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En Argentina

Debate sobre matrimonio gay enrarece el clima político y desnuda prejuicios sociales

por 14 julio 2010

Debate sobre matrimonio gay enrarece el clima político y desnuda prejuicios sociales
El gobierno de Cristina Fernández y la oposición protagonizan este miércoles un tenso debate en el Senado, los primeros con el objetivo de sacar adelante el proyecto de ley sobre el matrimonio homosexual y los segundos, divididos entre quienes están empeñados en limitar el reconocimiento legal a la "unión civil" y quienes están dispuestos a apoyar al oficialismo.

El debate sobre el matrimonio entre homosexuales en Argentina se ha convertido en un nuevo motivo de enfrentamiento entre el gobierno, la oposición y la Iglesia, mientras una sociedad dividida ha sido testigo de sorprendentes proclamas que se creían superadas en pleno siglo XXI.

Gobierno y oposición protagonizan este miércoles un tenso debate en el Senado, los primeros con el objetivo de sacar adelante el proyecto de ley sobre el matrimonio gay, y los segundos, divididos entre quienes están empeñados en limitar el reconocimiento legal a la "unión civil" y quienes están dispuestos a apoyar al oficialismo.

El debate fue precedido anoche de una multitudinaria movilización en Buenos Aires, una de las pocas capitales latinoamericanas consideradas "gay friendly", convocada por la iglesia católica, sectores evangélicos y conservadores con el argumento de que una familia debe estar compuesta por un padre y una madre en el sentido más tradicional del término.

En respuesta, más de un millar de personas se concentraron en el Obelisco porteño para secundar el "ruidazo" convocado por grupos que defienden la igualdad de derechos entre homosexuales y heterosexuales.

Una división social que se refleja en las encuestas de los últimos días, como un estudio de Isonomía Consultores que revela que un 46 por ciento de los argentinos está contra el matrimonio entre personas del mismo sexo frente a casi un 40 por ciento a favor.

Las cifras cambian cuando se trata de la adopción por parte de parejas homosexuales: un 61 por ciento se declara en contra, más del doble de los que se pronuncian a favor.

Las movilizaciones de las últimas horas han sido el colofón de una intensa campaña de la Iglesia y de los sectores más conservadores para frenar la iniciativa gubernamental de legalizar el matrimonio entre personas del mismo sexo.

Una campaña en la que la Iglesia no ha dudado en echar mano de la "guerra santa" e incluso del "demonio" para defender su postura sin admitir discrepancias internas.

"No se trata de una simple lucha política; es la pretensión destructiva al plan de Dios. No se trata de un mero proyecto legislativo sino de una movida del Padre de la Mentira que pretende confundir y engañar a los hijos de Dios", afirmó recientemente el cardenal primado de Argentina, Jorge Bergoglio.

A la jerarquía católica no le ha temblado la mano a la hora de castigar a los discrepantes, como el padre José Nicolás Alessio, llevado a los tribunales eclesiásticos por encabezar un grupo de doce sacerdotes de Córdoba (centro del país) que se atrevieron a defender el matrimonio entre homosexuales.

La presidenta argentina, Cristina Fernández, no se ha quedado al margen de la polémica y, esta semana, desde China, donde se encontraba de visita oficial, declaró que las expresiones de la Iglesia parecen "de la época de las Cruzadas" y "remiten a los tiempos de la Inquisición".

La discusión ha saltado a los medios y ha desencadenado situaciones que han desnudado los prejuicios sociales hasta grados preocupantes, como la protagonizada por la veterana conductora Mirtha Legrand, quien en un programa en vivo preguntó esta semana a uno de sus invitados si cuando una pareja homosexual adopta no existe riesgo de violación del niño.

Pero Legrand no ha sido la única en recurrir al absurdo. Hoy mismo, la senadora Liliana Negre de Alonso lanzó ante sus señorías un argumento insólito contra el matrimonio homosexual: el problema que plantearía, en caso de aprobación, el orden adecuado de los apellidos de un niño adoptado por una pareja del mismo sexo.

Actitudes como ésta han provocado las iras de organizaciones de derechos humanos y agrupaciones de homosexuales, que se consideran víctimas de una grave discriminación.

"Es legitima la diversidad de opinión pero no me parece bien que impongan su modo de ver la vida como la única forma válida para toda la sociedad y todas las familias", sostiene la titular de la Federación de Lesbianas Gays Bisexuales y Trans (FALGBT), María Rachid.

Sólo cuatro ciudades argentinas reconocen la unión civil entre parejas del mismo sexo, aunque desde diciembre, se han celebrado nueve matrimonios homosexuales gracias a habilitaciones judiciales, si bien algunos fueron posteriormente anulados. EFE

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