¿En qué pie está la economía chilena? - El Mostrador

Domingo, 19 de noviembre de 2017 Actualizado a las 23:17

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¿En qué pie está la economía chilena?

por 13 noviembre, 2001

La frustración de expectativas que ello implica se hace cada vez más evidente, y tomando en cuenta que todo esto está teniendo lugar en un contexto en el cual la tasa de desempleo se ha mantenido en niveles de dos dígitos, incluso quienes actualmente se encuentran con un trabajo estable están tomando sus decisiones de consumo en un marco de indudable incertidumbre.



En definitiva, lo que se advierte es una debilitada demanda interna, que, sumada a poco auspiciosas perspectivas para la economía internacional (al menos hasta la segunda mitad del próximo año), están llevando a la mayoría de los analistas a proyectar que la expansión de la economía chilena en el año 2002 no será muy distinta de lo que se ha observado en este período que termina.



Pilares básicos de la estabilidad deben reforzarse



Ante una situación económica objetiva que es insatisfactoria, que se explica en gran parte por falencias de orden interno, y avizorándose un período desfavorable para la economía mundial, con el riesgo adicional de eventualmente tener que enfrentar turbulencias financieras como consecuencia de la incómoda situación en que se encuentran otras economías de la región, una regla de mínima prudencia aconseja actuar con cautela, fortaleciendo la estabilidad macroeconómica del país.



En el ámbito de la política fiscal, a pesar de que las cifras definitivas de este período van a mostrar un saldo negativo en las finanzas públicas, proyectándose una situación aún más desfavorable para el año próximo de acuerdo al proyecto de ley de presupuestos en trámite legislativo, las autoridades de gobierno han centrado su argumentación en la defensa del concepto de "superávit estructural" utilizado para estimar el nivel de gasto público.



A pesar de que postular un saldo positivo para este indicador en el equivalente a un 1% del PIB puede parecer conservador, el hecho de que su cálculo se esté realizando sobre la base de supuestos que hoy día no parecen alcanzables (precio del cobre de tendencia de 90 centavos de dólar la libra y crecimiento potencial de la economía de 4,9%) convierten dicho superávit estructural en un mero espejismo, sin ningún asidero en la realidad.



Lo concreto es que las cifras efectivas de desequilibrio fiscal que pueden anticiparse para el año 2002 en virtud de lo anterior muestran que la brecha se va a acrecentar, completándose así un cuarto año consecutivo de desajuste en las finanzas públicas.



Tomando en consideración que uno de los elementos distintivos que ha tenido la economía chilena durante más de una década, y que le han permitido diferenciarse de los otros países emergentes, habiéndole valido un reconocimiento explícito de parte de la comunidad financiera internacional (que en la práctica se traduce en mejores condiciones de endeudamiento), ha sido precisamente haber podido mantener una situación de superávit fiscal, resulta obvio que comenzar a retroceder en este ámbito podría traer consecuencias negativas para Chile, y especialmente en un contexto internacional más turbulento.



En lo concerniente a la política monetaria, no obstante los avances de los últimos años en cuanto a control de la inflación, hay preocupación por los vaivenes que ha mostrado el instituto emisor en el manejo de sus políticas, tanto en lo relativo a tasas de interés como al tipo de cambio.



En la actual coyuntura hay inquietud por la fuerte expansión que exhibe el dinero privado (en torno a 20%), lo cual excede con creces el incremento de la demanda por medios de pago que surge de un contexto en que el valor nominal de la producción en la economía no supera el 7%. Hay un fundado temor de que se esté incubando un germen de desequilibrio, lo cual ya se está haciendo notar a través de un fuerte aumento en el nivel del tipo de cambio de mercado, situación que podría alimentar un proceso inflacionario más agudo en los próximos trimestres.



En un contexto de esta naturaleza surge nítida la conveniencia de aplicar una política monetaria más conservadora, lo cual ameritaría un ajuste hacia arriba en la tasa de interés. De lo contrario, al producirse un exacerbamiento del ritmo de aumento en los precios surgirá una natural inquietud entre los agentes del mercado respecto del verdadero control que el Banco Central tiene sobre el tema, situación que claramente se contradice con la necesidad de consolidar una mayor estabilidad macroeconómica.



Reformas microeconómicas: dejar que los mercados funcionen



Sin desmerecer la importancia que reviste la mantención de un equilibrio macroeconómico global como pilar fundamental de una estrategia que permita a Chile retomar una senda de desarrollo acorde con su potencial, fomentando así la acumulación de capital y la creación de nuevos puestos de trabajo, a estas alturas ya hay bastante evidencia de que ello no es suficiente.



La eficiencia en el uso de los recursos disponibles constituye otro factor de gran relevancia para dicho propósito, y en este sentido un adecuado funcionamiento de los mercados es de vital importancia.



Lamentablemente, las numerosas regulaciones que en forma sucesiva se han ido introduciendo en diversos sectores se han transformado en un obstáculo para el desarrollo de las industrias afectadas, lo cual explica buena parte de la pérdida de dinamismo observada. Ejemplo emblemático de esta tendencia es la reciente reforma introducida en la legislación laboral, que con el propósito de mejorar la situación de una de las partes involucradas ha introducido una serie de rigideces adicionales a las ya vigentes, constituyéndose así en un claro factor de entrabamiento al funcionamiento del mercado del trabajo, que hará aún más difícil la tarea de reducir las tasas de desocupación.



El llamado efectuado por el gremio que agrupa a los industriales a embarcarse en una "revolución microeconómica" constituye una clara muestra del tipo de dificultades que afectan hoy en día a los empresarios, y desde este punto de vista la aceptación del gobierno a participar en una agenda de reformas en este ámbito constituye una buena señal.



Sin embargo, para llegar a buen puerto en este sentido será necesario llegar a un consenso en cuanto a que la llave maestra requerida para recuperar el dinamismo de la economía es la flexibilización de los mercados, eliminando las múltiples regulaciones que entorpecen su funcionamiento, cuidándose de no transformar esta instancia en fuente de introducción de distorsiones adicionales.



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Hernán Cheyre V. es gerente general de Fitch Chile Clasificadora de Riesgo.

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