Las tomas culturales: experiencias de articulación - El Mostrador

Viernes, 15 de diciembre de 2017 Actualizado a las 17:18

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Las tomas culturales: experiencias de articulación

por 21 junio, 2001

Existen en el mundo popular, al lado de la chatura de los debates que invaden el espacio público oficial, más allá de los enredos y escaramuzas de la pequeña lucha por curules y de la grandilocuencia retórica de la política en las alturas, grupos, redes, organizaciones que crean nuevas realidades políticas. Nadie lo pensaría mirando los televisores. Se trata de una verdadera "transición invisible" (G. Salazar) que se entremezcla y superpone con la tediosa escena de la historia oficial.



Cualquier experiencia de base de sujetos populares realiza un rasgón en la historicidad bloqueada por y en el Estado, airea el cielo cubierto de smog político. Cuando además en esas prácticas se moviliza la energía múltiple y plural, se convierten en maneras de superar, en un espacio concreto, el formalismo de la actual democracia, apresada por vicios en ritos y retóricas vacías, no sólo por la herencia pesada de la institucionalidad pinochetista.



Me parece que las acciones más productivas son aquellas donde el espacio no se cierra, donde conviven grupos nuevos y viejos, verticalistas y horizontalistas, institucionales y marginales. Cuando estas experiencias se viven muchas veces, los múltiples actores cohabitan entre roces, polémicas y malos entendidos constantes, porque se trata de entenderse desde lenguajes distintos y porque siempre hay quienes no han logrado librarse del purismo y de la ilusión sectaria de ser los únicos justos. Pero la experiencia de convivir en la acción es ya un ejercicio válido en si mismo, porque evita la peste del canibalismo político y de la autodestrucción fratricida en que suelen caer las sectas.



Cuando se combina trabajo de base y pluralidad, apertura a todos los que desean hacerse, constituirse en la acción, estamos en presencia de formas ricas de reconstrucción de la política.



En esta ocasión quiero referirme a una de estas formas diferentes de hacer política, las tomas culturales. El adjetivo debe ser administrado con precisión. No se trata de modalidades nuevas, puesto que acciones parecidas ya se realizaron en la lucha contra la dictadura. Su valor esencial no es tanto ser originales, aunque lo sean en muchos aspectos. Su principal contribución es que introducen potencia política en una sociedad con tendencias a la despolitización de masas. O sea, proporcionan a todos los que deseen estar y hacer los espacios y oportunidades que necesitan, aunque esas redes, grupos o partidos piensen distintos que los organizadores. Estos se han dado cuenta del valor precioso que tiene la articulación o coordinación en mundos atomizados por las estrategias de arriba.



Los organizadores de estas tomas culturales tienen posiciones claras tanto respecto a la importancia prioritaria de la acción cultural como respecto de la superación de la forma partido. Pero el gran valor de ellos es que no actúan como una secta que tiene como práctica principal enjuiciar a los pecadores. Ellos mismos agrupan una gran variedad de organizaciones, de manera que se han acostumbrado al difícil arte de trabajar en la diferencia. Lo peor que puede ocurrirle a quienes desean hacer nueva política de izquierda es confundir identidad con unicidad. El pluralismo no debe confundirse con el relativismo, pero tampoco la identidad con el sectarismo.



Una mención especial merece la revista Perro muerto, donde se expresan los puntos de vista de los colectivos que organizan las tomas culturales. Esa revista cumple los mandamientos principales del buen periodismo político popular: preocupación por crear un producto estético, escritura que evita el acartonamiento, que busca seducir y no hacer bostezar, mezcla adecuada de la seriedad con la ironía (en ese terreno, brillante el artículo de la contratapa del número 5), amplitud temática etc.



Es necesario tomarse las calles, las poblaciones, los parques para la cultura (la de las bellas artes y de la academia tanto como la popular). No sólo porque si no moriremos esperando que se despierten los encargados oficiales, sino especialmente porque la cultura se desarrolla mejor al aire libre.



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