¿Existe un “Pacto Moral” en Chile? ¿Lo necesitamos? - El Mostrador

Miércoles, 21 de febrero de 2018 Actualizado a las 07:41

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¿Existe un "Pacto Moral" en Chile? ¿Lo necesitamos?

por 3 marzo, 2001

A propósito de múltiples discusiones que han aflorado en los últimos días, tales como la existente a propósito de la esterilización en hospitales públicos y la autorización de la denominada "píldora del día después" es dable preguntarse si, para que tales discusiones se planteen en una perspectiva razonable y mutuamente conducente, necesitamos contar con un "pacto moral" que les provea de un lenguaje común.



Previo a ello es preciso inquirir si contamos con un acuerdo semejante y nuestra respuesta, sin perjuicio de efectuar algunas precisiones posteriores, es negativa. Nos explicamos. Por mucho tiempo, nuestra sociedad fue moldeada a partir de una moral hegemónica, sin que cupiera a su respecto padrones morales alternativos. Para hacer efectiva esta unilateralidad, a la moral tradicional le bastó contar con conservar el control de las instituciones políticas, mantener un sistema educacional elitario y autorreferente y sostener una estructura de división social eminentemente jerárquica para gozar de una indiscutida preeminencia en la discusión de lo que es ético.



Es cierto que, a partir del siglo XIX, con el nacimiento y desarrollo de la educación laica y merced al aporte de intelectuales liberales y a la emergencia de una pujante clase media se hizo posible una apertura a otras concepciones éticas y, por ende, a una mayor variedad de disposiciones morales que pudieren regir la conciencia de las personas.



Ayudó también al establecimiento de este nuevo estadio moral la evolución habida en la propia ética dominante, en cuya virtud, la moral dejó de fundarse en criterios heterónomos, es decir, en la imposición de una voluntad externa que determinara el sentido de lo correcto, para evolucionar hacia una afirmación de la autonomía moral de los individuos. No cuestiona la primacía de tal autonomía la existencia de un sistema o de un crisol de sistemas de prescripciones morales surgidas desde la distintas religiones o la sociedad civil (pensemos, por ejemplo, en los colegios o asociaciones profesionales).



Así, lo relevante es que el sujeto ético deja de ser la persona o entidad que emite las proposiciones morales para radicarse en el sujeto concreto que goza de discernimiento, sea que se ajuste a tales proposiciones, a alguna de ellas o que simplemente las desconozca. En fin, el sujeto es éticamente autónomo porque, en cuanto ser racional y libre, no puede abdicar de su aptitud para distinguir entre las distintas categorías binarias (bueno-malo, correcto-incorrecto) y para adoptar los principios y valores comprometidos en su vida cotidiana.



El lector debe considerar, para el examen de nuestra reflexión, la distinción entre ética y moral. Siguiendo a Adela Cortina podemos decir que el contenido de la moral son prescripciones de conducta sin coercibilidad, mientras que la ética es la disciplina que investiga los fundamentos de la moral o de la moralidad. La ética, como filosofía de lo moral, aporta razonamientos que el sujeto está en condiciones de entender y aplicar; y la moral se enfrenta al individuo a partir de proposiciones de conducta dirigidas a su conciencia cuya fuerza vinculante depende de la autoridad que éste le conceda al proponente moral.



En buenas cuentas, si una moral carece del elemento coercitivo pierde con ello carácter universal, toda vez que las proposiciones de conducta sólo tendrán efecto entre quienes le reconozcan autoridad a los emisores de esa moral. El razonamiento ético, por el contrario, no distingue entre sus destinatarios, sus fundamentos pueden ser comprendidos y acogidos por todo ente racional, en cualquier época y lugar, lo que le confiere pretensión de universalidad. Es cierto que en el razonamiento ético deben considerarse las particularidades del individuo y sus circunstancias sociales para su concreción, empero, de ello no se sigue que experimenten un detrimento en su validez universal.



Por eso es que consideramos que en Chile no existe un Pacto Moral, el que sólo se podría dar cuando se confunden el derecho y la moral. Y ello no es posible en las sociedades modernas que respetan y promueven el pluralismo ideológico, religioso y cultural. Pero nuestro país sí necesita profundizar y concitar un "consenso ético", es decir, la coincidencia en torno a un conjunto de principios y valores que configuren la identidad de la comunidad a la cual pertenecemos. Es más, ya como especialista en Derecho Constitucional, podemos decir que no existe Estado sin un consenso ético, por mínimo que sea. En cierta forma la convivencia bajo el imperio de una autoridad -estatal- es posible en la medida que exista tal consenso.



Y, en los términos sugeridos por Michael Walzer, opinamos que ese consenso será más denso mientras más local sea la comunidad que lo adopte, de suerte que el Estado será más integrado y la identidad comunitaria más consolidada en cuanto se arribe a un consenso en torno a los valores y principios que ordenan la convivencia y las conductas, proceso que se advierte más tenue en el orden internacional o mundial donde el consenso fundante tiende a ser más frágil y conciso.



En suma, consideramos que para un diálogo más transparente y fructífero acerca los denominados temas "valóricos", es menester discutir previamente cuál es la ética fundante de nuestra comunidad. Y este debate debe ser encarado en perspectiva de consenso, y no de conflicto.



* Abogado. Magíster en Derecho Público Universidad Católica de Chile. Académico Universidad de Chile.

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