una nueva generación literaria, asegura que los terrenos de la ficción y lo verídico están mezclándose sin perjuicios generando un híbrido muy interesante. En su labor de editor, adelanta que durante los primeros meses del 2005 sacará al mercado Huacho y Pochocha, una compilación de los cuentos de Enrique Lihn y Excesos, un conjunto de relatos inéditos de Mauricio Wacquez. Además, en abril llegará a las librerías el nuevo libro de crónicas de Pedro Lemebel, Bésame otra vez forastero.



La edición de Venzano Torres



Ambientada en Chile, Buenos Aires y Barcelona, en la novela Marín continúa el estilo narrativo que ha utilizado en el resto de la trilogía: dos líneas argumentales paralelas que se van alternando, mezclando ficción y hechos documentales. Mientras una primera trama se inicia en la década de los '50 y cuenta la historia del abuelo y el padre del personaje, la segunda es un diario que lleva el protagonista durante los '80 dominada por los hechos verídicos. En esta última se integra una correspondencia que mantiene con el crítico y editor de la novela Venzano Torres, el seudónimo que Marín utilizara durante los '60 para escribir ácidas críticas literarias.



"La parte ficcional termina a finales de los 50, la parte del diario, termina a finales de los 80'. Todavía en el exilio. La novela comienza en Chile. Después continúa en Buenos Aires, hasta que el personaje vuelve a Chile. El diario es escrito en el exilio, Barcelona, y se prolonga hasta que otro personaje, yo, vuelve a Chile: se entrecruzan dos viajes. La ficción y el documento se entrelazan y crean un resultado que es final de la novela", explica el autor.



- ¿Cuál es el papel de Venzano Torres en la novela?

- Es el editor de libro y lo prepara de modo que va dando luces respecto del libro a través de cada capítulo, en notas al final de capítulo. Ahí se van aclarando cosas que el editor considera necesarias. De ese modo se va enrevesando más. Además hay un diálogo epistolar a través de la novela entre Venzano Torres y el autor, y el autor muchas veces le relata cosas de la novela que a lo mejor no van a aparecer. O al revés, le cuenta los trabajos que está haciendo, cómo de pronto se siente auto censurado moralmente. Esto lo escribí por esto, esto y esto.



-El libro tiene muchos elementos cruzados, parece que esta tampoco es una novela sencilla de leer. Las Cien Águilas y en realidad toda tu narrativa, suele asociarse a una obra densa, compleja.

- ¿Por qué para mí fue necesario? No era para enredar la pirinola porque se me dio la gana de hacerle la vida difícil al lector. Esto me permitió lo que muchas veces en la narrativa el autor no puede solucionar. Es el problema de la perspectiva de narración. Cuando tú relatas la novela en primera (persona), jodiste ahí, no te puedes salir. Cuando la escribes en tercera, es muy difícil pasar al yo... lo hace Vargas Llosa, de pronto. Esa perspectiva de narración que inmoviliza la mirada, entre tanto tu tienes que usar distintos recursos que permiten ampliar el recurso. En ese caso, Venzano Torres tiene la posibilidad de intervenir en la novela, aparentemente desde la lectura, pero en el fondo está haciendo la labor de añadir contenido. Esa es un poco la técnica que yo uso para aumentar las miradas.



Ecritor versus editor



- El resto de la trilogía fue editada por Planeta, ¿bajo qué editorial vas a publicar esta novela?

- No tengo idea, no sé. Mira que trabajo en una editorial. Pero no sé. Quiero volver a publicar Circulo Vicioso, Las Cien Aguilas y este tomo, porque muchas de esas ediciones se agotaron, gente no las ha leído, entonces me gustaría publicar la trilogía completa; independientes, pero completa. Ahora dónde, no tengo idea. Me han ofrecido agentes literarios, que a lo mejor no es mala idea para no estar yo ahí en el manoseo con los editores.



- ¿Cómo te manejas como escritor en ese manoseo?, ¿puedes dejar fuera el papel de editor?
- Si, pero me cuesta, porque es jodido. Ahora, el Animal mudo levanta la vista se publicó bajo este sello, pero se resolvió en Buenos Aires, yo lo envié para allá, porque no me iba a probar yo acá. Es un problema, no sé. Para mi es más problemático que para cualquier otro autor, por el hecho de estar trabajando en una editorial. A la vez tengo un compromiso de lealtad con esta misma editorial. Pero eso no me preocupa realmente, lo único que me preocupa es darle termino bien a la novela, dejarla tal cual yo la quiero, bien pulida, en fin.



