Ä„No a los anticonceptivos, sí a las vacas sagradas! - El Mostrador

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Ä„No a los anticonceptivos, sí a las vacas sagradas!

por 27 marzo, 2001

Los chilenos, que presumimos de occidentales, carnívoros y modernos, no podemos entender un tabú religioso, como el de las vacas sagradas. Traspasados por las adicciones gastronómicas norteamericanas, por el culto a la hamburguesa y por el hábito argentino de hacer asados ante la menor provocación, sentimos conmiseración por los pobres hindúes, que por cuestiones religiosas mantienen más de cien millones de animales inútiles que se pasean frente a una población famélica, que no puede carnearla ni hincarle el diente, ni siquiera ordeñarla con mucho provecho, porque la raza cebú es tal vez la peor productora de leche. Cualquier vaca americana o europea, produce 10 veces más.



Habría que explicar que para los hindúes, la vaca es el símbolo de todo lo vivo, de modo que sacrificar a este animal es un sacrilegio contra la madre de la vida. Pero además de esto, el antropólogo norteamericano Marvin Harris, descubrió que la vaca es de primera importancia para la economía rural de pequeña escala en la India.



En primer lugar, la vaca es una "fábrica" de bueyes, que son la principal energía de tracción para varias decenas de millones de pequeñas granjas que hay en el país. Pero además, el ganado vacuno de la India defeca 700 millones de toneladas de estiércol, que se recupera completamente y que es el principal fertilizante para la agricultura y uno de los más importantes combustibles domésticos.



Cambiar los bueyes por tractores y la boñiga por fertilizantes químicos y combustibles derivados del petróleo, llevaría a liquidar la granja familiar, como ocurrió en los Estados Unidos en el siglo pasado. Y entonces, cientos de millones campesinos desplazados emigrarían a las ciudades indias que ya están saturadas.



Para Harris, el amor por las vacas incentiva a los seres humanos a mantener una economía con bajo consumo de energía, en la que hay poco margen para el despilfarro. Todo lo contrario de lo que ocurre en países como el nuestro, subdesarrollados, pero con aspiraciones de opulencia, donde el derroche ha pasado a ser un signo de distinción social.



Hay estudios que muestran que la India usa su ganado vacuno con mayor eficiencia energética que los Estados Unidos.



Por lo tanto, la vaca en la India, no sólo es simbólicamente la madre de lo vivo, sino que en términos prácticos, sirve a la vida.



Después de este examen, hecho desde el lado de afuera de los cánones del derroche de la economía occidental, ya no parece tan ridícula la defensa del derecho a la vida de las vacas.



Sobre la base de este caso, creo que tendríamos que reconsiderar las críticas que hacemos desde una cultura secularizada y moderna, a la resistencia que opone el integrismo religioso, al uso de los eficaces métodos anticonceptivos desarrollados por la tecnología occidental, en muchos países de Latinoamérica, donde la sobrepoblación ha llegado a convertirse en un obstáculo insalvable para el desarrollo.



¿No habrá detrás del tabú al condón y a las píldoras de antes y después, una racionalidad secreta, una sabiduría encubierta, como en el caso de la sacralización de la vaca?



Nuestra fidelidad al papel de productores de materias primas que nos asignó el modelo globalizado de división del trabajo, nos está llevando a agotar todos los recursos naturales del continente. ¿Qué vamos a hacer cuando ya no queden peces que convertir en harina ni árboles que reducir en astillas? Tal vez entonces tengamos que dedicarnos a exportar niños, actividad que ya han iniciado algunos emprendedores visionarios, aún con todas las dificultades que ponen las pesadas burocracias y policías estatales.



O quizás tenemos que ser muchos, multitudes abrumadoras de sudacas, porque tarde o temprano llegará el tiempo histórico en que nos vamos a pelear los despojos de los Estados Unidos con los orientales y sólo ganaremos si somos más.



Y por qué no pensar en que la misma sobrepoblación llevará a tal escasez de alimentos, que la única y la última reserva de proteínas podría llegar a ser la misma humanidad. Entonces volveremos a las prácticas de la gastronomía antropofágica.



Por todas estas razones, no conviene atribuir el rechazo de los anticonceptivos sólo al oscurantismo religioso.

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