Un timón no tan firme - El Mostrador

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Un timón no tan firme

por 28 abril, 2001

Leo en los diarios la caída que ha sufrido en la opinión pública el Presidente Lagos y su gobierno durante los últimos cuatro meses, según la Fundación Futuro. Las cifras no hacen más que confirmar un estado de ánimo política y económicamente depresivo que se respira cada vez más en la calle y en el entorno gubernamental. Esa bajada del 36% al 24% en la percepción del desempeño del gobierno y, sobre todo, esa depreciación del liderazgo de Lagos del 61% al 45%, comienzan a resultar preocupantes para La Moneda.



Ante estos datos, en efecto, los dirigentes más leales de la Concertación se hacen y rehacen las mismas preguntas: ¿Por qué este gobierno que partió con tan buenos augurios no termina de arrancar definitivamente? ¿Por qué el crecimiento no se compagina con el empleo, el prestigio exterior con la opinión interior?



Pienso que, ante todo, existen razones de orden interno del propio oficialismo. No se ha logrado aún madurar un libreto suficientemente articulado y flexible en torno al cual se alineen con disciplina ministros, parlamentarios y otros líderes concertacionistas. Las famosas cartas de navegación del tiempo de Aylwin y Boeninger, que alguna eficacia tuvieron en su momento para clarificar la acción del gobierno, no parecen tener lugar en el sexenio Lagos.



Ahora los proyectos pasan por la amuebladísima cabeza del Mandatario y por su equipo asesor más personal. Esta sigilosa trouppe del segundo piso representa un poder en la penumbra cuya capacidad táctica y estratégica no se ha transparentado en los meses que lleva desgranando sus sabidurías. De hecho, no ha sabido aprovechar a un personaje con tantas cualidades de líder como Lagos para formar la imagen del Presidente que esperaba Chile. No ha sabido corregir dos defectos de que adolece su jefe: su tendencia invasiva de profesor todo- terreno; su dificultad para tomar decisiones en los temas más críticos.



Los otros elementos



A esto añádase el desmadre existente en la Concertación. Lagos ha tenido la mala fortuna de iniciar su gobierno con dos elecciones que le han dificultado enormemente poner orden en sus alborotadas filas. El individualismo que señorea actualmente en la actividad política se expresa de manera mucho más obscena conforme se van acercando las campañas electorales. Las lógicas de alianza o de partido e incluso de tendencia se rompen y se da este penoso espectáculo que domina tanto a la Concertación como a la oposición, pero que daña especialmente, en las actuales circunstancias, a la primera.



Existen también las dificultades que vienen desde fuera del mundo oficialista: desde unos medios de comunicación que en su gran mayoría no simpatizan con el actual gobierno; desde un poder empresarial que nunca considera suficiente la obsecuencia a sus demandas; desde una oposición que cumple sus funciones con el empuje que da el sentimiento de estar en alza.



Desde los medios se va marcando ideológicamente a la Concertación (a sus dirigentes, a sus intelectuales, a sus operadores). A todos ellos se les cataloga, se les clasifica. Hace unos años se les dividía entre históricos (ortodoxos) y renovados. Más tarde la división se establecía entre populistas y modernos. Y ahora entre estatistas y liberales. Por supuesto, que se trata de un etiquetamiento muy primario, en que existen buenos y malos, listos y tontos: los que se han subido al tren de la historia y los que se han quedado torpemente en el andén.



Día a día, los medios nos diluvian la mente con la inteligencia, la apertura, el buen sentido, el estar al día de los unos y el anacronismo y la rancia e inútil ortodoxia de los otros. Es curioso cómo esta falsa dialéctica ha penetrado en el público y ha atraído a algunos personajes que se sienten adulados, promovidos, publicitados.



Respecto al ámbito de las cúpulas empresariales, existe el rumor persistente sobre su deseo de que Lagos fracase o, al menos, que no tenga éxito. La queja continúa de los grandes empresarios, a pesar de las sustanciosas ganancias del año 2000, a pesar del notable crecimiento proyectado para el 2001, suenan inevitablemente a un cierto chantaje. De todas maneras, la existencia de una eventual conspiración anti-Lagos es una pregunta que está en el aire y que va a necesitar una documentada respuesta.

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