¿Caza de brujas o caza de delincuentes? - El Mostrador

Viernes, 19 de enero de 2018 Actualizado a las 20:10

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¿Caza de brujas o caza de delincuentes?

por 15 noviembre, 2000

A raíz del procesamiento dictado por el ministro Sergio Muñoz en contra de un general de Ejército, sobre quien pesan fundadas presunciones de participación como cómplice en el asesinato de Tucapel Jiménez, se han vuelto a escuchar expresiones y actitudes de parte de la "familia militar" y, como de costumbre, por boca de quien debiera ser el más cuidadoso de sus miembros, el comandante en jefe del Ejército.



Como es también habitual, se emplean palabras neutras, asépticas, a veces impactantes. "Se está ante una caza de brujas"; "hay preocupación en el Ejército"; "se está atacando al Ejército". El interlocutor que se busca es, sorprendentemente, el Presidente de la República.



Para un demócrata, tales conceptos revelan una concepción totalitaria y un absoluto desconocimiento de lo que es un estado de derecho.



En primer lugar, reflejan ignorancia de lo que se está hablando: se trata de juicios, más precisamente de juicios penales, y más concretamente aun, por los delitos más graves cometidos en toda nuestra historia patria. De los delitos responden los autores (intelectuales y materiales), los cómplices y los encubridores. La labor de un juez de instrucción en el juicio criminal es investigar, someter a proceso y juzgar a esos responsables.



Cuando el juez busca a los responsables no está "cazando brujas" -concepto que se usa peyorativamente para deslegitimar la acción del juez- sino cazando culpables, que es la esencia de la labor de un juez en un estado de derecho. Es su misión y es, por lo tanto, legítima, obligatoria y profundamente ética.



En segundo término, ¿qué se quiere del Presidente de la República? Si se trata de una acusación penal, lo único que es dable al acusado es asumir su defensa. Es lo que ahora tienen que hacer el ex fiscal Torres y el general Hernán Ramírez Hald.



Jamás a un demócrata se le ocurriría presionar al Presidente de la República insinuándole cometer delitos, absolviendo por si o buscando que el juez absuelva a un acusado. La única respuesta exigible al Presidente ante estos reclamos es recomendarle: "Dígale al abogado que vaya y se lo cuente al juez". Y punto.



Un tercer elemento que debe considerarse es que el comandante y su "familia militar" se preocupen de la acción de los jueces y no de que sus miembros hayan cometido crímenes tan atroces.



La nueva imagen del Ejército que insinuó Izurieta al asumir el cargo queda demolida con sus quejas y peticiones. No está de más recordar que cuando fue juzgada la banda de civiles y militares fascistas que asesinó a su comandante en jefe, el general René Schneider, el Ejército no hizo presiones ni manifestó "preocupación" al Presidente Frei -el general Prats no se habría prestado jamás para eso-, ni asumió la defensa judicial ni la política de los militares conjurados. En esa época el crimen fue esclarecido por los propios tribunales militares.



Un cuarto aspecto a destacar es que, en esta ocasión, la "preocupación" es mayor por el general Ramírez Hald que por los otros inculpados, porque es general y está en servicio activo. Los demócratas no podemos advertir fácilmente el fundamento de esta inmoral, selectiva y clasista preferencia. Si hasta unos meses los sectores democráticos rechazamos la "preocupación" por el "desfile de militares" ante los tribunales (cualquiera fuera su grado), con mayor razón impugnamos ahora esta implícita forma de pedir impunidad para los inculpados de más alto grado, cuya responsabilidad es jurídica y moralmente mayor.



Lo que los chilenos nos preguntamos es qué busca Izurieta y, sobre todo, por qué no lo dice derechamente. ¿Busca que todos los crímenes cometidos por militares queden impunes si la víctima era un opositor a Pinochet? ¿Busca que sólo sean juzgados los de grado inferior, pero no los generales? ¿Busca que la responsabilidad penal se suspenda mientras los inculpados estén en las filas? ¿Manifestó alguna vez "preocupación" por el asesinato de Tucapel Jiménez, de Juan Alegría, del general Prats y de tantos otros, de modo que los chilenos podamos creer que ahora está "preocupado" por razones de un discutible compañerismo y no de oportunismo y simpatía con los inculpados y sus crímenes? ¿Manifestó "preocupación" porque esos asesinatos estuvieran en la impunidad durante tantos años?



Una respuesta a estas inquietudes se hace urgente.

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