Economías - El Mostrador

Viernes, 24 de noviembre de 2017 Actualizado a las 05:00

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Economías

por 11 agosto, 2000

Cuando mi abuela hacía economías, se refería a sisar, sin más. Y nos íbamos a comprar cosas ricas y bonitos vestidos con el resultado de las economías. Las economías de mi madre eran más turbulentas, empezaban con unos cuantos gritos con mi padre, unas pocas lágrimas y portazos, como corresponde a las escenas conyugales, y luego, nos íbamos a comprar cosas ricas y bonitos vestidos con el resultado de las economías. Fueron mis inicios en aquello del ahorro, gasto, inversión, equilibrios, tasas y gimnasias financieras (aunque de esto último ya me enteraba de antes). La lección de lo superfluo y lo necesario no me la dieron jamás: parece que no fui educada en la moral protestante del capitalismo mercantil.. ¿habrá sido error u omisión de mis progenitores?

Pero ya en mi inocencia intuía cosas oscuras, por ejemplo, cómo funcionaba aquello del campo y de las rentas, de las que tanto hablaban los abuelos; o qué hacía exactamente un tío cojo y bizco que siempre vestía de negro y que se decía que operaba en la bolsa. O para qué se encerraba mi padre con un señor que olía muy mal y usaba un terno ajado y lustroso, y, cuando salían, mi padre pedía aspirinas, la chequera, y hablaba solo dos días seguidos acerca del fisco.

Cuando ya había resuelto todas estas dudas, y otras de otra índole, vinieron más: por qué dicen los economistas que la economía es una ciencia objetiva, cuando ellos hablan permanentente de las expectativas, de la confianza, de la seguridad, de la estabilidad política del país, etc. etc. Por ahí ya me resistí a entender nada, sólo a constatar cosas que escucho y leo todos los días.

La nueva economía me pilló ya instalada comprando por internet hacía mucho tiempo (las circunstancias de la vida me llevaron a ello, no otra cosa) e intentando comprender, otra vez, a qué hora duermen los que se manejan en las bolsas aprovechando las diferencias horarias. Pero además, esto tiene más encanto, por ejemplo, quién puede sustraerse del charme del punto com... una suerte de modernidad garantizada y una cacofonía que es mejor en castellano que en inglés.

Cierto es que la economía (Ä„la ciencia objetiva!) habla bien poco sobre el trabajo propiamente tal. Pero con un poco de voluntad, podemos entender nuestro aporte a la cadena tayloriana: la explotación, como se le llamaba antes, o bien horas-culo como le llamo yo a falta de otro concepto más aggiornado... Ä„si todavía estamos en la antigua economía! Si estamos en la nueva economía, nuestro aporte será en horas-quitadas-al-sueño, por eso de las diferencias horarias (claro que no faltará quien lo llame orientación al logro ). O en horas encerrados con los analistas financieros y de riesgo ( el fantasma del señor que olía muy mal y usaba un terno ajado y lustroso...) por eso de las ventajas comparativas, impositivas, la velocidad de las transacciones financieras... Y también podemos ir a comprar cosas ricas y bonitos vestidos en la nueva economía, que es lo más importante, ¿no es verdad?

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