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Lunes, 26 de septiembre de 2016Actualizado a las 14:12

El sombrío negocio de los seguros contra catástrofes

por 10 abril 2014

BBC Mundo
El sombrío negocio de los seguros contra catástrofes
Los desastres naturales parecen ser ahora más recurrentes, lo que agrava el altísimo costo financiero para Estados con problemas fiscales. Y la industria del seguro ha aprovechado la oportunidad.

"Derivados climáticos", "obligaciones catástrofe" (cat bonds), hipotecas medioambientales, títulos con respaldo forestal: hay un boom en el mercado de seguros contra desastres climáticos y medioambientales.

En el "derivado climático" si la temperatura o cualquier otro parámetro meteorológico supera un cierto umbral, el seguro paga. Si está por debajo, el que desembolsa la considerable prima es el asegurado.

Esta prima es estratosférica para la nueva estrella del mercado, las "obligaciones catástrofe" soberanas (los bonos CAT) que han adoptado países azotados por fenómenos climáticos como México, los países asiáticos o estados como Alabama, en EE.UU..

El Banco Mundial dio a conocer en 2009 su programa "multi Cat" para asistir a países en desarrollo a explorar esta opción.

Poco después del terremoto de 2010 en Chile, el gobierno del entonces presidente Sebastián Piñera se reunió con especialistas de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) para analizar la posible emisión de un bono CAT para futuras catástrofes, opción que finalmente desechó.

Según indicó a BBC Mundo uno de los participantes en la reunión con Piñera, Erwann Michel-Kerjan, asesor de Financiamiento de Catástrofes de la OCDE y especialista de la Wharton School de la Universidad de Pensilvania, se trata de un mercado en expansión.

"Los desastres climáticos y ambientales son cada vez más frecuentes. El tema es quién se hace cargo de los costos. Es diferente sacar un seguro para autos que tiene un riesgo "normal" que un seguro para catástrofe que afecta simultáneamente a muchísima gente", explica Michel-Kerjan.

Entre 2003 y 2013 se emitieron unos US$40.000 millones de los llamados "bonos cat" ("cat bonds"), 10 veces más que hace una década.

En el "derivado climático" si la temperatura o cualquier otro parámetro meteorológico supera un cierto umbral el seguro paga. Si está por debajo, el que desembolsa la considerable prima es el asegurado.

En el "derivado climático" si la temperatura o cualquier otro parámetro meteorológico supera un cierto umbral el seguro paga. Si está por debajo, el que desembolsa la considerable prima es el asegurado.

El mercado de catástrofes

El mercado despegó luego que el huracán Andrew, que golpeó a Estados Unidos en 1992, dejara mal paradas a las aseguradoras.

Hoy, obligaciones catástrofe como el CAT tienen un mercado bursátil específico para la compra-venta de bonos, llamado CATEX (Catastrophe Risk Exchange)

Los bonos CAT tienen una nota crediticia de las agencias calificadoras Moody, Fitch y Standard and Poor que evalúan el riesgo de prestar dinero a países o empresas o sectores de la economía. Los CAT tienen una nota promedio mediocre por su considerable riesgo: BB.

Una vez emitido el bono catástrofe su valor depende del riesgo y de las fluctuaciones de la oferta y la demanda en el mercado, es decir, de lo que sucede en el CATEX.

En juego hay mucho dinero. Si nos atenemos a un capítulo de la amplia gama de desastres naturales -los terremotos- se estima que desde 1994 los daños materiales sostenidos en 10 casos (de Estados Unidos a China, Chile y Nueva Zelandia) treparon a US$500.000 millones.

Agencias especializadas en la modelación del riesgo analizan todo tipo de variables, desde la velocidad de los vientos hasta las características de la zona afectada (tipo de terreno y edificación, población, etc.) para medir el riesgo y calcular la prima.

La sofisticación de estos bonos es tal que el valor con que se comercian varía en vísperas de una catástrofe como se refleja en la venta de títulos CAT en directo (live cat bond trading) cuyo precio puede cambiar de acuerdo a la creciente velocidad de los vientos y la distancia de un tifón del lugar asegurado.

En 2010 un huracán azotó el estado de Tamaulipas en México, pero su potencia era menor del umbral pactado en el seguro, de modo que el estado no vio un dólar.

En 2010 un huracán azotó el estado de Tamaulipas en México, pero su potencia era menor del umbral pactado en el seguro, de modo que el estado no vio un dólar.

