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Análisis internacional

Rusia vuelve a la lucha por el poder

por 4 septiembre, 2008

La confrontación ideológica que marcó el siglo XX se ha reemplazado por un antagonismo diferente. Ha surgido una nueva causa: los recursos naturales y muy fundamentalmente, los energéticos. Los gigantes dormidos despiertan para enfrentarse por aquello que mueve la economía y lleva a los países al desarrollo.

Por Juan Emilio Cheyre*



La noticia sobre las acciones militares de Rusia en Georgia fue sorpresiva, irreal y poco comprensible para algunos. Difícil entender por qué la ex potencia cambiaba su proceso de integración al mundo y de respeto a la independencia de los antiguos integrantes de la URSS por este violento actuar. Difícil entender la contradicción entre las imágenes de los sangrientos enfrentamientos, por un lado, y los sonrientes líderes mundiales que amistosamente compartían durante las magníficas Olimpíadas en China, por otro.



Sin embargo, no hay nada nuevo, ni menos inesperado con respecto al renacer del poder ruso. En enero de este año en un artículo del Centro de Estudios Internacionales se señalaba el año 2007 como el momento elegido por el Presidente Putin para demostrar al mundo su voluntad política de transformarse en un activo jugador en la arena internacional y el 2008 como el año de la acción. También advertíamos que Rusia usaría estratégicamente la distracción de la diplomacia norteamericana, debido a la elección presidencial y la crisis económica norteamericana.



En el fondo, este año sería el momento en que Rusia jugaría sus cartas para ser una alternativa al sistema militar unipolar enfrentándose a EE.UU. y a la OTAN. Asimismo, demostraría que no estaba dispuesta a ceder más espacio económico y político a la UE, Japón, China, India, ni EE. UU. Sintetizando: saldría a la cancha a disputar poder.



Lamentablemente para quienes deseamos un mundo en paz los violentos eventos en Osetia del Sur, demuestran que todavía queda mucho por construir.



En efecto, la confrontación ideológica que marcó el siglo XX se ha reemplazado por un antagonismo diferente. Ha surgido una nueva causa: los recursos naturales y muy fundamentalmente, los energéticos. Los gigantes dormidos despiertan para enfrentarse por aquello que mueve la economía y lleva a los países al desarrollo.



Rusia no está dispuesta a perder el vínculo preferente con la UE, generado por su dependencia energética del gas ruso. No cederá su lugar a los Estados Independientes, como lo demostró en los conflictos con Ucrania y Bielorrusia.



La acción en Georgia mostró que Rusia no acepta abrir espacios para que Occidente influya en el Cáucaso. El oleoducto Baku-Tiflis-Ceyhan (el segundo del mundo y el único que puede llevar petróleo a Europa sin pasar por Rusia) que parte en Azerbaiyán, pasa por Georgia (con importantes vínculos en Occidente) y termina en Turquía, no es un objetivo que los rusos estén dispuestos a tranzar. Por su parte, Europa seguirá buscando disminuir la excesiva dependencia (40% de su consumo) de Rusia que hasta ahora la tiene cautiva.



Este es un tema que va más allá de lo económico. Se inscribe en la nueva dimensión de la geopolítica. Ella plantea un mundo, que algunos denominan de "desorden imperial", caracterizado por la fragmentación económica, política, social, religiosa y demográfica donde el empleo de la fuerza y la "realpólitik" es la manera de sobrevivir.



Los enfrentamientos en Georgia, cambian la situación del juego. Los nuevos jugadores -o los antiguos que retoman posiciones - moverán piezas para el logro de sus objetivos. Es de lamentar la insuficiencia de un orden internacional incapaz de controlar las acciones violentas de quienes buscan conquistar, mantener o acrecentar su poder sin respetar el derecho internacional, ni a las organizaciones mundiales.



Finalmente una reflexión adicional: no importemos a nuestra América Latina (única región del mundo en paz) estos conflictos que están lejos de producir bienestar, desarrollo y progreso a nuestros países.



*Juan Emilio Cheyre, ex comandante en jefe del Ejército de Chile y actual director del Centro de Estudios Internacionales de la Universidad Católica.

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