Ä„Aún tenemos Código Civil, trabajadores! - El Mostrador

Sábado, 16 de diciembre de 2017 Actualizado a las 10:16

Autor Imagen

Ä„Aún tenemos Código Civil, trabajadores!

por 5 diciembre, 2001

Las modificaciones a la legislación laboral apenas entraron en vigencia y ya se pide su derogación por los gremios empresariales, sus lobistas y relacionadores públicos.



Los dardos se dirigen especialmente contra las normas que permitirán al trabajador poder demandar judicialmente por un despido cuando un empleador alegue "necesidades de la empresa".

En todas las argumentaciones que se abonan a favor de la derogación, subyace un viejo debate sobre la esencia, sobre la naturaleza jurídica, del contrato de trabajo.

Se trata concretamente en estimar y entender al contrato de trabajo como un contrato de compraventa.



Así, los dos objetos, de la (sinalagmática) relación laboral, son: el trabajo y el precio.



El pago del precio que efectúa el empleador es precisamente la causa por la cual el trabajador está obligado a entregar "su mercancía": el trabajo. No deja de ser singular el hecho que primero cumple el trabajador y luego paga el empleador, pero en fin, para alivianar, están los "suples", "los adelantos", etc.

Así, una persona está legalmente autorizada a vender su trabajo y otra a comprarlo.



Perfeccionada la relación laboral, uno queda puesto en la obligación de proporcionar el trabajo ofrecido y el otro obligado a pagar el precio pactado. De otro ángulo, en esta relación jurídica perfecta, uno adquiere el derecho a exigir el precio estipulado y otro a exigir el trabajo comprometido.

Asumir una posición tan radical como la descrita lleva y conlleva aceptar la plenitud de sus consecuencias.

Se sostiene, por los partidarios de la derogación, que el empleador tiene perfecto derecho a poner término al contrato de trabajo, sin que se vea sometido a la obligación de dar una justificación, ni ante su contraparte: el trabajador, ni menos, pero ni mucho menos, ante los tribunales de justicia, toda vez que los jueces, como se sabe por toda persona razonable, imparcial y emprendedora, nada saben estos caballeros de micro-economía.



Los jueces de los tribunales del trabajo, en su ignorancia, sólo aumentarán la cesantía.



Ä„He allí la verdadera razón por la que se oponen a la entrada en vigencia de las modificaciones a la ley laboral! Ä„Se trata de proteger a los trabajadores, para que lo sigan siendo y no se incorporen a las estadísticas de los cesantes! Mutatis mutandis nuestros empleadores "dan" empleo, no compran trabajo. El mercado del trabajo desaparece y emergen potentes: las buenas intenciones, el destino del país, la inserción chilena en la globalización y, sobre todo, la ética empresarial: dar trabajo.

Supongamos, por un momento, que el derecho a poner término unilateral a un contrato cualquiera, alegando como causal, un estado de necesidad de una de las partes, fuere la doctrina que inspirara a nuestro Andrés Bello cuando acometiera la tarea de redactar el Código Civil chileno.



Entonces, no importa que se firme una compraventa de una casa o de un mueble, o que se acuerde un préstamo bancario, o se encuentre en plena ejecución un arrendamiento. Para qué, si al final, cualesquiera de las partes podría decirle a la otra: "Mire, he tomado la decisión 'por necesidades personales' de no cumplir con lo pactado".



La verdad es que nuestro sabio Andrés Bello se inclinó por una doctrina completamente contraria a la descrita. (Menos mal, por don Andrés, que los empresarios no hacen marchas por la Alameda, de ser así su estatua-monumento, instalada en el frontis de la casa de Bello, habría conocido del ingenio emprendedor).



Andrés Bello impregnó nuestro Código Civil de la siguiente doctrina: Si una parte no cumple con las obligaciones que emanan de un contrato legalmente celebrado, la otra puede (Ä„que horror!) recurrir a los tribunales de justicia y pedir el cumplimiento forzado de la obligación contraída y, peor aún (Ä„horror de horrores!), exigir que se le indemnice por los daños que le hubiere causado el incumplimiento.

Pareciere que, al final de cuentas, los trabajadores chilenos estarían mejor protegidos por el Código Civil que por la legislación laboral.



En ese entendido, si un empleador le pusiera término a un contrato de trabajo sin causa legal, el Código Civil le permitiría al trabajador: 1) presentar una demanda en los tribunales de justicia; 2) exigir el cumplimiento forzado del contrato de trabajo, y 3) que se le indemnice por lucro cesante, por daño emergente y por daño moral. (y cuando se dice daño moral, Ä„por favor! nada ético involucrado, sólo cuestión de platas).



Marx aseveró que la tecnología conducirá a un mayor distanciamiento del hombre del control de su trabajo, el que deberá venderlo, alienando así lo más propiamente humano que tiene.



No he resistido la tentación de advertir a nuestros empresarios, a sus lobistas y relacionadores públicos que, en asuntos jurídico-doctrinales, las ideologías del Neoliberalismo y del Marxismo se le están mezclando impensadamente.



Siglo XX cambalache, te quedaste corto, Ä„cómo te compite el XXI!



* Guillermo Arenas Escudero es abogado y dirigente del PPD.



____________________




Vea otra columna del autor:



¿PPD de centro-izquierda? (12 de noviembre de 2001)

Compartir Noticia

Más información sobre El Mostrador

Videos

Más Noticias

Blogs y Opinión

Mercados

TV

Cultura + Ciudad

Deportes

Plan Individual

Anual:
$90.000
Semestral:
$40.000
Trimestral:
$20.000
Mensual:
$10.000

Plan Empresa

Anual:
$700.000

hasta 10 usuarios
(valor normal 1.200.000)

Semestral:
$400.000

hasta 10 usuarios
(valor normal 600.000)

Trimestral:
$200.000

hasta 10 usuarios
(valor normal 300.000)

Mensual:
$80.000

Hasta 10 usuarios
(valor normal 100.000)