Se les ha perdido el salmo - El Mostrador

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Se les ha perdido el salmo

por 22 julio, 2001

Alejandro Foxley declaró hace unas semanas a El Mercurio que su partido, la Democracia Cristiana, había perdido a la clase media. Craso error de análisis del locuaz senador: lo que ha pasado no es que el PDC haya perdido a la clase media, sino que se ha perdido hace tiempo a sí mismo. La DC, a estas alturas, no sabe dónde tiene el alma.



Esto, desde luego, no se ha debido a la última estupidez administrativa de las inscripciones electorales que ha levantado tanta polvareda leguleya y que ha dado con el presidente de la colectividad en la huesera política. La fatigosa crisis del actual partido mayoritario del Congreso ha sido motivada ciertamente por errores mucho más perniciosos que ese torpe descuido formal.



Para comenzar, Ricardo Hormazábal era inexplicablemente, casi desde su misma elección, un hombre muerto caminando. Aparecía en sus intervenciones en una especie de mundo paralelo, desde el cual exhalaba rancios e improductivos lugares comunes. No era el personaje adecuado para poner drásticamente en orden a unas huestes a la deriva.



Esta situación confusa ha convenido a algunos próceres cada vez más indisciplinados del partido azul, que se han aprovechado de la debilidad del tribunicio Hormazábal para ejercer una creciente independencia respecto a la propia estructura partidaria. Así, un núcleo de miembros de la Cámara Alta, entre los cuales se encuentran Boeninger y Foxley, se han encargado de la tarea de mantener la pureza del modelo económico, en nombre de la competencia global y de la salida de la crisis. Llama la atención el cuidado extremo que muestran en evitar cualquier tipo de disposición legal (catalogada sumariamente de obstáculo al desarrollo) que moleste al establishment de los grandes empresarios.



En un país en que éstos gozan de una presencia mediática abrumadora (compárese con el mundo sindical o académico, por ejemplo), en que el rostro de perpetuo sufrimiento de Ricardo Ariztía lo tenemos integrado, como un vigilante superego, en nuestro imaginario cotidiano, vemos a este grupo concertacionista - sobre todo, decé - abogando por ellos, como si se tratara de un colectivo indefenso.



Resulta muy extraño que cargos electos (aunque alguno sea designado) de ese partido socialmente reformista que es la DC, se comporten políticamente como la derecha más ortodoxa. Y, lo que es peor, sorprende su discurso público que se ha ido encogiendo y unidimensionalizando hasta reducirse a lo económico en su aspecto más contable. Responden curiosamente a esa idea de un estilista norteamericano: "la verdad es la realidad; la realidad es el mercado y el mercado son los números".



De hecho, no se les ve a nuestros activos senadores desarrollar sus ideas económicas en un contexto ciudadano e incluso civilizado. Su economía es cada vez más dogmática, más desangelada, más desalmada. Bombardean al público con el prestigio de los números, con su aparente invencibilidad, y no quieren comprender que la economía de este país, en su sentido más pleno, no podrá funcionar a medio y largo plazo con una población huérfana de ideas y de sentido.



Los nuevos amos del futuro, los nuevos demiurgos pretendidamente absolutos de la realidad tienen en su mano los indicadores, los porcentajes, las proyecciones. Tienen en su mente un recalcitrante desprecio hacia la crítica lega, que se haga desde otros espacios de la sociedad. Pero les falta el canto, el salmo. Por eso no es de extrañar tanta defección política entre viejos camaradas, tanta desilusión a priori de las jóvenes generaciones, tanto pesimismo en cuanto llega la crisis o la dificultad, en cuanto la curva ascendente de buenas noticias deja de estar funcionando.



No es la clase media, senador, lo que ha perdido la Democracia Cristiana. Es aquel salmo que venía de atrás, de tan profundo, de tan lejos. Es aquel canto que iba imprimiendo un poco de ilusión y algo de sentido a la vida civil de sus seguidores.
Sin el salmo y la canción el viejo partido ya no existe, aunque aparentemente funcionen todos los números.

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