¿Tiempos de coraje? - El Mostrador

Domingo, 19 de noviembre de 2017 Actualizado a las 15:21

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¿Tiempos de coraje?

por 14 mayo, 2001

En un diario -¿La Segunda, el viernes?- entreví, y por lo tanto leí al pasar, los perfiles, ponencias, estados de ánimo, ideas de tres jóvenes -¿o cuatro? (¿Tan poco entusiasmo me provocaron?)- que postulan a dirigir la juventud del Partido Socialista.



Todos ellos tienen una cuestión en común, que no es más que el resultado de militar en el PS: deben, de entrada, explicar al grupo a que pertenecen, de cómo llegaron a él, del equilibrio que para ese grupo ellos suponen. Que si la Megatendencia, el tercerismo o qué sé yo. A ojos de muchos, esa marca de identidad de los socialistas es simplemente un lastre partidario, pero hay que aceptar que tiene su lado positivo. Mal que mal, el mundo es un poco así: desordenado, para nada monolítico, de patotas.
No estoy para nada seguro de que los jóvenes hablen como estos candidatos. Al menos dos, si mal no recuerdo, son sociólogos, y con eso ya es mucho decir.



Otra constatación: las juventudes de los partidos políticos -y esto de acuerdo a cómo son sus dirigentes- insisten en calificar de jóvenes a tipos más bien treintones. Los líderes juveniles llegan a peinar canas. Y uno no puede menos que suponer que para llegar a liderar una juventud política, entonces, se debe recorrer un largo camino, no necesariamente plagado de estudios académicos, sino más bien de práctica partidaria. ¿Cuál sería ésta? ¿Cuál sería cuando cada día más se escucha la crítica de que los partidos no son más que grupos de poder, que viven del ejercicio de ubicar a sus piezas en puestos precisos, piezas que, más temprano que tarde, obedecerán, retribuirán al grupo que allí lo instaló?



Debo reconocer que en la lectura veloz del artículo en cuestión no se me quedaron registrados ni nombres, ni ideas, ni diferencias. Salvo una: la de uno de los candidatos que llamaba a recuperar el "legado de Allende". ¿Es eso lo que define hoy al PS? ¿El recuerdo de Allende, de su mito, no su gobierno, porque eso sería invocar al desastre?



¿Cuál sería ese legado? ¿Una cierta preocupación social? ¿Un compromiso de integrar a los marginados? ¿Y por qué no, también, esa frivolidad de Allende, ese gusto por la buena ropa, las mujeres y el buen comer?



Tal vez el legado de Allende sea esa contradicción permanente (tal vez por eso el PS no puede ser monolítico). Contradicción entre el respeto a la democracia y las tentaciones autoritarias, que legitimaban un cierto abuso, una no despreciable prepotencia y cierto desdén por las libertades (las "burguesas", por cierto).
El PS pagó caro esa contradicción. La pagó con muertos. Pero después de eso, ¿qué?



¿Por qué desde hace 15 años es pertinente preguntarle a un socialista qué es ser socialista? Seguramente porque, mirándolos, viendo cómo actúan, escuchando lo que dicen, nada señale muy claramente qué es lo que los distingue. A Allende, al menos y penosamente, lo distinguía su contradicción. Su memoria se salvó de ella porque al final, en La Moneda, su actitud y su suicidio lo redimieron. Fue una cuestión de coraje. ¿Están los tiempos para eso?

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