Medio Oriente: ¿Veremos algún día una Palestina democrática y libre? - El Mostrador

Viernes, 24 de noviembre de 2017 Actualizado a las 20:51

Disolución del gobierno de uni

Medio Oriente: ¿Veremos algún día una Palestina democrática y libre?

por 1 julio, 2007

La democracia, que alguna vez se intentó implantar en territorios palestinos, es tema del pasado. La ANP es manejada hoy por un gobierno nombrado a dedo por el presidente Mahmud Abbas, de Al Fatah, dispuesto a conversar en amplitud con EEUU e Israel, lo que la organización Hamas rechaza por considerarlo una traición a la idea de un Estado palestino islámico.

Palestina, con toda su historia, su lucha armada, miles de muertos y heridos, centenares de detenidos y una dolorosa humillación frente a Estados Unidos e Israel, que ya se extiende por varias décadas, parece que ya ha salido de las llamas pero no para salvarse, sino para caer en las brasas.



La democracia, que alguna vez se intentó implantar en los territorios palestinos, ya es tema del pasado. La Autoridad Nacional Palestina (ANP) es manejada hoy por un gobierno nombrado a dedo por el presidente Mahmud Abbas, del movimiento Al Fatah, dispuesto a conversar en amplitud con Estados Unidos e Israel, lo que la organización Hamas rechaza por considerarlo un acto de traición en contra de la idea de un Estado palestino islámico.



Como una primera señal de satisfacción, los presidentes de EE UU, George Bush, y de Israel, Ehud Olmert, aplaudieron esta semana en Washington a Abbas, a quien calificaron de moderado y "presidente de todos los palestinos".



Lo cierto es que hoy Palestina está dividida en dos: Una parte presidida por Abbas y apoyada por su partido Al Fatah en la Cisjordania (Ramallah); y otra en la Franja de Gaza (Gaza), que está bajo el control del movimiento islámico Hamas, el mayor enemigo de Abbas, que no aceptó el decreto presidencial de disolución del gobierno de "gran coalición". La estrategia de Estados Unidos es apoyar ahora a Abbas política y económicamente en Cisjordania para aislar a Hamas en la Franja de Gaza y "mostrarle a los palestinos que vale la pena tener una posición moderada", como dijo un analista en Washington.



Con esta posición de no renunciar a la violencia, Hamas cree estar dando cumplimiento a los objetivos de su carta de 1988 que señala que "en toda Palestina debe flamear la bandera de Alá", insistiendo en el postulado de rechazo y destrucción total del Estado de Israel para crear un Estado islámico en todo el territorio palestino. Está sumamente claro en los círculos políticos del Medio Oriente que esta dura posición originará hacia adelante un cúmulo de problemas, sin descartarse nuevamente una guerra, pero ahora entre palestinos o la continuación de los cruentos choques entre combatientes de Al Fatah y Hamas que se han producido en Gaza. Igualmente se especula sobre planes que tendría el ministro israelí de Defensa, Ehud Barak, de realizar una ofensiva militar contra Hamas en la Franja de Gaza, si el movimiento sigue atacando unilateralmente con misiles a Israel.



Fracaso anunciado



Hamas nació como organización después de la Guerra de los Seis Días en 1967, tras la ocupación israelí de la Franja de Gaza y de la Cisjordania. En un comienzo era un grupo benéfico, religioso y comunitario, lo que duró una década, para pasar luego a una fase violentista. Tras el primer levantamiento palestino en 1987 (Primera Intifada), el líder fundador de la organización, Ahmed Yassin, asesinado en una acción militar de origen israelí en 2004, decidió la vía violenta, convirtiéndose en el principal responsable de innumerables atentados suicidas contra Israel en los últimos veinte años.



Hamas nunca ha sido partidario de una solución pacífica para el conflicto del Medio Oriente y tampoco lo será en el futuro, porque esto no está en su razón de ser, ya que reconocer la existencia del Estado de Israel sería para este grupo como legitimar la ocupación territorial de Palestina efectuada por los judíos en el siglo pasado.



Con esta postura era prácticamente imposible que el recientemente disuelto gobierno de "gran coalición" entre Al Fatah y Hamas, tuviera éxito. Este fue instaurado en marzo pasado, quince meses después de que la organización terrorista ganara por gran mayoría las elecciones parlamentarias de enero del 2006, al obtener 74 de los 132 escaños que componen el Consejo Legislativo Palestino.



La llegada al poder de uno de los movimientos más fundamentalistas del Cercano Oriente, que recibe apoyo de Irán, puso en alerta a EE UU por el temor a las graves consecuencias que podrían producirse en la estabilidad de Israel y de toda la región. Desde esa fecha comenzó a ganar terreno en Washington la idea de crear dos estados en Palestina, lo que augura mucha más violencia y poca paz, porque el proyecto político debería hacerse sobre la base del consenso entre Cisjordania y la Franja de Gaza. De lo contrario "el desastre va a ser mucho mayor", opinó el diario "Washington Post". No debe olvidarse que igual que Hamas, Al Fatah también se prepara para la guerra con apoyo logístico y armas procedentes de EE UU, contando a la fecha con unos 30.000 combatientes.



Tras la llegada de Hamas al poder, las medidas en contra no se hicieron esperar y muy pronto tuvo que declararse en Palestina el estado de emergencia por haberse suspendido la ayuda internacional. El escenario de pobreza en Gaza ha llegado a niveles catastróficos. Con una población de 1,4 millones de habitantes, 850.000 refugiados están siendo alimentados por las Naciones Unidas y unas 475 familias han tenido que abandonar sus hogares como consecuencia de las incursiones militares israelíes.



Está claro que uno de los principales errores en la formación de la gran coalición fue mantener en el cargo de primer ministro a Ismael Haniya, alto personero de Hamas. En estas condiciones todo estaba condenado al fracaso. Abbas no pudo evitar este liderazgo porque en el fondo, en nombre de la incipiente y débil "democracia", se vio obligado a respetar a Hamas como primera mayoría electoral.



Las potencias occidentales y Rusia, que han intentado cambiar el escenario político en el Medio Oriente, le han puesto tres condiciones a la ANP para seguir avanzando por el camino democrático: 1.- Reconocimiento del Estado de Israel, 2.- Aceptación de los tratados y acuerdos firmados con anterioridad y 3.- Renuncia a la violencia. Ninguna de estas tres prioridades pudo cumplirse entre enero del 2006 y junio del 2007; todo lo contrario, su incumplimiento se agravó.



A Abbas no le quedó otro camino que adoptar medidas escasamente democráticas, por no decir del todo autoritarias, para corregir la marcha de Palestina, que quedó económica y políticamente al borde de un profundo abismo. La toma de control, por parte de Hamas, de todos los puestos de seguridad en Gaza, fue quizá la gota que hizo rebasar el vaso. Abbas calificó este hecho como un verdadero "golpe de Estado".



La primera medida fue nombrar a un gobierno encabezado por Salam Fayad e integrado por ministros tecnócratas sin militancia en los partidos y también por militantes de Al Fatah. Posteriormente ilegalizó el ala militar de la organización islamista radical Hamas manteniendo vigente sólo su ala política. En tercer lugar congeló todas las cuentas del anterior fracasado gobierno de unidad nacional de Al Fatah y Hamas.

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