La otra estrategia contra el narco en Brasil - El Mostrador

Domingo, 11 de diciembre de 2016Actualizado a las 22:27

La otra estrategia contra el narco en Brasil

por 21 diciembre 2011

BBC Mundo
La otra estrategia contra el narco en Brasil
Con un ojo puesto en el Mundial y los Olímpicos, el gigante sudamericano ensaya una estrategia de distinta a la de México. Ponen más énfasis en proteger a la población que en atacar a las organizaciones criminales.

Mientras México y algunos países de Centroamérica sacan los militares a las calles para pelear una "guerra" contra el narcotráfico y el crimen organizado, en Río de Janeiro, Brasil, se ensaya una estrategia diferente.

Tras décadas de combate frontal al comercio ilegal de drogas que causó muertes, violencia y frustración, Río apostó por lograr una presencia policial constante en algunas favelas, para proteger a la población local de los abusos de narcos que, se admite, seguirán con su negocio de todos modos.

Ese nuevo modelo de seguridad pública, basado en la implantación de Unidades de Policía Pacificadora (UPPs) en lugares que eran controlados por bandas criminales armadas, enfrenta retos importantes para sobrevivir.

Pero después de tres años de haber sido estrenado, el esquema comenzó a dar frutos tangibles, incluida una reducción significativa de la violencia y los homicidios en las comunidades donde fue aplicado.

"El gran cambio es el paso de una política de militarización y guerra al crimen y la droga, a una política de pacificación y reducción de los enfrentamientos armados y los incidentes letales", dijo Ignacio Cano, del laboratorio de análisis de la violencia en la Universidad Estatal de Río de Janeiro.

Cano explicó a BBC Mundo que con esta experiencia Río ha cambiado sólo parcialmente, ya que la ciudad tiene cientos de favelas y hasta ahora se implantaron 18 UPPs, mientras en otras partes sigue la vieja política.

"Pero por lo menos tenemos un modelo alternativo que debería inspirar en el futuro al conjunto de la policía y la política de seguridad para que se persiga, no la victoria sobre el crimen, sino la protección de la población y la reducción de los enfrentamientos armados", dijo.

"No valía la pena"

Pricilla Azevedo, mayor de la policía militar brasileña y ex comandante de la primera UPP de Río, instalada hace tres años en el morro de Santa Marta, en Botafogo, sostuvo que hay un "cambio drástico" de estrategia.

Antes los policías incursionaban en favelas dominadas por criminales sólo en operativos puntuales para capturar a algún criminal, con grandes despliegues de hombres, armas y vehículos blindados, y luego se retiraban.

"Siempre que la policía militar entraba en esas comunidades tenía una confrontación, porque ellos no querían perder el territorio ni sus mercaderías, y lo defendían a tiros", dijo Azevedo, ahora coordinadora de proyectos estratégicos en la Secretaría de Seguridad de Río de Janeiro.

Eso supone un costo "desproporcionado" para los resultados que se obtienen, admitió en una entrevista con BBC Mundo.

"Teníamos policías heridos, habitantes inocentes heridos, para aprehender una cantidad (de droga) y al día siguiente ya había cantidades iguales o mayores", señaló. "No valía la pena esa estrategia".

Azevedo define que el objetivo que se persigue con las UPPs es "rescatar" los territorios que antes eran dominados por criminales, disminuyendo así el poder local de los traficantes.

Pero admite que la idea de eliminar la criminalidad y la venta ilegal de drogas está fuera de las metas definidas, porque "si no ya tendríamos un proyecto fracasado".

"Hoy claro que quien tenga la intención de usar droga, el dependiente químico, va a conseguir comprar droga", dijo. "Pero el tipo que quizá esté ahí vendiendo no tiene aquel poder, aquella influencia".

Resultados

Después de tres años de esta nueva estrategia de seguridad han comenzado a aparecer balances que hasta hace un tiempo era inimaginables para muchos.

La cantidad de homicidios en los barrios que recibieron las primeras 17 UPPs se redujo 50% en promedio, informó el diario O Globo el mes pasado en base a estadísticas oficiales, lo que representa 270 muertes menos.

Los robos y asaltos también han caído de forma importante, indicó el diario.

Además, una encuesta del Instituto Endeavor Brasil en 23 favelas "pacificadas" divulgada este mes concluyó que dos de cada tres habitantes cree que la seguridad local mejoró tras la instalación de las UPPs.

El mismo sondeo reveló que la confianza de quienes viven en esas favelas en la policía militar aumenta: 72,4% dijo que la corrupción de los efectivos de las UPPs es inexistente o afecta a sólo una porción baja del total.

Azevedo sostuvo que "sin dudas" el nivel de corrupción en las UPPs es menor que en otras unidades policiales, por su mayor cercanía con la comunidad, que rechaza a los policías corruptos y tiende a denunciarlos.

Riesgos por delante

Sin embargo, también han surgido casos de abusos de miembros de las UPPs contra pobladores de favelas y es posible que el miedo de la gente a presentar denuncias impida que se conozcan más.

Muchos de los pobladores están acostumbrados a ver al enemigo más bien en la policía militar. Cada año cientos de sospechosos han muerto durante sus incursiones de "guerra" contra el narcotráfico.

De hecho, en algunas favelas el proceso de "pacificación" es aún incompleto, hubo enfrentamientos armados recientes, y la llegada de servicios públicos que mejoren las condiciones de vida es demasiado lenta.

Hasta ahora, los lugares donde se han implantado UPPs están próximos a sitios turísticos o a puntos importantes para que se desarrollen el Mundial de fútbol de 2014 y los Juegos Olímpicos de 2016.

Las autoridades de Río han dicho que esperan instalar un total de 40 UPPs hasta 2014.

Pero los recursos y el personal son insuficientes para llevar el modelo a toda la ciudad y los expertos dudan que así la estrategia sea sostenible.

"Lo que podemos aspirar es a que este modelo tenga un impacto sistémico, cambiando la doctrina policial, la forma en que la policía actúa y la forma en que el propio crimen actúa, con niveles menores de violencia y control territorial", dijo Cano.

A su juicio, sin ese efecto "global" habrá un riesgo de volver a la situación anterior en 2017, cuando se terminen los fondos excepcionales vinculados a los megaeventos deportivos.

"Valorización de la vida"

También existen indicios de que la nueva estrategia por ahora ni siquiera tiene legitimidad suficiente entre quienes deben llevarla adelante.

Un estudio de la Universidad Cândido Mendes indicó hace un año que siete de cada 10 policías que trabajan en las UPPs preferirían estar en batallones convencionales de policía.

El capitán de la policía militar Renato Senna admite que él mismo tuvo cierto recelo cuando le ofrecieron comandar una UPP después de haberse formado en una guerra a las drogas que le valió una marca de bala en el cuerpo.

"Por cerca de 10 años trabajé en una política de combate, de confrontación al narcotráfico. Y con eso sólo conseguí ver violencia, aumento de la violencia, y no resolución de los conflictos", dijo.

Pero aceptó el cambio y hoy comanda la UPP instalada hace dos años en la favela de Cantagalo, en el medio de Copacabana, convencido de que la nueva estrategia permite una "valorización de la vida" en la ciudad.

Senna y algunos de sus hombres caminan ahora por los estrechos corredores interiores de Cantagalo sin chalecos antibalas, aunque otros aún llevan esa protección y todos saben que aún se venden drogas por ahí.

"Infelizmente el narcotráfico todavía funciona, pero de forma más disimulada y pequeña", reconoció. "No tenemos la ilusión de acabar con el narcotráfico".

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