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Ä„Ä„Ejército de Chile: el enemigo de la soberanía nacional...!!

por 24 marzo, 2001

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... y la identidad cultural es la globalización



El Ministerio de Defensa Nacional acaba de lanzar una iniciativa de futuro: la elaboración de un Segundo Libro de la Defensa Nacional. La pregunta a responder es para qué queremos tener Fuerzas Armadas en el actual contexto mundial, regional y vecinal. En un nuevo contexto global deberemos preguntarnos de qué enemigo debemos defendernos. Y, deducido lo anterior, qué tipo de Fuerzas Armadas requerimos.

Para algunos la amenaza puede surgir de nuestros vecinos. Del total de los 6 mil 280 kilómetros que tiene la frontera chilena, 180 kilómetros los comparte con Perú, 850 con Bolivia y 5 mil 600 con Argentina. Pero no es muy creíble la amenaza militar vecinal. Producto, entre otras cosas, del propio éxito de la política defensiva de Chile que ha impedido que haya una guerra en territorio nacional en casi doscientos años de historia. Ello no sólo por un contexto mundial y regional actual muy hostil a la guerra, sino además por la solidez de nuestra política internacional bilateral. Ello se expresa en tratados y convenios limítrofes y, desde 1995, en una audaz política de medidas de confianza mutua, sobre todo con Argentina.



Lejos de ver en nuestros vecinos un potencial enemigo, la verdad sea dicha, sin integración regional no hay posibilidad alguna de defender nuestra soberanía política y económica ante las empresas multinacionales, las instituciones internacionales, los actores transnacionales y los grandes conglomerados regionales. Nuestra promoción de la identidad nacional quedará en verso ridículo ante la estandarización de los hábitos de consumo (macdonalización) vía los medios de comunicación mundiales. Nuestra defensa de fronteras se reducirá a absurdos controles aduaneros ante la explosión de los medios de transportes y la revolución digital que destruyen la geografía y hace poroso todo límite.



Para que Chile realmente sea arquitecto de su propio destino y no volvamos a preguntar por el destino político del reino en El Escorial o el uso de la riqueza en la Casa de Contratación de Sevilla, sólo hay una solución a la larga: integración política, cultural, social, económica y militar latinoamericana.



Los Estados latinoamericanos se verán forzados a la cooperación transnacional para los fines de la aplicación del derecho nacional, dado que las estrategias de actuación particulares caen en el vacío, por ejemplo en Internet, en la evasión de impuestos, en el control de la emigración, o en la lucha contra el paro y contra la delincuencia económica. No se trata de altruismo ni de ingenuidad, sino de egoísmo estatal, puesto que sólo así les es posible renovar su soberanía en el marco de la sociedad mundial y del mercado mundial.



Surge así el principio paradójico de la autoafirmación debido a la autodeposición. Chile será más poderoso integrado y jugando un papel de liderazgo político en América Latina, en vez de solo y armado hasta los dientes.



América Latina puede ser un espacio geográfico, político, militar, cultural y económico como lo soñaron los libertadores de 1820 en animadas veladas, tertulias y bohemia o en ardientes campos de batalla. Bolívar, O'Higgins y San Martín se merecen una segunda oportunidad y los pueblos de Latinoamérica un nuevo trato.



Si mentes afiebradas nos dicen que esto es inviable y cosa de locos; y si la duda del conservador que afirma que todo cambio es imposible o peligroso, recuerde que fue este el sueño de Bernardo O'Higgins, sin el cual no habría Patria libre ni ejército nacional, y reaccione inmediatamente exigiendo una segunda oportunidad para soñar, reflexionar y cambiar. No olvide que el Padre de la Patria hipotecó las arcas fiscales para liberar el Perú a través de nuestra primera escuadra en 1820.



Bienvenido debate del "Libro de la Defensa Nacional II" que haga de Chile líder de la constitución de unas poderosas fuerzas armadas bolivarianas que defiendan nuestras pobres, pero orgullosas naciones.



El sueño está lanzado. En 1910 dos presidentes, uno pronto a morir, se abrazaron en el Estrecho de Magallanes para ratificar la amistad de dos pueblos. En el año 2010 el Parlamento latinoamericano podría reunirse en Machu Picchu. Que nuestros libertadores y el Imperio Incaico que unió Ecuador, Perú, Bolivia, Argentina y Chile nos inspiren.
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Sergio Micco y Gonzalo García son investigadores del CED.

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