Ä„Ay, el estúpido neoliberalismo! - El Mostrador

Martes, 21 de noviembre de 2017 Actualizado a las 00:53

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Ä„Ay, el estúpido neoliberalismo!

por 2 noviembre, 2001

Dentro del lenguaje ideológico de la izquierda rocinante acusar a otro de neoliberal equivale a declararlo off-limits, y por tanto, a desterrarlo del ámbito políticamente aceptable y correcto.

Hace pocos días me encontré en el aeropuerto de Santiago con una amiga y colega a quien no veía desde hace quizá diez años o más. Al despedirnos me dijo con tono afectuoso: "Tanto que te critican". ¿Por qué?, le pregunto yo. "Porque te has puesto tan neoliberal".



Siempre me sorprende la fuerza de esa clase de calificaciones, que reflejan simultáneamente el poder de los estereotipos y la liviandad con que suelen usarse. Peor es cuando dichas etiquetas pretenden tener el valor de una crítica político-intelectual, lo que ocurre con cierta frecuencia en los círculos de la antigua izquierda, donde su uso se asocia, además, a una suerte de (falso) sentimiento de superioridad moral de quien las emplea.



En efecto, dentro del lenguaje ideológico de la izquierda rocinante acusar a otro de neoliberal equivale a declararlo off-limits, y por tanto, a desterrarlo del ámbito políticamente aceptable y correcto. Es una manera de decir: abandonaste el mundo de los valores (puros) y hoy estás más allá de toda salvación, entregado al mercado y al pensamiento economicista, al reduccionismo de derechas y al poder dominante.



Implica, por ende, una descalificación política, un juicio intelectual y una condena moral. Tres cosas al precio de una sola. Y para mayor ganga, sin siquiera el esfuerzo de una (mínima) justificación o razonamiento.



En efecto, ¿a quién se puede llamar honesta y auténticamente neoliberal?



Ante todo, a personas que proponen soluciones privadas y de mercado para todos (o casi todos) los problemas de la sociedad contemporánea, desde cómo mejorar la educación hasta cómo eliminar la pobreza; desde cómo orientar el desarrollo de un país hasta cómo promover la investigación científico-tecnológica.



También se aplica a personas que analizan las sociedades como un conglomerado atomista de agentes individuales que funcionan maximizando sus utilidades en los más diversos ámbitos de la economía, cuya racionalidad los neoliberales estiman se extiende al matrimonio y la familia, al consumo de drogas o a la participación en la cultura, entre otros ámbitos.



En tercer lugar, se utiliza para designar a personas cuya convicción es que las sociedades funcionan mejor por sí solas, en la medida que se permita a sus miembros competir por sus preferencias e interactuar con la mínima intervención de la autoridad y la ley, las cuales deberían emplearse solamente para asegurar el libre tráfico entre los humanos y evitar el daño a terceros.



Neoliberales son, en esta vena, personas que poseen una profunda desconfianza frente al Estado y temen más al poder de los sindicatos y los partidos que a su acumulación en el ámbito de la economía, único donde se acepta la existencia de monopolios "naturales" y de todo tipo de "fusiones" y "beneficios de escala".



Son personas que en general no entienden o subvaloran la importancia decisiva de las instituciones, y que al mirar la sociedad únicamente a través de los anteojos del mercado ven al otro lado sólo un caleidoscopio de ofertas y demandas.



A este último respecto prefieren subsidiar la demanda antes que desarrollar la oferta, lo cual los torna ciegos e insensibles a la forma en que la sociedad puede asegurar una adecuada provisión de bienes públicos. Así, por ejemplo, pensarán que (todos) los problemas educacionales de la sociedad se solucionan de una vez por todas estableciendo un sistema de vouchers, mediante el que cada persona elige donde comprar su educación (Ä„hasta donde alcance su poder adquisitivo, por cierto!)



Ese tipo de extremo simplismo o esquematismo es característico de las soluciones neoliberales a los problemas complejos de la sociedad contemporánea, habiendo en su momento llevado a naufragar lo que fue considerado el desideratum para el desarrollo de los países, esto es, el Consenso de Washington.



Dicho consenso pregonaba las recetas más cándidas de apertura económica, equilibrio macroeconómico y soluciones de mercado bajo el supuesto que, una vez adoptado por los gobiernos, el desarrollo acelerado y abundante vendría por añadidura.



Sólo ahora que esa fórmula mágica ha quedado desacreditada y sepultada, los neoliberales han debido reconocer lo limitado de su visión y hacerse cargo de la necesidad de tener instituciones sólidas, gobiernos eficaces, instrumentos de fomento, redes de seguridad, mecanismos de regulación y control y protección de los consumidores.



Desde el punto de vista de sus tradiciones político-intelectuales, los neoliberales son personas que admiran y citan con frecuencia a Friedman y von Hajek, y sus mejores ejemplos de gobernantes son el ex Presidente estadounidense Ronald Reagan y la ex Primera Ministra británica Margaret Thatcher. En Chile suelen ser seguidores de la columna Semana Económica de El Mercurio y de algunos de sus autores, como Alvaro Bardón y Hermógenes Pérez de Arce.



Me pregunto entonces, ¿qué relación o vínculo tienen con el neoliberalismo personas de la Concertación que suelen ser estigmatizados con esa etiqueta, entre los cuales me cuento? ¿Acaso hay siquiera un solo aspecto de los anteriormente especificados que nos podría concernir, honesta y auténticamente, a personas como Nicolás Eyzaguirre, Edgardo Boeninger, Eugenio Tironi, Ignacio Walker, Mario Marcel, Alejandro Foxley, Jorge Marshall, Eduardo Aninat, Eduardo Bitrán o yo mismo, todas personas respecto de los cuales he escuchado o leído personalmente decir que seríamos "neoliberales"?



Por lo demás, varias de las personas mencionadas han publicado profusamente columnas periodísticas, artículos académicos y libros. Siendo así, ¿ha podido alguien, con seriedad y decentemente, mostrar que allí se contienen y exponen (abierta o solapadamente) argumentos esenciales del neoliberalismo y que dichos escritos se apoyan (y alimentan) en la tradición político-intelectual que corresponde a esa ideología?



Ä„Evidentemente, nadie lo hecho ni podría hacerlo!



Sin embargo, se sigue aplicando a estas personas y a otras a diestra y siniestra —incluso por amigos y personas cultas de la Concertación— la etiqueta de "neoliberales", incluso contra toda lógica y razón.



En ciertos casos puede ser que ello se deba a ignorancia o lisa y llanamente a tontera. Eso no torna excusable el hecho, pero al menos le resta ánimo de ofender.



En otros casos se trata más bien de esa izquierda rocinante, cansada ya de pensar y poco exigente consigo misma, que se abandona a estos fútiles ejercicios mediante los cuales pretende para sí misma esa suerte de (falsa) superioridad moral.



En otras ocasiones, el empleo de la etiqueta corresponde al afán de estigmatizar a los que piensan distinto dentro de la Concertación, quizá como una manera de ahorrarse el esfuerzo de pensar en serio y de argumentar públicamente.



Agradezco a Soledad, amiga y colega, por haber llamado mi atención a este fenómeno de crítica que no merece tal nombre. Y, sobre todo, por no hacerse parte automáticamente de la condena sin antes sentarnos a conversar.





Siga la extensa polémica entre Brunner y Moulian



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