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Incorregiblemente incorrectos: sobre liberalismo y socialdemocracia

por 22 diciembre, 2000

En estos días de arrebatos y calor de diciembre hay que dilucidar si el cierto aislamiento de la corriente renovadora de la socialdemocracia en la Concertación, estigmatizada de "liberal" o "corriente marginal" en el análisis de quien ve la estabilidad en una alianza tranquila entre socialcristianos de centro y una izquierda en torno al socialismo, es sólo una jugarreta electoral en función de la construcción del nuevo congreso o existe definitivamente una mirada con desasosiego sobre el movimiento
"díscolo" de la Concertación.



Sólo tonterías. No hay nada más homogéneo que la susodicha fuerza ciudadana. Su diversidad es de estilos y énfasis. El origen es uno solo: la renovación socialista iniciada en 1979, la crítica descarnada a los errores de la izquierda, la valoración de la democracia en su sustantividad, la definición valórica de 1993 por el socialismo democrático y la tradición progresista del
liberalismo, una suerte de construcción criolla de lo que hoy se llama en el viejo continente socialdemocracia renovada, tercera vía, que va desde el socialismo mediterráneo, la socialdemocracia alemana, el nuevo laborismo inglés y los demócratas americanos.



Estatista a la hora de defender la salud de todos, a la hora de los derechos de los pacientes, de las regulaciones ambientales, de los derechos de los consumidores, a acoger leyes que aseguren que más trabajadores negocien.



Liberal cuando se trata de defender la cultura, eliminar toda censura, promover a las minorías, innovar en la discriminación a favor de mujeres e indígenas. A favor de una ecuación razonable de crecimiento económico y regulación. Cauta en asegurar inversiones y no gravar con excesos de costos la contratación de mano de obra en momentos de recesión y alta cesantía.



Inclaudicable en los derechos humanos, en negar toda idea de leyes de olvido y borrón y cuenta nueva. Abierto a la justicia con clemencia si hay gestos de otros, buscando una reconciliación fundada en la verdad y la justicia.



Si, es la izquierda que no cree que todo lo hace el estado, teniendo claro que Chile necesita más mercado y más estado, sobre todo ser comunidad, con ciudadanos organizados y fuertes en sus derechos. De allí su cercanía a ecologistas, regionalistas, indigenistas, asociaciones de consumidores, líderes culturales.



El mundo de la centro izquierda del siglo XXI no se agota en Frei y Allende, ni en Maritain y Gramsci, ni en Willy Brant y Andreoti. Las alianzas con sentido social en su esencia (ese sentido de misión en la idea de construir caminos a todos, esas redes que se conmueven con la marginalidad y que son ágiles en encontrar alternativas y no amenazas en la modernidad y la globalización), son diversas.



Están lejos de la derecha chilena y su autoritarismo político y neoliberalismo económico. No es el coro que niega aún la verdad en los derechos humanos, que vive con la calculadora a la hora de democratizar la Constitución, que se vuelve una bandada estridente e histérica al más mínimo asomo de normas regulatorias o redistributivas, sociales o laborales.



No es aquella que fracasa todos los días en combatir la
delincuencia con alarmas u ojos vigilantes, que aún no entiende la compatibilidad entre solidaridad y crecimiento, que no ama las ciudades integradas, que se alegra de la autosegregación.



Con todo, hay conservadores entre nosotros mismos; los que no creen en el divorcio, los que se escandalizan con las minorías, los que quieren llegar al Bicentenario con un estado centralista, que no elige democráticamente sus gobiernos regionales, que sospecha de cualquier privatización, que ama el orden estatal y olvida la autogestión y la sociedad civil, que defiende a los censuradores y en nombre de la moderación trata de negar las visiones disidentes.



La Concertación no existe sin sus incorregiblemente incorrectos. Estos idiotas que en su sinceridad dijeron que era un abuso a los ciudadanos buscar que todo alcalde fuera a la reelección en nombre de no sé qué equilibrio, para que luego se levantaran como acusadores los que más faltaron a los acuerdos. Que se le diga marginal y liberal ante la osadía de decir que el crecimiento económico es un tema nuestro, que las sociedades mejoran con gobiernos de centro izquierda que difunden trabajo.



No hay que estar nerviosos. Los díscolos son los más leales a Su Excelencia, en las duras y las maduras, no son un invento, ni una montonera, ni unos cuantos adictos a la tele (esos mismos que aclaman los ciudadanos que ven retroceder los abusos cuando los alocados liberales les defienden con amor infinito).



Las corrientes no las inventan. Sólo existen si hay sintonía con redes significativas de ciudadanos. Se va a llegar a todos los acuerdos, o sin ellos al final habrá más o menos el mismo resultado. Hay muchos caminos a la hora de alcanzar la arcadia de estos días; que el gobierno haga reformas mayoritarias, que nos vaya bien a todos, sobre todo a los de abajo, lo que nos conmueve, y que un día de esto retomemos los bríos de las transformaciones, el nosotros y la felicidad del trabajo fecundo por Chile.

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