Al borde de un ataque de nervios

El crecimiento de estos sistemas complejos de seguros se debe tanto a la llamada "financiarización" de la economía como a la debilidad fiscal de los países y la creciente intensidad de los desastres medioambientales.

"La economía está cada vez más financiarizada: los capitales buscan rendimientos no en inversiones productivas sino en la especulación. Esto se junta con dos fenómenos adicionales: los problemas fiscales que están experimentando muchos estados y la creciente exposición a tragedias medioambientales", indicó a BBC Mundo el académico estadounidense Chris Williams, autor de "Ecología y Socialismo".

México es uno de los países que vivió en carne propia esta debilidad fiscal para afrontar desastres climáticos.

El mercado despegó luego del huracán Andrew, que afectó en 1992 a Estados Unidos.

El mercado despegó luego del huracán Andrew, que afectó en 1992 a Estados Unidos.

En 1996 creó un fondo para desatres naturales llamado "Fonden" (Fondo de Desastres Naturales) que hizo agua en 2010 cuando el país tuvo que enfrentar desastres naturales en 18 de los 31 estados y en 850 de las 2.500 municipalidades.

Situaciones como esta llevaron a que la OCDE y organismos multilaterales como el Banco Mundial y la Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres (UNISDR) se inclinaran por la vía privada.

En febrero de este año UNISDR presentó a dos aseguradoras al congreso filipino para promocionar el Philippine Risk and Insurance Scheme for Municipalities (Sistema de riesgo y seguro para municipios de Filipinas) después de que el supertifón Haiyán dejara más de 6.000 muertos y un millón y medio de viviendas destruidas o dañadas.

"Filipinas tiene unos 20 tifones por año. Lo que necesitamos es un esquema simple que pueda suministrar protección a las municipalidades antes de la próxima temporada", señaló en su momento Margareta Wahlström, directora de UNISDR.

Dados los costos fenomenales -los daños del supertifón Haiyán rondaron los US$13.000 millones- la pregunta es si las aseguradoras han calculado adecuadamente los riesgos o si podría darse una caída en cadena de seguros que no pueden hacer frente a las indemnizaciones como sucedió con el subprime inmobiliario estadounidense en 2007-2008.

¿Tsunami financiero?

Según la empresa reaseguradora Swiss Re Capital, las aseguradoras están expuestas por unos US$300.000 millones en concepto de posibles indemnizaciones por desastres medioambientales.

La suma es inmensa, pero cobrar el seguro no es fácil.

Las condiciones de los seguros son tan estrictas que de las 200 obligaciones catástrofe emitidas desde los 90, solo tres terminaron con una indemnización.

En 2010 un huracán azotó el estado de Tamaulipas en México, pero su potencia era menor del umbral pactado en el seguro, de modo que el estado no vio un dólar.

Como en todo seguro, existe una diseminación del riesgo (de lo que habría que pagar) entre varias entidades.

Pero además habría que tener un año extraordinario para que hubiera una crisis sistémica, que pudiera amenazar la integridad de todo el sistema de aseguramiento.

"Hay malos años como el 2004 y 2005, pero es muy difícil imaginar un año en que tengamos decenas de terremotos e inundaciones. Si eso ocurriera la industria podría quebrar, pero la probabilidad es muy baja", indicó a BBC Mundo Erwann Michel-Kerjan.

"Los desastres naturales están aumentando (...) el problema no va a desaparecer", señala Michel-Kerjan.

"Los desastres naturales están aumentando (...) el problema no va a desaparecer", señala Michel-Kerjan.

La Naturaleza contraataca

El florecimiento de seguros medioambientales en los últimos 15 años habla de una industria con futuro.

El entusiasmo es tal, que entre las propuestas a futuro se considera la posibilidad de crear un derivado o "swap" que proteja a la desaparición de las especies: una manera rentable de cuidar la biodiversidad.

Pero no todos comparten el entusiasmo de Wall Street, el Banco Mundial o la ONU.

"Wall Street siempre dice que tiene el riesgo financiero bajo control y después ocurren desastres como el de 2008. Pero además el seguro crea una protección artificial que chupa el dinero de la inversión que los estados tienen que hacer para contrarrestar el impacto de los desastres naturales", indicó a BBC Mundo Williams.

Según Erwann Michel-Kerjan el CAT debería ser un complemento, no una alternativa a los fondos estatales o seguros individuales.

En un punto Williams y Michel-Kerjan coinciden.

"Este tipo de desastres naturales está aumentando, algo que se agrava porque por la urbanización cada vez hay más personas y activos afectados por su ocurrencia. El problema no va a desaparecer", señala Michel-Kerjan.

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