Perspectivas de financiamiento corporativo - El Mostrador

Viernes, 15 de diciembre de 2017 Actualizado a las 19:08

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Perspectivas de financiamiento corporativo

por 13 diciembre, 2001

Las elevadas tasas de interés que prevalecieron en los períodos anteriores virtualmente habían paralizado la opción de financiamiento vía bonos, pero luego del giro que el Banco Central le imprimió a la política monetaria la situación cambió en forma radical, al punto de que las tasas de interés domésticas de largo plazo alcanzaron sus niveles mínimos históricos.



A pesar de la modesta expansión experimentada por la economía chilena en el año 2001, especialmente en lo concerniente a la puesta en marcha de nuevos proyectos de inversión, el contexto de menores tasas de interés indujo a las empresas a refinanciar sus pasivos, sustituyendo deuda bancaria de más corto plazo contraída en condiciones más onerosas, por deuda de largo plazo más barata vía emisión de bonos.



Con todo, el hecho de que durante el período en cuestión las colocaciones de bonos corporativos hayan superado los US$1.800 millones constituye un testimonio elocuente de la fuerza con que se dio este fenómeno.



Como contrapartida de lo anterior, el endeudamiento externo de las corporaciones estuvo bastante poco activo, ciertamente influido por el mayor atractivo relativo que significaba un escenario de menores tasas de interés domésticas, pero también afectado por la mayor incertidumbre para las empresas derivada de una tendencia alcista en la paridad cambiaria entre el peso y el dólar, así como por los mayores premios por riesgo que en general la comunidad financiera estaba exigiendo a las inversiones en países emergentes.



Espacio para nuevas emisiones de bonos locales continúa abierto



A pesar de que la mayor parte de las empresas que tradicionalmente utilizan esta fuente de financiamiento ya recurrieron a esta instancia durante el año 2001 para reprogramar sus pasivos, hay todavía numerosos prospectos en marcha, lo cual permite estimar emisiones adicionales de bonos por un monto aproximado a US$600 millones en el lapso enero-abril 2002.



Sin perjuicio de ello, cabe señalar que mientras persistan condiciones favorables en materia de tasas de interés para acceder a financiamiento de largo plazo el flujo de emisiones va a continuar manifestándose, si bien a un ritmo bastante más reducido, y probablemente asociado a casos en que se esté buscando financiamiento para nuevos proyectos de inversión.



En consecuencia, la fuerza con que continúe manifestándose este fenómeno va a estar en directa relación con la evolución que exhiba la economía chilena el próximo año. No anticipándose cambios significativos en comparación con lo acontecido en el año que termina, las emisiones de bonos corporativos se anticipan en un monto bastante más reducido en el segundo trimestre, pudiendo recuperarse levemente en la última fracción del año, dependiendo de si la economía muestra signos de recuperación.



Efectos de comercio se perfilan como una opción atractiva en el mercado local



Al margen de los factores que van a actuar como condicionantes del ritmo que tomarán las emisiones de bonos de largo plazo, la actual coyuntura se presenta favorable para dar impulso a los efectos de comercio como fuente de financiamiento corporativo.



Estos instrumentos, de amplia utilización en otros mercados, no son otra cosa que bonos de corto plazo (vencimiento a menos de un año), comúnmente empleados para financiar capital de trabajo de las empresas. En definitiva, lo que las sociedades inscriben es un programa de emisiones, la cual va siendo utilizada conforme sean los requerimientos de financiamiento.



En Chile, esta opción ha estado abierta desde hace bastante tiempo, pero no era atractiva, ya que la forma en que se le aplicaba el impuesto de timbres y estampillas la dejaban en una situación desventajosa en comparación con los créditos bancarios tradicionales.



Sin embargo, en el contexto de las reformas al mercado de capitales promulgadas en el transcurso de este año dicha distorsión fue corregida, la cual, complementada por otras disposiciones que buscan crear mercado para los títulos de deuda en general, y para esta modalidad de financiamiento en particular, convierte a los efectos de comercio en una interesante alternativa, que obviamente va a ser evaluada por las sociedades que requieran financiar capital de trabajo.



