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Realidad de la integración latinoamericana

por 30 diciembre, 2000

Pero también es cierto que en materia de comercio los avances en estas dos décadas han sido sustantivos, lo que ha traído también, especialmente a partir de los 90, un notable crecimiento de las inversiones externas y de las exportaciones regionales hacia el resto del mundo.



Según los estudios de la secretaría general de la Asociación Latinoamericana de Integración (Aladi), los intercambios dentro de la región entre los doce países miembros se han cuadruplicado en 20 años, mientras las inversiones -procedentes principalmente de Europa y Estados Unidos, y en menor medida de Asia y Oceanía- aumentaron más de diez veces en este lapso.



Nuestro comercio extra-regional también ha crecido en términos absolutos y relativos, aumentando nuestra participación en el comercio mundial desde el 4,3% al 5,4%, aun en medio de la crisis asiática.



El comportamiento de la región Aladi en estos aspectos durante el año 2000 ha sido aun más auspicioso: el comercio interno crece un 27% respecto de 1999, las exportaciones extraregionales aumentan un 23%, la balanza comercial da saldo positivo por cerca de nueve mil millones de dólares y la inversión extranjera directa sigue aumentando, aunque moderadamente.



Si bien el comportamiento de los países difiere entre sí, existen casos complejos con serios problemas de carácter macroeconómico, y algunos, como Chile, muestran un mayor dinamismo que otros.



El hecho de que el conjunto de la región muestre signos positivos en su comercio, en crecimiento del Producto (cerca del 4%) y en inversiones, genera un clima favorable para que los actores económicos operen con mayor grado de certidumbre y optimismo.



Y demuestra, al mismo tiempo, tres cosas fundamentales:



Primero: que la red de más de cien acuerdos bilaterales y subregionales vigentes entre los países Aladi favorece enormemente los intercambios, al liberalizar progresivamente el comercio recíproco, y crea las condiciones para que las empresas operen y se beneficien especialmente en los productos manufacturados.



Segundo: que la región tiene capacidad y potencialidad para crecer, tanto hacia dentro como hacia fuera, cuando el entorno internacional se dinamiza. Pero sobre todo, que tiene capacidad de recuperación rápida en su comercio externo, como se evidencia este año luego del período del 98 y 99.



Y tercero: que los países de la región continúan siendo atractivos para las inversiones externas. Y, si bien éstas se concentran en algunos, lo que explica el interés no es sólo el mercado de cada cual, sino precisamente la dimensión regional de los intercambios y la proyección de los servicios hacia el conjunto.



Sin embargo esto no es todo. Si bien el comercio y las inversiones son fundamentales y constituyen una base para la integración, lo cierto es que se está llegando a un punto en el proceso en que será cada vez más difícil avanzar en los intercambios si no se abordan de manera conjunta, a nivel regional, cuestiones sustantivas como la integración física, la integración digital, la armonización de los acuerdos existentes, la convergencia macroeconómica (como la que está en curso a nivel de Mercosur, Bolivia y Chile) y una cooperación avanzada entre los países para temas como el desarrollo de las PYMEs, la promoción de exportaciones, el comercio electrónico, las migraciones, políticas de empleo, medio ambiente y el desarrollo normativo.



El reciente informe 2000 preparado por la secretaría general de la Aladi recoge esta inquietud con claridad. Y Chile ha planteado con mucho énfasis estas cuestiones en el seno del organismo en las visitas realizadas este año tanto por la ministra de Relaciones Exteriores, Soledad Alvear, como por el Presidente de la República, Ricardo Lagos, con notoria receptividad por parte de los países miembros.



Por otra parte, la Cumbre de Brasilia generó una dinámica en materia de integración física vial, energética, de telecomunicaciones e infraestructura de transporte, al punto que ya ha conducido a que los ministros correspondientes adoptaran en una reciente reunión en Montevideo un esquema de Plan de Acción, con el compromiso del BID y de la CAF. Los cálculos preliminares indican que la inversión que representaría en diez años la integración física de Sudamérica puede alcanzar los US$180 mil millones.



Existe conciencia tanto a nivel de los actores públicos como privados de que es necesario dar un paso más, de carácter estructural, en el proceso de integración.



Esto implica, sin embargo, decisiones políticas de la mayor envergadura, puesto que comprende necesariamente cuestiones de coordinación supranacional, de sujeción a normas comunes y de políticas públicas conjuntas armonizadas y aplicadas mediante compromisos firmes que a veces la coyuntura interna dificulta.



Todo esto tiene un sentido claro: el desarrollo social de nuestros países depende de un acelerado crecimiento económico que genere empleos de calidad y ello, en la nueva realidad del comercio, requiere de capacidad competitiva tanto de las empresas como de los países, lo que sólo se logra mediante la integración de esfuerzos y la armonización de políticas. Lo mismo vale para el relacionamiento externo y las negociaciones en curso, así como para el aprovechamiento de las enormes ventajas futuras del Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA).



Todas estas cuestiones han comenzado a ser analizadas a fondo en la Aladi por mandato del Consejo de Ministros y serán materia de un informe de evaluación a presentar en mayo próximo, dando inicio a un período de propuestas sobre cómo abordar regionalmente estos temas y cual será el rol que le corresponderá en este nuevo escenario a la propia Aladi como principal marco institucional de la integración.



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* Héctor Casanueva es embajador de Chile ante la Aladi.

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