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De halcón de la CIA y el narcotráfico a reo

El ex dictador Noriega, recluido en una celda común en Panamá

por 12 diciembre 2011

El ex dictador Noriega, recluido en una celda común en Panamá
El ex militar regresó desde Francia tras cumplir 20 años de cárcel por narcotráfico en Estados Unidos, a cuyo Ejército se entregó el 3 de enero de 1990 sin disparar un tiro cuando invadieron su país el 20 de diciembre de 1989, y casi tres años en París, por blanqueo de capitales.

Manuel Antonio Noriega, el hombre de la CIA en Panamá y hábil socio de los narcotraficantes colombianos en los años 80, regresó a su país como un reo común al que, 22 años después de su captura por el Ejército estadounidense, le esperan penas de más de 60 años de cárcel.

Con 77 años a cuestas y envejecido, Noriega, el hombre de origen muy humilde que llegó a ser el último dictador militar que ha tenido Panamá en su historia, cierra con su regreso un ciclo para hacer frente a la Justicia de su país y pagar cuentas.

El ex militar regresó a Panamá desde Francia tras cumplir 20 años de cárcel por narcotráfico en Estados Unidos, a cuyo Ejército se entregó el 3 de enero de 1990 sin disparar un tiro cuando invadieron su país el 20 de diciembre de 1989, y casi tres años en París, por blanqueo de capitales.

"El criollo del terraplén", como lo llaman algunos por el arrabal donde nació en la capital panameña, el MAN (por sus iniciales) o el "Tigre", como lo conocían sus compañeros de armas más cercanos en los tiempos en que su voluntad era ley en el país, tiene que cumplir condenas por asesinato, desaparición de personas y hasta por deforestación, acumuladas en juicios en ausencia.

Muy diferente al hombre peligroso y temido de entonces, Noriega regresó hoy a su país anciano y fatigado, aparentemente enfermo, pero fuertemente custodiado, y pidió el uso de una silla de ruedas para ser llevado a la celda que lo acogerá en una prisión de seguridad media en uno de los márgenes del Canal.

Incluso en el vuelo de Iberia que lo trajo de regreso, el ex comandante en jefe de las fenecidas Fuerzas de Defensa de Panamá no se despojó del abrigo, el sombrero negro y las gafas oscuras tras los que se ocultó durante todo el viaje, según testigos.

El septuagenario ex militar, trasladado de inmediato en helicóptero y recluido ya en una celda sin lujos de la cárcel de baja seguridad El Renacer, debe afrontar condenas por los crímenes horrendos, según recuerdan sus detractores.

Estos crímenes incluyen el homicidio del doctor Hugo Spadafora, cuya cabeza nunca ha sido encontrada, y del mayor Moisés Giroldi, su compadre que intentó derrocarlo, que suman ambas 40 años de prisión, así como por la desaparición de otras dos personas y acusaciones de violación a los derechos humanos.

El recibimiento de Noriega fue totalmente diferente a las acostumbradas fanfarrias que se escenificaban cada vez que llegaba de viaje o cuando celebraba su cumpleaños (11 de febrero) o una efeméride militar, como el Día de la Lealtad (16 de diciembre).

Hoy, Noriega fue esperado por una "corte" que encabezaban las autoridades de los ministerios Público y de Gobierno y por un extraordinario cordón de seguridad.

El ex militar que llegó a general sin haber combatido, se educó en el Instituto Nacional, el colegio estatal más antiguo del país, y sus biógrafos indican que era afín con ideales de la izquierda tradicional cuando joven.

Después, ingresó en la Escuela Militar de Chorrillos, en el Perú, donde se graduó como alférez de ingeniería y entró a los 22 años en la entonces Guardia Nacional.

Su declive se produjo a raíz de las acusaciones contra él que protagonizó un compañero de armas, el coronel Roberto Díaz Herrera, que abrió la caja de los truenos al imputarle en 1987 relaciones con el narcotráfico y otros crímenes, lo que abrió una crisis.

Tras la invasión militar estadounidense de diciembre de 1989, que lo derrocó, Noriega fue expulsado de la milicia por el presidente Guillermo Endara (1989-1994), el primer presidente en democracia desde el golpe militar que protagonizó Omar Torrijos en 1968.

Y regresa a un Panamá muy diferente al país arruinado por los efectos de la crisis que protagonizó, a uno lleno de rascacielos en la bahía de la capital, moderno y pujante.

Panamá vive ahora un auge económico impresionante, con un crecimiento cercano al 10% y pleno empleo, mayor coste de la vida, grado de inversión, un formidable centro financiero internacional y el Canal interoceánico que ya es panameño y está siendo ampliado.

Cuando se lo llevaron esposado y vestido con un mono de mecánico de aviones dejó tras de sí un país hundido económicamente, con casi 15% de pérdida del Producto Interior Bruto, sin crédito internacional, ocupado militarmente y desmanteladas las Fuerzas de Defensa, reemplazadas por una policía civil.

De acuerdo con el líder histórico de la democracia cristiana y ex vicepresidente panameño, Ricardo Arias Calderón, Noriega sigue siendo una "amenaza" para la democracia panameña, mientras el veterano periodista Roberto Eisenmann, ex director del diario La Prensa que se opuso a la dictadura, el exgeneral posee "mucho dinero", que no cree dedicará a la política.

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