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Viernes, 15 de diciembre de 2017 Actualizado a las 15:05

Presidenciales norteamericanas

¡Menos gritos! ¡Más Votos!

por 3 noviembre, 2008

Obama y los demócratas quieren tener todas las bazas en la mano por si alguna no funciona. Mientras tanto, McCain se ve obligado a concentrarse en los estados republicanos tradicionales, incluso en el que representa en el Senado, más Nuevo Hampshire, donde va atrás por más de 11 puntos, y Pennsylvania, en que está a 8,5 puntos.

Al entrar a tierra derecha la carrera presidencial de Estados Unidos, aumentan las multitudes en las proclamaciones de Obama, un fenómeno político desconocido por generaciones. Sin embargo, Obama repite una y otra vez ante sus entusiastas partidarios: ¡Menos gritos! ¡Más votos!

La campaña de Obama tomó desde un comienzo un cariz nacional. No solamente enfrentaba al electorado duro republicano, que es blanco y rural, 20% de la población, o blanco y evangélico (fundamentalistas, pentecostales, sectas que se declaran cristianas pero tienen su propio profeta norteamericano), 25% de los norteamericanos, que a veces se intersectan, más la mayoría de los católicos, un sexto de los estadounidenses, que por primera vez en 2004 votó republicano, a pesar de que Kerry habría sido el segundo presidente católico.

Más importante todavía, es el primer afroamericano que disputa la presidencia, una situación similar a la de Kennedy en 1960, el primer católico, en un país en que la politización de la identidad tiene gran importancia en las elecciones.

La estrategia nacional del obamismo es similar a la del actual presidente de los demócratas, Dean, quien al abrir una secretaría del partido en Alaska fue criticado por los barones del partido, que preferían enfocarse en los estados azules, demócratas, o muy peleados. Obama tuvo éxito con esa política en las primarias, y Dean también. Hoy, un candidato demócrata está a punto de ser elegido senador por Alaska.

En otras palabras, pretenden, junto con asegurar con varias bazas la victoria en la elección presidencial, romper el cuasi empate entre los grandes partidos y terminar con el gobierno dividido, en que diferentes colectividades controlan la Casa Blanca y el Capitolio, para lo cual es indispensable transformar a los demócratas en un partido nacional, que represente al país entero, y no solamente a ciertas regiones. Y ello explica que se haya hecho campaña y abierto secretarías políticas hasta en las aldeas.

El resultado es que, en este momento, Obama no solamente va adelante en las encuestas, por más de cinco puntos porcentuales, en todos los estados que en 2004 votaron por Kerry, con un total de 252 grandes electores (se necesitan 270 para ser elegido). Además, les ha sumado a Virginia, Colorado, Iowa, Nebraska y Nuevo México, 39 grandes electores, con un total de 291. Y disputa, la diferencia va entre paréntisis: Florida, 27 electores (+ 4,2), Ohio, 20 electores (+ 4,2), Carolina del Norte, 15 (+ 0,3), Indiana, 11 (- 0,5), Missouri, 11 (- 0,7), Dakota del Norte, 3 (- 1,0), Georgia, 15 (- 3,0) y Arizona, 10 (- 3,5). Por consiguiente, si se agregan estos últimos estados, la diferencia a favor de Obama es de 353 a 185 grandes electores. 

Con todo, la campaña no descansa. El más de un millón de voluntarios de Obama se mueve con el respaldo de la caja electoral más grande de la historia del país, 600 millones de dólares, aportados por más de tres millones de contribuyentes. Se hacen conciertos y competencias deportivas que terminan en los locales de votación.

Internet no descansa y se distribuye por cadena un video en que se anuncia que Obama perdió por un voto y que el responsable ha sido identificado y se da el nombre del receptor. Tampoco paran los bancos telefónicos y los puerta a puerta. Los jóvenes judíos invaden Florida para convencer a sus mayores, debido a que si bien Obama tiene la mayoría, 57% a 30%, ésta es inferior a la de los precedentes candidatos demócratas. Claramente Obama y los demócratas quieren tener todas las bazas en la mano por si alguna no funciona.