Probablemente en un comienzo van a ser las corporaciones tradicionales las que explorarán esta opción, pero una vez que el mercado se familiarice con el instrumento en forma natural se va a generar un espacio para que empresas de menor tamaño recurran a esta alternativa de financiamiento.



Por cierto, los clasificadores de riesgo están llamados a desempeñar un importante rol en la apertura de este mercado, actuando como nexo entre los emisores y los inversionistas institucionales interesados en acceder a un nuevo tipo de instrumento que les signifique una rentabilidad atractiva, acotando el nivel de riesgo en que se incurre.



Financiamiento internacional podría verse favorecido



La delicada situación en que se encuentran las principales economías industrializadas inevitablemente va a tener como efecto lateral un impacto negativo en la mayoría de las economías emergentes, y en este contexto hay temor por la actitud que puedan tomar los inversionistas hacia estas zonas.



En el caso particular de América Latina la situación se percibe especialmente difícil, en atención a la compleja coyuntura por la que atraviesa Argentina, lo cual podría generar actitudes de la comunidad financiera internacional que afecten negativamente a otras economías de la región.



En realidad, la posición a la que ha llegado nuestro vecino país no es hoy día motivo de sorpresa, por cuanto se trata de una situación que se fue decantando en forma paulatina, de manera que los mercados desde hace bastante tiempo ya tienen internalizado el impacto de este problema. Sin embargo, a pesar de lo anterior, es altamente probable que como consecuencia de este default argentino aumente la percepción de riesgo relativo de las economías emergentes en general, y de esta región en particular.



No obstante este cuadro global adverso, el hecho de que Chile, junto a México, sean percibidos como los dos países con menor riesgo relativo en América Latina, podría mejorar la posición individual de ambos como receptores de recursos, atendido el hecho de que la diversificación internacional y regional continúa ocupando un lugar importante entre los factores de decisión que consideran los administradores de carteras de inversión internacionales.



El hecho de que el riesgo soberano de la deuda chilena se haya mantenido en niveles favorables, en un contexto de menores tasas de interés internacionales, ciertamente hace potencialmente atractivo para las corporaciones chilenas evaluar la opción de recurrir a financiamiento internacional.



Sin embargo, es interesante constatar que el diferencial de tasas que se está exigiendo a las empresas chilenas en el exterior respecto de la deuda soberana ha aumentado en el último tiempo, incluso ajustando por la clasificación de riesgo asignada, lo cual estaría reflejando una percepción de riesgo relativo más elevado para las corporaciones, situación que debería ser corregida.



Opción de convertir esta crisis en oportunidad de revitalización



A pesar del desmejoramiento relativo que ha experimentado Chile en diversas materias en el transcurso de la última década, y que significaron alejarlo del círculo de las naciones preferidas por la comunidad financiera internacional como destinataria de capitales, hoy día el país se encuentra nuevamente enfrentado a una situación que, bien aprovechada, permitiría convertir una coyuntura crítica en una oportunidad de revitalización.



En definitiva, a Chile van a llegar capitales nuevamente en la medida que se perciba que el país es estable en materia de financiamiento externo, y que como plaza de inversión sea considerada una opción atractiva.



Para lo primero va a ser fundamental mostrar una tendencia sostenible en las cuentas externas (déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos), lo cual pasa por tener un sector exportador sólido. Por cierto, todas aquellas medidas pendientes de aplicarse en los más diversos ámbitos, que son fundamentales para mejorar la competitividad del país, deberían ocupar un lugar prioritario en la agenda del gobierno.



A efectos de mejorar el atractivo de Chile como plaza de inversión, los avances ya contenidos en la reforma al mercado promulgada en el transcurso de este año deberían ser complementados por una desregulación de distintas materias aún pendientes, y por una revisión de la estructura tributaria.



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Hernán Cheyre V. es gerente general de Fitch Chile Clasificadora de Riesgo.

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