Un empresario protesta encaramado a la cúpula de la basílica de San Pedro - El Mostrador

Sábado, 16 de diciembre de 2017 Actualizado a las 10:16

Un empresario protesta encaramado a la cúpula de la basílica de San Pedro

por 3 octubre, 2012

Un empresario protesta encaramado a la cúpula de la basílica de San Pedro
No es la primera vez que Marcello Di Finizio sube a lo alto del templo símbolo de la Iglesia Católica: ya lo hizo el pasado 30 de julio durante 4 horas, protesta más breve en relación a la última, que ha durado desde la tarde del martes hasta la de hoy.

Un empresario italiano ha permanecido durante unas 27 horas encaramado a la cúpula de la basílica de San Pedro, en el Vaticano, para protestar contra el Gobierno italiano de Mario Monti y la Unión Europea, siguiendo una tendencia creciente de estas "escaladas reivindicativas" en Italia.

No es la primera vez que Marcello Di Finizio sube a lo alto del templo símbolo de la Iglesia Católica: ya lo hizo el pasado 30 de julio durante 4 horas, protesta más breve en relación a la última, que ha durado desde la tarde del martes hasta la de hoy.

Di Finizio subió el martes en torno a las 17.00 hora local (15.00 GMT) por las escaleras como un turista más hasta la linterna del Vaticano y desde allí se deslizó sin problemas al ojo de buey donde permaneció más de un día asegurado con un arnés y en protesta contra la directiva de la UE por la que teme perder su restaurante a orillas del mar en Trieste.

En torno a las 20.00 hora local de hoy (18.00 GMT) los bomberos le ayudaron a abandonar la cúpula vaticana.

En otras de sus acciones de protesta, Di Finizio estuvo tres días subido a una grúa del puerto de Trieste el pasado mes de marzo, y ha defendido su restaurante "La voz de la Luna", situado en esa ciudad nororiental italiana, a capa y espada incluso con huelgas de hambre.

Di Finizio lleva toda su vida dedicado a este restaurante frente al mar que tuvo que reconstruir hace algunos años después de un incendio y que ahora puede perder si se pone en práctica una normativa europea, la directiva Bolkestein, que impone la subasta de restaurantes a la orilla del mar desde 2015.

Sentado en uno de los ojos de buey de la cúpula, que se alza a 130 metros sobre el nivel del suelo, el empresario de Trieste permanecía ahora junto a su pancarta, donde podía leerse "Help. Basta Monti, basta Europa, basta multinacionales. ¿Desarrollo? Nos estáis matando a todos. Esto es solo una carnicería social".

Los italianos han visto estos últimos meses a trabajadores de fábricas amenazadas por la crisis subir a lo más alto de depósitos y otras instalaciones para protestar.

Pero el caso de Di Finizio es especial porque se trata de una sola persona, de un empresario y no de un asalariado, que ha visto amenazado el negocio de su vida y ha decidido quejarse de la forma más llamativa eligiendo uno de los monumentos más conocidos del planeta para exponer su caso.

Desde este privilegiado mirador presenció hoy la audiencia pública que, como todos los miércoles, el papa Benedicto XVI ofrece a los miles de fieles que se aglomeraban en la plaza vaticana.

También desde ahí rechazó el martes la posibilidad de entrevistarse en la sede de la Presidencia del Gobierno italiano que le ofrecieron el martes los ministros italianos para Asuntos Europeos, Enzo Moavero, y para Asuntos Regionales, Piero Gnudi.

"No soy un loco suicida, solo soy un desesperado", dijo el empresario a la televisión italiana Sky Tg24, en una entrevista en la que aseguró que solo bajaría "si el Gobierno convoca inmediatamente una mesa de negociaciones con los representantes de los balnearios".

"Hasta ahora solo ha habido promesas, han hecho solo recortes", aseguró Di Finizio, que dijo que no bajaría para recibir una "palmadita en la espalda y una patada en el culo".

En la mañana de hoy, la mayoría de los turistas y fieles que paseaban por la plaza de San Pedro permanecían ajenos a la presencia del dueño de "La voz de la Luna" en lo alto de la cúpula, y solo ante el numeroso grupo de cámaras que se agolpaba en el otro extremo de la plaza reparaban en la pancarta y se interesaban por el motivo de la protesta.

La mayoría de ellos se mostraba solidario con las razones del empresario de Trieste, y, aunque alguno consideraba inapropiado que el empresario eligiera un símbolo religioso para contar al resto de Italia y del mundo su situación, todos coincidían en que si no hubiera sido así, probablemente su situación no tendría ningún viso de esperanza.

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