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¿Y después del espanto, qué?

por 17 septiembre, 2001

Un golpe de tal envergadura a los símbolos económico y militar de esta nación, al corazón mismo de su poder en el mundo, no sería más que una reacción a la hegemonía y ejercicio de poder de este país respecto al resto de las naciones más débiles, que muchas veces han quedado impotentes ante el poderío norteamericano.

Este martes 11 el mundo quedó atónito con un acto desde todas perspectivas cuestionable. El terrorismo, sea cual sea su objetivo, es condenable en la medida que causa el sufrimiento humano que hemos podido observar en las personas que han vivido en forma directa este ataque.



Por ello no es legitimable bajo ninguna perpectiva cualquier acción terrorista para instalar un discurso y lograr con ello un reconocimiento político o el cambio de condiciones consideradas adversas o injustas.



En estas horas podemos observar diversas reacciones de espanto y estupor ante el ataque a Estados Unidos. Falta aún ver cómo este país reacciona frente a quien consideran autor de la barabarie. Una vez aplicado el acto de castigo y venganza, habría que comenzar a preguntarse ¿Por qué este tipo de ataques a la nacion norteamericana? ¿Objetivamente esas acciones habrían de cambiar el escenario en el mundo?



Nos formulamos estas preguntas a partir de varias constataciones que surgen de los hechos. La primera es que estos ataques de alguna manera marcan el fin de una especie de impunidad en la acción política de Estados Unidos.



Un golpe de tal envergadura a los símbolos económico y militar de esta nación, al corazón mismo de su poder en el mundo, no sería más que una reacción a la hegemonía y ejercicio de poder de este país respecto al resto de las naciones más débiles, que muchas veces han quedado impotentes ante el poderío norteamericano.



Al mismo tiempo, una vez más Estados Unidos une tras de sí a la mayor parte de la comunidad internacional para actuar en conjunto en funcion de sus intereses. Vemos discursos de ayuda y lealtad entre los miembros de la OTAN que prometen una accion mancomunada contra un supuesto enemigo en común, nuevamente el mundo árabe. No deja de inquietar la satanización y la actitud de "luchadores contra el mal" que ha asumido el gobierno norteamericano contra los países del Medio Oriente.



Lentamente el debate se ha desplazado hacia el enjuiciamiento hacia el mundo árabe, legitimando con ello la acción de Estados Unidos en el Medio Oriente. Se olvida con esto que la fobia antinorteamericana en esos países es producida por la parcialidad que han mostrado los norteamericanos en los conflictos ocurridos en esa zona. Su acción política siempre ha obedecido a sus propios intereses geopolíticos, y ha respaldado la acción de Israel.



A partir de este comportamiento, no habría análisis más errado y políticas mas errónea que las que se basan en una supuesta reconfiguración del escenario mundial a partir del choque de civilizaciones, como algunos analistas políticos han planteado.



Los poderes que hoy se confrontan no son Occidente contra el Medio Oriente, sino los intereses geopolíticos de Estados Unidos e Israel contra lo que podríamos denominar la legítima defensa de la autodeterminación por parte del mundo árabe.



El mundo entero espera la reacción-castigo-venganza de los Estados Unidos. Una vez que ésta haya ocurrido y los hechos se decanten, sería importante que hechos tan lamentables dejen como lección la necesidad en los norteamericanos de replantearse las lógicas de su política internacional.



Esta es una responsabilidad de la sociedad estadounidense y la comunidad internacional, que en vez de tener actitudes complacientes, serviciales y de solidaridad mal entendida, deberían presionar para que las acciones de la potencia más impotante del mundo estén en función de ciertos valores universales definidos consensualmente, y no en torno a sus intereses coyunturales y particulares.



Los hechos de este martes 11 han mostrado que aún la potencia militar mas poderosa en el mundo puede ser vulnerable. Esto pone en cuestión las enormes cantidades de recursos invertidos para la guerra y la defensa, los que de un momento a otro se muestran inservibles frente a ataques impredecibles e impensables.



A la vez, estos hechos marcan un hito histórico: la primera vez en que Estados Unidos es atacado en su propio territorio. Habituados a hacer la guerra lejos de sus fronteras, sus habitantes por primera vez son puestos en condición de víctimas. Esto los llevará a sentir en forma directa lo que es la violencia y el dolor de la guerra.



Quizá allí se encuentra el punto de origen del estupor y desconcierto en que hoy día se encuentran. En ocasiones el dolor transforma la prepotencia en humilidad, aunque a veces pueda ser sólo retórica.





* Candidato a Doctor en Sociología por la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de Paris



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