Mientras tanto, McCain se ve obligado a concentrarse en los estados republicanos tradicionales, incluso en el que representa en el Senado, más Nuevo Hampshire, donde va atrás por más de 11 puntos, y Pennsylvania, en que está a 8,5 puntos.

En el Senado hay 50 demócratas, 49 republicanos y 1 independiente (se sienta en la bancada demócrata, pero apoya a McCain). Están en disputa 35 bancas, 23 republicanas y 12 demócratas. Hasta ahora, los primeros pierden siete, y en otras tres están levemente arriba, por menos de cinco puntos porcentuales. Los demócratas, en cambio, mantienen sin problemas sus 12 asientos. El número mágico en esta Cámara es 60, la mayoría necesaria para cerrar el debate y evitar obstrucciones de la minoría. Según otro cálculo, el Senado quedaría con 58 demócratas y 41 republicanos, más el independiente. 

En la Cámara baja, que se renueva en su integridad, la actual mayoría demócrata es de 235 bancas versus 199 (hay una vacante). Los republicanos tendrían 33 asientos en peligro y van abajo en 19, y los demócratas, siete y van atrás en tres. De acuerdo a otra predicción, la Cámara quedaría integrada por 251 demócratas, un aumento de 16 bancas (cifra que algunos suben hasta 30), y 183 republicanos, más una todavía no decidida. Esa mayoría de 64 bancas ya es bastante cómoda, debido a que en EE.UU. hay muchos congresales díscolos, y a nadie se le ocurre expulsarlos; por el contrario, hasta que renuncian se trata de reconquistarlos.

Al comenzar la campaña de Obama, hace ya casi dos años, el principal problema de EE.UU. eran las dos más largas guerras de su historia, Irak y Afganistán, y las restricciones de las libertades individuales en nombre de la seguridad nacional, la guerra contra el terrorismo.

Hoy lo es además, y para el electorado bastante más importante, la implosión de un sistema de vida fundado en combustibles a precio de liquidación, baratísimos bienes de consumo chinos y la transformación en alcancías del constante aumento del precio de las viviendas, compradas con bajas tasas de interés. Es decir, por la suma del neoliberalismo económico (laissez faire, laissez passer, le monde va de lui-même ) con el neoconservadurismo político (restricción de la libertades individuales y militarización de la política exterior).

El calmado, ordenado, preciso y razonable discurso de Obama para enfrentar ambas crisis se sobrepone, además, a la política partidista y a la politización de las identidades, tal vez los mayores obstáculos para superar esos graves problemas nacionales y mundiales.

Está rodeado de un equipo brillante, al igual que Kennedy en su época, pero con una gran diferencia. El gobierno de Bush le sirvió para comprender los errores que cometieron durante la administración Clinton, donde se incubaron más de alguna de las desastrosas políticas del presente. Larry Summers, p.ej., un posible secretario del Tesoro (Hacienda), se convirtió de la liberación del mercado al keynesianismo (regulaciones, supervisiones, paquetes de estímulo económico, redistribución del ingreso, etc.), y el equipo internacional sustituyó la insistencia en la coerción y las ingerencias humanitarias por el poder suave y la diplomacia.

Todo ello ocurre justo cuando todos estamos afectados por la transformación de la implosión de EE.UU. en una explosión mundial, y el mejor camino es el viejo refrán: todos para uno y uno para todos, lo que explica la dimensión mundial de la obamanía.

Como dice un columnista del Financial Times, Obama es negro (lo que no tiene precedente, no solamente en EE.UU., sino en occidente), es un intelectual (lo que es altamente inusual en su país) y no está probado en el gobierno (lo que es común en EE.UU.). Todo lo cual demuestra la sorprendente capacidad de cambio de nuestro gran vecino del norte. Es de esperar que de ser elegido, como es lo más probable, esté a la altura de las expectativas que su candidatura ha creado en su país y el mundo.

Dentro de muy poco, incluso antes de que asuma el cargo y cuando comience a conocerse el equipo de la transición y los miembros de su gabinete, lo sabremos.

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