¿Giro progresista en el discurso de Lagos? - El Mostrador

Sábado, 25 de noviembre de 2017 Actualizado a las 02:40

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¿Giro progresista en el discurso de Lagos?

por 27 mayo, 2001

El 21 de mayo pasado, el Presidente de la República, Ricardo Lagos Escobar, dio cuenta al país de su primer año de gobierno y explicó las perspectivas para el futuro, el cual comienza sumido en un mar de incertidumbres.



En términos generales, se puede decir que el discurso de este año estuvo mejor que el anterior. Menos general y más orientado a las cuestiones centrales, el discurso del Presidente denota preocupación y, lo más alentador, es que revela un giro progresista en la filosofía inspiradora del gobierno, aunque perduran ciertos rasgos de ortodoxia económica que son preocupantes.



Esto último se puede apreciar claramente en materia de salud. La futura reforma planteada por el gobierno, descansa sobre un principio de reparto y solidaridad intergeneracional, donde se pretende que la ayuda vaya de ricos a pobres, de sanos a enfermos y de jóvenes a viejos. Es la antigua idea del reparto tan menospreciada por los técnicos de la dictadura militar que impusieron la reforma individualista de la salud y del sistema previsional del que muchos hoy son más víctimas que usuarios.



El giro progresista también se ve implícitamente en materia de política fiscal. Primero porque la reforma tributaria pretende apelar a que cada ciudadano chileno pague sus impuestos a conciencia, disminuyendo la evasión y confiando en la mejor distribución que pueda hacer el Estado, de los recursos de todos los chilenos. Segundo, por las medidas anunciadas que significarán una mayor intervención del sector público en materia económica. Sobre esto último el Gobierno anunció mayores concesiones para la construcción de escuelas, hospitales y cárceles, y la creación de 50 mil empleos directos, que se suman a los 100 mil ya anunciados el 1 de mayo. Estos empleos son directamente generados por el Estado y no corresponden a estimaciones derivadas del crecimiento de la economía.



De esta forma, a pesar de que el Gobierno sigue alineándose al Fondo Monetario Internacional (FMI), manteniendo restringido el gasto público como muestra de una sana economía, implícitamente asume las criticas realizadas a la gestión de Eyzaguirre, rompe la inercia ideológica del FMI reconociendo la existencia de fallas de mercado y asume una actitud más protagónica, en materia económica.



En la misma línea, cabe destacar la importante inversión para extender las líneas del Metro, cerca de 1.000 millones de dólares, no sólo por lo que significa como inversión en la generación de actividad y empleos, sino que también porque denota un cambio en la política de transportes, inclinándose hacia el transporte público que es la política más acertada para reducir la contaminación en Santiago, dado que el transporte privado es la causa fundamental del grave deterioro ambiental de la Región Metropolitana.



Un aspecto interesante del discurso es lo referente a las reformas constitucionales pendientes. En esta perspectiva, el Presidente señaló que se requiere una carta fundamental respetada, valorada y legitimada por todos. En este mismo ámbito resulta muy positivo el reconocimiento del derecho a la movilización de los estudiantes, así como la urgencia de legislar sobre temas como el divorcio y la censura cinematográfica.



Sin embargo, pese a que el discurso pronunciado por el primer Mandatario, da señales de optimismo y dejó conforme a casi todos los sectores, también hubo algunos aspectos que generan preocupación.



El discurso del Gobierno acusa una insistencia en el dogma del crecimiento económico, es decir, existe una excesiva preocupación por lograr el robustecimiento de las cifras macroeconómicas, por sobre toda política de mejoramiento en la distribución del ingreso y de la superación de la pobreza.



La posibilidad de crecer a menores tasas, pero de manera más equitativa con una mejor gestión en la administración de recursos, parece desplazada ante el anhelado crecimiento de las exportaciones y del comercio internacional. Aquí claramente el gobierno equivoca las prioridades del desarrollo, puesto que en vez de preocuparse del mejoramiento en las condiciones humanas (salud, medioambiente, educación, calidad de vida), orienta sus políticas a generar crecimiento económico por la vía de las exportaciones de productos muy poco elaborados con alta concentración de recursos naturales que, además, generan muy poco empleo.



Esto resalta aun más ahora que el Gobierno del Presidente Lagos insiste en lograr lo antes posible un acuerdo de libre comercio con los Estados Unidos, continuando con su política de priorizar aperturas indiscriminadas hacia el exterior antes que establecer estrategias de desarrollo nacional.



Lo grave no es sólo que el Gobierno parezca estar de acuerdo con quienes sostienen que el crecimiento económico de los países es consecuencia de la expansión del comercio internacional y no al revés, sino que también está olvidando las consecuencias que dicha apertura puede significar sobre el patrimonio natural, la calidad ambiental, los cambios laborales, sociales y culturales, en especial cuando se trata de acuerdos de libre comercio con países que nos superan en poder económico, político, militar y demográfico, como es el caso de Estados Unidos.



No se debe olvidar que un Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos constituye, entre otras cosas, una abierta pérdida de autonomía democrática para el país, al externalizar decisiones políticas y económicas que tienen mucho que ver con el futuro de los chilenos.



Del mismo modo, preocupa la excesiva importancia que se le otorga a la informática, en especial al uso de Internet. Parece ser que el retraso digital es más importante que el social, moral, educacional y ambiental. Preocupa la ausencia de temas como el de los pueblos indígenas, sobre todo cuando el conflicto de las tierras reclamadas por el pueblo Mapuche, en actual posesión de industrias forestales, no solo se ha agudizado sino que también se ha violentado en la actualidad.



Al respecto, el Presidente, en vez de orientar las soluciones hacia la devolución de tierras, el reconocimiento constitucional del pueblo Mapuche y de su autonomía, ha preferido la creación de una nueva comisión. Como dice el dicho popular "si quieres hacer algo, hazlo, de lo contrario crea una comisión".



En materia de medioambiente, preocupa la ausencia de una política clara y definida que asegure la conservación y el uso sustentable de los recursos naturales, ya sean renovables -como los pesqueros y el bosque nativo- o no renovables -como los mineros-, de manera de proteger el patrimonio natural del país, cuya explotación y exportación han sido históricamente la base de un desarrollo económico empobrecedor para Chile.



Esperemos que este giro progresista del Presidente, no sea solamente un giro electoral para después volver a la inercia de apoyar sistemáticamente el modelo heredado de las oscuras épocas de nuestro país.



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Marcel Claude es economista y director ejecutivo de la Fundación Terram.

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