¿Por qué los perdedores celebran? - El Mostrador

Sábado, 16 de diciembre de 2017 Actualizado a las 12:05

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¿Por qué los perdedores celebran?

por 20 diciembre, 2001

Los perdedores celebran y los ganadores callamos, o nos medimos excesivamente en expresar nuestra satisfacción.



El resultado de las elecciones del domingo constituye uno de los triunfos más importantes de la Concertación en toda su historia, por las circunstancias internas y externas en que se ha dado. Sin embargo, la derecha, que en términos de electores ve reducida su base en comparación con las presidenciales y que claramente no alcanzó el objetivo político fundamental que se había planteado ("un Parlamento para Lavín"), proyecta comunicacionalmente una imagen de triunfo, con champaña, abrazos, pasarelas, parafernalia y declaraciones triunfalistas, como si hubieran ganado.



La paradoja está servida.



Como en el mundo hipercomunicado de hoy las imágenes mandan más que las palabras, basta con haber visto el noticiario central de anoche en TVN, que abrió con la lluvia de champaña y el desfile de "modelos" políticos de la UDI y siguió con amplias declaraciones de sus "ganadores" -dedicándole, dicho sea de paso, larguísimos minutos de la sección política-.



Una cosa es la moderación de estadista del Presidente de la República para ponderar el triunfo de la Concertación y situarse por sobre la contienda. Desde su lugar de Presidente de todos los chilenos, abarca a quienes quieren trabajar realmente por el bien del país, sin dejar de destacar el alto significado del respaldo recibido por el Gobierno.



Pero otra cosa es nuestra actitud como partidos políticos, como coalición, como militantes de la fuerza ganadora, que sin abandonar una postura ecuánime y responsable, deberíamos proyectar en hechos, palabras y especialmente en imágenes -primero por respeto y reconocimiento hacia la ciudadanía que nos ha vuelto a respaldar, y en general a todo el país- que seguimos siendo, a pesar de las circunstancias adversas, de los errores que hemos cometido, de la gigantesca asimetría de recursos, de la neodemagogia y el neopopulismo de derecha, la expresión de la mayoría del país que se identifica con el crecimiento con equidad, con la igualdad de oportunidades, con la solidaridad, con los avances reales con que hemos logrado recuperar un país que nos fue entregado hace doce años por los suelos en materia social, de infraestructura, de educación, de empleo, de inflación, de salarios y de derechos políticos.



Esta paradoja es la máxima expresión de dos cosas: primero, es la impudicia como constante comunicacional, en virtud de la cual -con honrosas excepciones- la inmensa mayoría de los candidatos y dirigentes opositores se han dedicado sistemáticamente a desconocer -antes, durante y después de la campaña- frente a las cámaras y micrófonos, cualquier avance experimentado por el país gracias a la gestión de nuestros gobiernos y generar al mismo tiempo la idea de estancamiento, de "hundimiento en el pantano" (como dice majaderamente un máximo dirigente opositor), de ineficacia e inoperancia, tapando las múltiples y efectivas realizaciones de la Concertación. Esta misma impudicia que torna malo lo bueno, e inexistente lo existente, es la que sustenta el birlibirloque de mostrarse como ganadores cuando se ha perdido.



La segunda, es de nuestra propia responsabilidad: haber cedido progresivamente el espacio comunicacional a la oposición, comunicando mal lo que hacemos bien, y comunicando muy bien (con el gentil auspicio de la derecha) lo que hacemos mal. En concreto, no hemos visto -también salvando las excepciones- a nuestros candidatos defendiendo a brazo partido, como debiera ser, la obra de este y los anteriores gobiernos de la Concertación, ni, ahora, destacando suficientemente, con un discurso homogéneo, el triunfo alcanzado.



Tampoco hemos visto adecuadamente comunicado nuestro ideario, lo que nos identifica y diferencia de la derecha, nuestros postulados de principios, nuestra ideología (palabra a la que ahora le tememos) que son el sustento y la razón por la que tantos ciudadanos siguen votando todavía, a pesar de todo, a nuestros partidos, pero que son desconocidas para millones de chilenos que se han incorporado a la vida cívica en pleno repliegue doctrinario e ideológico de nuestras colectividades.



Adoptar el discurso facilón de repetir las mismas frases de nuestros opositores, quedar embargados por esas reiteraciones y mimetizarnos en el mismo repertorio de consignas de la derecha, creyendo que con ello sí estaremos más cerca de los problemas de la gente, no es el camino. Nuestras propuestas deben ser -aunque sea más dificil- integrales, pedagógicas y trascendentes, y no por ello serán menos aterrizadas.



Quienes nos votaron necesitan ver y sentir que su voto pesa, que sirve a la causa y es reconocido y destacado a todos los niveles. Incluso en el caso de los electores de mi partido, la DC, aun cuando haya sido muy afectada. Es decir, necesitan compartir una sensación de triunfo, de logro de una meta compartida, que no les estamos comunicando. Y quienes no nos votaron por desencanto, por animadversión o por desconocimiento, deben percibir, también, que la Concertación es una fuerza, que hemos sido eficientes a pesar de todo, que tenemos respaldo mayoritario, que somos optimistas, que seguimos vigentes y tenemos proyección, discurso y propuestas. Y muchas realizaciones que mostrar, por las que nos sentimos orgullosos.



Hemos vuelto a ganar. ¿Por qué no decirlo a voz en cuello?



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