- Entiendo que esta "doble militancia" de escritor y editor te ha traído más de un problema con la editorial.
- Me ha traído problemas. Más de una vez me he dado el lujo de criticar libros de la editorial, cosa que es muy poco habitual. Le volé la raja... a ver, a quién fue... cuando el dieron el premio nacional a Volodia Teitelboim, que tiene como cuatro libros acá. Se enojó, llamó la editorial, me acusó. Se me anduvo moviendo el piso. Skarmeta también, que fue peor porque se quejó en Alemania donde están los dueños. Ahí, dije ya me voy. Después por ejemplo, distintos autores que empezaron a presionarme porque yo le estaba rechazando el libro. Un día para quemar el asunto, me referí públicamente a Andrés Velasco (en la foto).



Y cuenta: "Hable muy mal del libro que Velasco publicó en Planeta (Lugares Comunes). En la editorial fue un escándalo. Es que era muy malo, malo. El gallo me pedía explicaciones, me llamaba, nos entrevistamos. Me decía, 'Carlos Franz lo encontró muy bueno', 'bueno dile a Carlos Franz que te escriba un prólogo', le decía yo. 'Gonzalo Contreras también me lo encontró bueno', me dice. 'No sé por qué razón, extraliterarias, porque el libro no es bueno'. Entonces para estallar el asunto lo dije públicamente. Te imaginarás el cariño que me tiene el personaje".



La nueva generación literaria



Por tu trabajo, asumo que lees mucho y estás actualizado con la novedades, ¿cuál es tu visión general de la literatura nacional?
- Estuve bastante escéptico el año pasado. Estaba cayendo mucho la calidad de los libros chilenos y creo que de nuevo se ha ido levantando. Autores jóvenes que tienen una mayor calidad, mayor interés que lo que estaba surgiendo en los últimos años. Un poco producto de que hubo una deflación de lo fue la nueva narrativa; parecía que todo se agotaba y parecía que había que esperar una nueva generación, pero esa nueva generación ya estaba emergiendo. Lo que pasa es que no nos dábamos cuenta, porque eran distintos autores que estaban saliendo por distintos lados, pero de repente empecé a advertir que no, que empezaba a haber un cuerpo histórico que empieza pensar en algo, una nueva generación literaria.



- ¿A quiénes destacas de esa nueva generación?
- Hay que hacer un distingo. No veo esto adscrito sólo al género de narrativo como género tradicional, que es novela, relato... No. Sino que veo narrativa como prosa que puede ser de ficción o como documental. Con eso quiero decir que estoy viendo algo que para mi es muy novedoso, que es la crónica. Está (Pedro) Lemebel, está (Rafael) Gumucio, Roberto Merino. Empieza a haber ahí un género que se está abriendo, unos híbridos interesantísimos. En la parte de ficción, Cristián Barros (en la foto), Marcelo Mellado. Empieza a haber un grupo de nuevos autores, con nuevos temas, procedimiento, actitudes. Ese agotamiento que veíamos en la nueva narrativa creyendo que estábamos raspando el fondo de la olla, era verdad con respeto a ese grupo generacional.



O sea que más que estrictamente literario, ¿ves un momento cultural distinto y mejor?
- Creo que empieza a haber algo interesante, sobre todo ese carácter de hibridez de los géneros. Esto viene, en parte alimentado por el periodismo nuevo que empieza a haber en Chile; indudablemente se advierte un corte ahí. Deja de ser el periodista un trabajador asalariado, se atreve a abrir la agenda, etc. Eso es muy bueno para todos, para el lector que es el gran beneficiado. Otros materiales para escribir, para interpretar el país. Tipos como Lemebel que abrió el tema de la homosexualidad, me parece formidable. Como Gumucio que se abre respecto a determinados temas, un poco parricida de su propia clase social. Tipos como Patricio Fernández, que abre por ejemplo The Clinic, es una especie de bendición de los excesos y que ha ayudado a desacralizar incluso el lenguaje. No quiero decir que sea el descueve, pero lo noto distinto a como era hace tres, cuatro años.



"No tengo nada más que decir"



- Y ¿cómo te ubicas tú en ese panorama?
- Me veo como un tipo, llamémoslo así, de la vieja guardia que ha sobrevivido. No más allá de eso. A lo mejor digo esto reforzado con la idea de que esta novela que acabo de terminar es el último libro que voy a publicar. Lo voy a hacer. Después de este cierro el negocio, bajo la cortina.



- Dejas la literatura, ¿por qué?
- No tengo nada más que decir. Si sigo escribiendo no es para publicar. Porque si no escribo me aburro.



- Si ya no tienes más que decir, ¿qué crees que dijiste?

- Qué sé yo lo que he dicho. Algo he dicho. Si algo tenía que decir, que no sé lo que es, ya lo he dicho. No creo que tenga nada más y si tuviera algo más que decir, prefiero dejarlo en la carpeta. Con esto quiero terminar de escribir. Escribir también es una lata. Quiero aburrirme más, de otro modo. Quiero a lo mejor escribir, pero para mí, una novela que empecé un día y me fue como el forro. Quiero escribir una novela sobre China, porque yo viví en Pekín. Siempre me quedó pendiente, algo no resuelto.



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