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La gente lo pide

por 22 agosto, 2001

Es indispensable la madurez de los dirigentes de nuestro propio sector, que deben dejar de lado las querellas subalternas y demostrar que somos capaces de dirigir la Alianza y próximamente al país en su conjunto. Los ejemplos de España e Italia nos están mostrando claramente el camino.

Los dirigentes políticos muchas veces nos enfrascamos en análisis, disputas y discusiones que no son realmente compartidas ni apreciadas por la ciudadanía.



Es lo que ha sucedido, a mi juicio, con los últimos acontecimientos al interior de la Alianza por Chile en la Quinta Región Costa, y el afán de un sector de la Concertación, vinculado a la democracia cristiana, por sacar ventajas pequeñas de hechos circunstanciales.



Al interior de nuestro sector no debe haber tampoco más discusiones, dimes y diretes. Las relaciones entre los dos partidos que conforman la Alianza por Chile deben retornar a su cauce original de fluidez, lealtad a principios y valores comunes y sincera amistad, buscando, cuando las condiciones de madurez política así lo determinen, transformar la Alianza en el referente principal de la centroderecha, con una mayoritaria participación popular y abierto a sectores ciudadanos descontentos de la ineficiencia de los gobiernos concertacionistas.



Para ello es indispensable la madurez de los dirigentes de nuestro propio sector, que deben dejar de lado las querellas subalternas y demostrar que somos capaces de dirigir la Alianza y próximamente al país en su conjunto. Los ejemplos de España e Italia nos están mostrando claramente el camino.



La desocupación, los problemas económicos que afectan a las familias, el clima de inseguridad ciudadana, la drogadicción, el alcholismo, las dificultades para acceder a salud y para educar los hijos, son los problemas reales que afectan al Chile de hoy. Las rencillas entre dirigentes o cúpulas de partidos políticos están muy lejos de las prioridades de la población.



Para enfrentar aquellos problemas que sí le importan, la ciudadanía tiene muy claro que no puede seguir entregando sus preferencias electorales a la Concertación.



En términos sencillos, todos quienes han visto empobrecer su situación en los últimos diez años, votarán por los candidatos de la Alianza por Chile. Quienes han pertenecido siempre a posiciones políticas representadas por este conglomerado opositor y quienes están disgustados con el gobierno, entienden la Alianza en su conjunto como la gran opción para sacar adelante al país.



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