La dere$ha y los dineros grises - El Mostrador

Jueves, 23 de noviembre de 2017 Actualizado a las 08:19

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La dere$ha y los dineros grises

por 25 enero, 2001

Durante una década, como coro de una tragedia griega, nuestra "Dere$ha" se niega a perfeccionar la democracia y alienta sistemas viciosos, sin apego a una ética política de país con posibilidades institucionales, de cultura e ingreso para ser una democracia avanzada.



Se ha negado a modificar los designados y ahora quiere una reforma constitucional porque numéricamente no le sirven. No acepta la más mínima modificación del sistema binominal, lo que acerca las negociaciones parlamentarias cada vez más a una suerte de "congreso Termal", al viejo estilo de las oligarquías conservadoras y liberales.



No apoyó la separación de las candidaturas de alcaldes y concejales por cálculos político-electorales. Vuelve a rechazar toda posibilidad de transparentar el financiamiento de la política, ni menos democratizar su acceso, incluso desoyendo a los intelectuales agrupados por el CEP.



La derecha no tiene mucho que ver con la prédica valórica de la regeneración de la política con su sello apoliticista, gremialista y puritano de los ochenta.



Fue siempre un barniz seudo ideológico para ocultar posiciones ultra-conservadoras, autoritarias y excluyentes, entregadas a los poderes fácticos que inundan la institucionalidad; el poder pinochetista y el poder económico.



Uno en los designados, tribunal constitucional, Cosena, censura y tantos otros; el dinero en los medios y las campañas electorales, sin contrapeso.



Bienvenida otra batería de normas para evitar que se ocupen recursos fiscales en las campañas. La derecha quiso "empatar" situaciones; el dinero empresarial con el estatal, el arrojar chilenos al mar con los llamados a la "violencia política", el sistema binominal con la estabilidad.



El doble discurso tiene un límite. La dere$ha le miente a Chile, evade en las campañas miles de millones de pesos en gastos extras de sus empresas, se colude con los grandes grupos y hace del Congreso un lobbismo sin trasparencia.



En la legislación sobre limitación del gasto electoral se pedía un mínimo, que tampoco aceptó.



Las grandes democracias tienen tres instrumentos para ayudar a la transparencia; limitar el gasto con debida supervisión (una superintendencia de partidos o nuevas atribuciones con apoyo para el servicio electoral), dar a conocer el origen de los recursos para que la ciudadanía juzgue los intereses detrás de las candidaturas, y financiar mínimamente los gastos de campaña para un efecto democratizador de la política, en que no se impongan barones y brokers de grandes consorcios.



¿En quiénes invierten las eléctricas, tabaqueras, pesqueras, inmobiliarias, papeleras y forestales? ¿Quién les asegura desregulación y flexibilidad en normas?.



El esquema actual también influye, marginalmente, sobre políticos de la Concertación. El proyecto de transparencia en los gastos electorales ayudaba, no en lo absoluto, a una relación de mayor petición de cuentas hacia la ciudadanía, de develación de los juegos de intereses.



Ay, como leemos con nostalgia cierta tradición democrática de la derecha chilena, de mayor austeridad, decencia y opción por democratizar instituciones. Los liberales contra el autoritarismo portaliano con los Errázuriz y Vicuña Mackenna; la opción municipalista contra el centralismo de Irarrázabal; la austeridad de Jorge Alessandri; las leyes sociales con el León de Tarapacá. Es sólo nostalgia.



Nuestra derecha autoritaria, mediática, cínica, calculadora y financiada desde la oscuridad, requiere una regeneración, hacer coherentes los discursos, viajar y reunirse con los líderes de los partidos democráticos de la derecha universal.



Que sepan en qué está Fox, el verdadero PP, la DCU tras sus escándalos. Que no nos den lecciones de decencia, esta dere$ha de la oscuridad y el dinero.

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