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Seis memos para el próximo milenio

por 9 septiembre, 2001

Son una especie de recordatorios para varios tipos humanos que se podrían definir como los livianos, los atarantados, los ombliguistas, los narcisistas y varios tipos de individuos o grupos que sufren diversas clases de desajustes. Como aquellos que les gusta llamar moderno a lo arcaico.



En aquellas conferencias nunca expuestas, Calvino propone la levedad, la rapidez, la exactitud, la visibilidad y la multiplicidad como características que el hombre moderno debería tener en cuenta para no perderse en el farragoso tráfico de un futuro en el que la incertidumbre será el motor de la vida cotidiana.



Quedó desaparecida una sexta: la consistencia; el manuscrito, en que diserta sobre tan apreciada y escasa virtud, nunca pudo ser encontrado.



RECORDATORIOS PARA UN ESTADISTA
Es curioso cómo todas estas características calvinianas pueden aplicarse también a una concepción de Estado, y a la de un estadista, moderno y sólido.



La Levedad, haciendo la trasposición, tiene que ver con la capacidad del Estado, y del estadista, para saber qué es es lo esencial y no llevar más equipaje del necesario, con el no apegarse a las cosas doctrinariamente. Lo más importante, para el estadista del futuro, será saber exactamente qué es capaz de asumir el Estado y qué no para que así la sociedad civil pueda despegar y volar lejos.



Para lo de la Rapidez, Calvino se basa en la contraposición y la complementaridad que se da entre Mercurio y Vulcano, ambos hijos de Júpiter, donde el primero representa la sintonía y la participación en el mundo, y el segundo la focalidad o la concentración. La clave está en cómo hacer para participar en el mundo, pero concentrados. Por un lado, la dedicación y la artesanía de Vulcano y, por otro, la movilidad y la rapidez de Mercurio son, según Calvino, las condiciones necesarias para que cualquier esfuerzo llegue a tener un sentido. O sea, debe existir un tiempo de Mercurio y un tiempo de Vulcano. La rapidez, a fuerza de ajustes precisos, acompañados por una intuición instantánea que no deje de tener en cuenta el tiempo necesario para que las cosas decanten y maduren, venciendo la impaciencia, deberá ser otra característica del verdadero estadista moderno.



Respecto a la Exactitud, Calvino piensa que siempre se anda detrás de algo escondido, o sólo potencial e hipotético. La palabra trata de verbalizar lo oculto, uniendo lo visible con lo invisible. Al decir del escritor italiano es un puente frágil e improvisado tendido sobre el vacío. Por esta razón, el lenguaje debe ser usado por el estadista con discreción, atención y cautela, con el respeto, dice, hacia aquello que las cosas comunican sin palabras. La exactitud en el lenguaje y la precisión en la acción, será otra condición que deberá cumplir quien quiera conducir acertadamente a los pueblos.



VISIBILIDAD, MULTIPLICIDAD Y CONSISTENCIA
La Visibilidad consiste en poder evocar imágenes ausentes en contraposición a las imágenes prefabricadas que vemos en todas partes. Es decir, tener la capacidad de combinar el patrimonio visual para dar nacimiento a creaciones propias. Según Calvino, ya no se distinguiría qué es realidad y qué es televisión. Hay que saber, entonces, para estar bien equipados para lo que viene, cerrar los ojos y ver cosas que no se hayan visto en ninguna parte. El estadista tendrá que dejar de copiar o adaptar modelos ajenos y crear conocimiento político, económico y social para que el avance de sus conducidos sea fluido y no tropiece con factores extraños. La visibilidad del nuevo estadista estará también en su capacidad de prever lo que ocurrirá en su propio terruño, basado en los datos locales y no en lo que sucede en el mundo en general.



La Multiplicidad, por su parte, enseña que los lugares y maneras para entrar al futuro pueden ser muchos y la multiplicidad de los relatos para hacerlo: infinitos. Por lo tanto, las verdades nunca han sido más relativas. Todo es un gran red, una multiplicación de los posibles. ¿Qué es uno sino una combinatoria de experiencias, informaciones, imaginaciones?, se pregunta Calvino. Pretensiones, se podría agregar. No se puede aferrar el estadista a un discurso único, a una propuesta irreductible. Si así fuera, podrá topar mañana con un dead end en pleno laberinto y no tendrá tiempo ni herramientas para buscar otra salida.



Por último, está aquella de la Consistencia sobre la que aparentemente Calvino no escribió o no fue encontrada. Esta característica, que encuadrará todas las anteriores en un sentido, es la más difícil. Y, qué duda cabe, es el gran problema de hoy entre nosotros.



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