El Viejo Mundo frente al desafío de combinar globalización y ciudadanía - El Mostrador

Viernes, 15 de diciembre de 2017 Actualizado a las 07:47

Análisis internacional:

El Viejo Mundo frente al desafío de combinar globalización y ciudadanía

por 4 junio, 2005

Detrás de la manifestación mediática de que la Unión Europea pareciera venirse abajo, lo más importante tiende a omitirse, y es el hecho de que en 15 de 25 países, el tratado por una Constitución común ya ha sido ratificado. El camino hacia los ''Estados Unidos de Europa'' está trazado y su inevitabilidad al parecer no está en juego.

Hace una semana se señalaba en estas páginas, que mientras Europa se conducía como un centro de poder vacilante, un eje dominante de gravitación política se trasladaba gradualmente hacia el Asia, con dos colosos como India y China presionando a una política exterior norteamericana aún en reformulación después del gravísimo error de invadir Irak sin legitimación internacional. Con el referéndum en Francia y Holanda para ratificar en ambos países el tratado por la Constitución europea, ese poder central vacilante que elude responsabilidades globales, parece de nuevo estar en el mapa mundial de las prioridades políticas.



Detrás de la manifestación mediática catastrófica de que la Unión Europea pareciera venirse abajo, lo más importante tiende a omitirse, y es el hecho de que en 15 de 25 países, el tratado por una Constitución común ya ha sido ratificado. Aunque un solo país no la ratifique, la materia debe regresar al consejo de Europa la instancia política central. Que esté refrendada en 15 países no es un dato menor porque en cualquier arena política ya es una cómoda mayoría como punto de partida.



El hecho de que Francia sea un país pivot en la gestación de la unidad europea, y de que Gran Bretaña tampoco ratifique el tratado por una Constitución, no significa que esa unidad cimentada por los tratados anteriores, se fracture o se venga abajo, como sostienen una legión de analistas enfervorizados con el síndrome de la unipolaridad y la excesiva importancia que se le asigna a la variable asiática y la omnipresencia estadounidense en el aspecto militar.



La unidad europea no sólo ha logrado subsistir, sino que ha crecido a pesar de la ambivalencia y dualidad política de los británicos. El rechazo en el referéndum holandés puede verse también con una especificidad similar al del plebiscito francés, donde se cruzan variables de incertidumbre -en la gente- hacia la forma en que estos países se benefician con la globalización sin protección y a ultranza. Es más que probable que en Europa se estén experimentado los primeros síntomas de cuestionamiento formalizado en este tipo de consultas, respecto a la integralidad de los beneficios de la globalización. Como los remedios y las enfermedades: me mejoró de aquí y me echo a perder allá.



Se podrán analizar los resultados en Francia y Holanda, como dos estallidos de protestas bajo una serie de rótulos. Es probable también que los siguientes referéndum quizás arrojen los mismos resultados negativos hacia la Constitución única. Sin embargo, en el corazón de la burocracia de Bruselas y en las principales capitales europeas se sabe que es una derrota circunstancial donde se cruzan las variables de la especificidad de cada país y quizás también las deficiencias de un instrumento que en su extenso contenido no haya sido bien comunicado a la gente. En este sentido, los referéndum en Holanda y Francia entregan una lección. Hay que hacer participar más a la ciudadanía cuando se trata de un documento de esta envergadura.



Al mismo tiempo, en estos días ha emergido todo el catálogo de desastres futuros para la unidad europea, estrategia que más apetece y conviene a los que obviamente colaboran a que Europa no consolide una plataforma unida que contribuya a los equilibrios y contrapesos en el sistema de poder mundial.

Por mucho que se le asigne el rótulo de fracaso político en Holanda y Francia a raíz del rechazo al tratado por una Constitución Europea, el camino hacia la formación de los "Estados Unidos de Europa" está trazado y su inevitabilidad al parecer no está en juego. La "hoja de ruta" será sinuosa y larga, y lo mismo se anticipó para los dos previos tratados de Maastricht y Niza. Hace 40 años, cuando De Gaulle, el eurocéntrico por excelencia, hacía explícito su rechazo a la incorporación de Gran Bretaña en la unión europea de entonces, ni en el viejo continente ni en el mundo entero se anticipaba que cuatro décadas después existiría el euro y un parlamento europeo.



La oportunidad política



Es claro que en las agendas de países como los EEUU, o Rusia, o China se destacará una preferencia por una Europa enfrascada en riñas políticas intestinas. Con todo, la decisión política para consolidar una unión europea ya ha sido tomada y parece que el curso de acción hacia esa Constitución que hoy parece esquiva, es casi irreversible. La pelota ya está lanzada porque se armó un debate constitucional en la población y los "constitucionalistas" podrán en esta vuelta sentirse derrotados; sin embargo, saben de antemano que en una Europa con el tipo de unión actual centrada en lo económico, la fragmentación política que prevalece, impedirá una imbricación estable, consistente y sólida con el proceso de mundialización.



El reposicionamiento de las piezas de poder político en el orden mundial está abierto, a pesar de la inmensa superioridad militar de los EEUU. Precisamente en esta -para algunos aplastante- capacidad bélica de los EEUU, está la ventaja política de Europa. La paradoja no es tan simple, pero tampoco tiene gran complejidad. En un momento de profunda alienación en el mundo respecto a esa superioridad militar de los EEUU, Europa tiene la gran oportunidad de restablecer una relación política más estrecha y funcional con zonas del planeta que habían estado subordinadas a la confrontación central de la bipolaridad. La posibilidad de que Europa consolide la unidad política dentro de un contexto con un EEUU debilitado y desprestigiado políticamente en el mundo, no se le va a presentar dos veces.



Si la situación en Europa y en algunos países tiende a empeorar no será por los síntomas de estos rechazos a la Constitución europea. Los factores estarán más asociados a una enfermedad más global en el mundo, y que es aquella de las falsas percepciones, en donde "el resplandor de lo público" (usando una frase de Hannah Arendt) está asociado a una crisis de representación política. Es probable que franceses y holandeses deseen estar más unidos políticamente y más cobijados bajo un instrumento legal que los proteja. Lo que no está claro es sí están bien representados por las actuales estructuras que se han formado en torno a Bruselas en la larga odisea de formar la unión europea.



Aún así, Europa continúa entregando lecciones fundacionales, en materia de generación de opiniones ciudadanas y gestación de espacios colectivos de participación.



En un ámbito global cada vez más presionado por la exacerbación del magnetismo de la competitividad individualista, no sorprende que con el criterio prevaleciente en el manejo de las noticias, este aspecto casi único en el mundo, se haya omitido. Esta es una de las principales lecciones que está empezando a dejar el proceso de unificar políticamente a Europa.




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