¿Para qué la integración? - El Mostrador

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¿Para qué la integración?

por 23 junio, 2001

Muchos creen ya superado el ideal de la integración latinoamericana, reemplazado por el paradigma del libre comercio como base del desarrollo. Incluso cuando se habla de integración, en muchos casos de lo que se habla es de comercio.



Nada tendría de malo si esta reconceptualización significara efectivamente un avance en la cuestión central: derrotar la pobreza, crear prosperidad para todos. Las cifras y, más que las cifras, la realidad cotidiana, muestran que la sola liberalización comercial no ha sido sinónimo de mayor crecimiento, equidad y empleo.



Del mismo modo que ya es cada vez más evidente que dentro de los países el Estado debe introducir, sin distorsionar el modelo de mercado, los correctivos compensatorios para crear las condiciones de equidad necesarios, a nivel global ocurre algo similar: un esquema de libre comercio sin regiones afines integradas no funciona para la mayoría, porque no es posible competir en condiciones de igualdad.



Tal vez haya que repensar el concepto mismo de integración en esta nueva era global. Si la consideramos en términos clásicos solamente como una zona de libre comercio más una unión aduanera, con las cuatro libertades básicas, creo que hoy esa definición no basta para dar cuenta de una realidad más rica y compleja.



Un claro ejemplo es el proceso de integración europea, que partiendo de un esquema de libre comercio en el marco de una unión aduanera, se vio progresivamente impelida a abarcar las demás áreas del relacionamiento entre sus estados miembros, hasta llegar al proyecto político-económico-monetario actual.



Hoy en día esta definición tiene que ser revisada, a pesar de lo que dicen los textos y en contra de la visualización clásica de lo que es una secuencia integradora. ¿Hasta qué punto hoy la existencia de una unión aduanera es un requisito sine qua non, y una garantía para que exista integración?



A mi juicio, es importante, pero el núcleo central de un proceso de integración está en las políticas comunes, en la cooperación entre los estados y las regiones.



Y esto nos lleva necesariamente a una cuestión de principios. La integración sólo es posible basada en la solidaridad. Esto significa cuestiones concretas que se ordenan en función de este principio básico, para abordar las asimetrías, los diferentes ritmos, la competencia, las oportunidades, la marginalidad social. De otro modo, sólo se reproducen en un espacio cerrado, las mismas asimetrías e inequidades que en el ámbito mundial, e incluso se generan distorsiones en el comercio que al final derivan en proteccionismo explícito o encubierto.



Lo mismo ocurre en el manejo macroeconómico: si no existe una debida convergencia, un marco común estricto con voluntad política de cumplirlo, de nada sirve la existencia de una liberalización arancelaria ni las preferencias orientadas a crear comercio dentro del espacio común, ni la existencia de un arancel externo también común, ya que todo ello salta por los aires cada vez que el manejo monetario, o la administración del comercio nacional se hace respondiendo a coyunturas internas unilateralmente enfrentadas con prescindencia de los demás.



Por otra parte, los temas de infraestructura física, infraestructura digital, comercio electrónico, nueva economía, la logística, la integración educativa, la circulación de personas, la protección social, necesitan ser abordados regionalmente, convergentemente, de lo contrario se transforman en cuellos de botella para el conjunto.



Muchos de estos temas no van a ser resueltos en el ALCA, y tampoco en espacios en los que sólo se ponen en común los productos. De ahí que en forma cada vez más explícita esta cuestión se esté tornando clave en el análisis que realizan los organismos regionales: cómo lograr una cohesión regional que permita participar adecuadamente en la creación de una zona de libre comercio hemisférica y en la liberalización del comercio mundial impulsado por la OMC.



Desde mi punto de vista, el escenario latinoamericano está más desordenado que diez años atrás y por eso se necesita cierta claridad política respecto de cuál tiene que ser la arquitectura de la integración latinoamericana y la matriz de su vinculación con otras regiones del mundo.



En cuanto a la arquitectura, los países deberán tomar decisiones políticas -como ocurrirá en la Aladi dentro de poco- para determinar la institucionalidad de la integración regional, el rol de las entidades existentes, su inter-relacionamiento y los aportes que cada cual deberá hacer.



Y en lo que respecta al relacionamiento externo, es necesario que haya una cierta concertación regional, como lo han planteado varios países, entre ellos Chile, en el ámbito de la Aladi, para propender a que nos pongamos de acuerdo en temas comunes, nos fortalezcamos, no para contradecir, sino para potenciar nuestra inserción extraregional, y que, por ejemplo, como lo acaba de proponer el Presidente Ricardo Lagos, en el ALCA exista un sistema de cohesión social, que hoy día no se vislumbra.



Dentro de las preocupaciones para la agenda regional es clave el tema de la cohesión económico-social, por una parte, y por otra la competitividad de la región. Cohesión social que genere igualdad de oportunidades en la globalización y competitividad real de las economías de nuestros países, me refiero a ganancias reales de competitividad, no por la vía solamente del manejo de la política monetaria, sino de ganancias de competitividad real por la vía de la incorporación de valor e incorporación de tecnología, por la incorporación de conocimiento al proceso económico.



Una combinación de ambos elementos, que se sustente en políticas públicas y en acciones privadas, en programas concretos, puede generar las condiciones para una participación equitativa de nuestras sociedades en los beneficios de la liberalización comercial y de la integración. Pueden ser la base concreta de la solidaridad. Parafraseando el título de uno de los mejores ensayos de Claudio Orrego (padre), diríamos: "Solidaridad o marginalidad, el dilema de América Latina".



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* Héctor Casanueva es embajador de Chile ante la Aladi.

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